Entradas

En Busca de la identidad perdida

Imagen
William Kemmler era blanco. No era un negro más al que el Estado mandaba matar para cumplir con la tan anhelada pena de muerte que planteaba el pueblo ante sus miedos a la creciente inseguridad. El estado estaba unido a otros estados. El país era Estados Unidos. La primera vez que se aplicaba la silla eléctrica en la historia. El artículo 41 de nuestro Código Penal describe: “A los efectos del artículo anterior, se tendrá en cuenta: 1º. La naturaleza de la acción y de los medios empleados para ejecutarla y la extensión del daño y del peligro causados; 2º. La edad, la educación, las costumbres y la conducta precedente del sujeto, la calidad de los motivos que lo determinaron a delinquir, especialmente la miseria o la dificultad de ganarse el sustento propio necesario y el de los suyos, la participación que haya tomado en el hecho, las reincidencias en que hubiera incurrido y los demás antecedentes y condiciones personales, así como los vínculos personales, la calidad de las persona...

“La Patria es el otro”

Imagen
Esta es la historia de unos típicos asesinos a sueldo contra los que no lo son. Un jefe conservador, próximo a salvar la “Patria”. Esa “patria” que denota un fascismo dormido en sus entrañas. Esta acompañado por una multitud que lo va a votar, a la espera de un sinfín de promesas que no va a cumplir. Pero ya tiene intacto el cassette de lo que va a decir cuando le reclamen por lo que prometió. Va a pedir “Perdón”. Capusotto se va a reír de él en uno de sus personajes que cómicamente llamó “Juan Domingo Perdón”. Su slogan de campaña será “no hace nada pero pide perdón”. Y la gente se come su discurso como una galletita con dulce de leche desayunando a la mañana. Si es que pueden comprar dulce de leche cuando entre en funciones su “salvador”. La gente lo vota igual porque viene con aires de cambios. Porque no es soberbio. Y es simpáticamente de ojos claros. Y no porta un apellido español, de los comunes. Aunque esta historia se va a abrir de la realidad y va a tomar un relato fic...

Historia de un matrimonio corto

Imagen
Un cuchillo en la cocina. El cajón abierto mostraba todos los cubiertos que habían sido obsequio en el festejo de su matrimonio. Ya había pasado un año y se había perdido el deseo entre maltratos y faltas de respeto ante la más mínima reacción del otro. El cuchillo de la cocina ya no tenía el mango blanco. El piso que tanto insistía en mantenerse limpio estaba todo sucio. Volcado de vino tinto. Pelusas del perro que tanto insistía en atravesar la puerta para ser aceptado y al que no le daban bolilla. Las puertas de la casa guardaban el secreto, entreabiertas. Furiosamente golpeadas, rotas. Las ventanas se asemejaban a un muro, aunque subsistían abiertas a falta de aire, oxígeno para respirar. Que era lo que pedía a gritos ese matrimonio montado como un espectáculo de aquadance de Tinelli, al que miraban y admiraban cada noche. Ella el baile, él los culos furibundos que se bamboleaban al compás de un reggaetón. Se había perdido el deseo. La tele estaba prendida. Pero no estaba...

Las Muertes Permitidas

Imagen
Iba en un contingente que lo acompañaba y se quedó sólo. Como en un bosque plagado de insectos y alimañas. Estaba en desacuerdo con el resto a último momento lo abandonaba. Tods decían “vamos por acá, nos conviene”. Y el acompañaba hasta que se cansó de obedecer. No tenía la convicción de hacerlo. Quería estarlo al 100 % pero su naturaleza individualista le impedía seguir los consejos del colectivo que en un principio decidió acompañarlo. Y la inseguridad y el titubeo terminó matando al gato. Como la curiosidad de ver qué se sentía tener el sillón presidencial bajo su traste. El mismo que usó Rivadavia. No hace falta decir a quién me refiero con la metáfora del gato. Los pobres se encargaron de hacerlo. Esa gente que incrementó considerablemente en número. Decirle “gato” a un tipo que los dejó en la más absoluta miseria se traduce como una caricia al lado de la reacción que deberían haber tenido. La represión policial se encargó del resto. Sin embargo, el felino estaba convenc...

El Alquimista

Imagen
Ayer estuve ahí. Vi la plaza colmada de gente esperanzada. Al menos para lo que es esta ciudad, entre gorila y con ánimo de progresar, también. O al menos cansada de las anomalías de un gobierno anterior que castigó en forma agresiva al trabajador. Ellos no lo llaman “trabajador”. Para ellos son todos vagos. Pero la idea es cerrar la grieta entre ellos y nosotros. Los que estamos de un lado y del otro. La idea es, justamente, lo que propone un Alberto Fernández que ha venido a conciliar opuestos y un Eduardo De Pedro que se merece el más preciado lugar en ese rol conciliador que jugó desde un principio. Que no jugó a confrontar, con toda la historia que tiene encima. Debería odiarlos. Pero no. El tipo es un “alquimista” como dijo una persona muy cercana a quien esto escribe. Y él, agradecido con esas palabras, fuera de todo el show mediático-político de besos y abrazos de algunos oportunistas que van a pedirle “algo”. Ahora, que ganó. Y es nada más ni nada menos que mano derecha d...