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Mostrando las entradas de agosto 11, 2013

Vientos de cambio (ficciones reales)

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Hace un tiempo breve que escribo en un semanario. Estoy gestando una férrea experiencia periodística que tiene que ver más con la realidad. La ficción la abordo por momentos en los escasos momentos de lectura que me embarga en mi vida multifacética. Me da placer hacer muchas cosas. Dicen que el que mucho abarca poco aprieta. Yo creo que el ser humano tiene el potencial de ser completo. Un hombre completo. Lo que pasa que para ello tiene que esforzarse mucho. Y renunciar algunas comodidades. Quizás no renunciar. Pero sí amainar. Y no está dispuesto a hacerlo en pos de su completitud como hombre. A eso lo llama idealismo. Decía que me estoy empapando más de la realidad y este blog quizás juega mucho con lo ficcional. Rodolfo Walsh, mucho antes que Truman Capote, a quien se le atribuye, inventó el género de la novela de no ficción. Non fiction para los yanquis. De un hecho real, le daba el formato de novela. Y quedaba un documento real (La masacre de José León Suárez) como novela d

4 - Huguito, dedicado a Pepe

kritikas

pepe

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¡Ay pendejo, como lloramos tu partida!¿ Como vas a hacer eso? Es la cagada más grande que te mandaste en tu vida. Mirá que te mandaste cagadas pero esta superó a todas. La cagada más grande es dejarnos sin tu sonrisa, loco. La locura que te embargaba era digna de un vasco, como tu hermano. Locos con gran corazón. Ese otro loco que se cagó a trompadas con la cana para salvarte el pellejo, ese otro loco que me trajo un conejo de regalo cuando me habías matado el mío de una patada.   ¿Te acordás que cada vez que te veía te decía “vos me debes un conejo, guacho inmundo de porquería” y vos estallabas de la risa, me dabas un abrazo y me pedías perdón? No había nada que perdonarte, hermano. Eras un borrego hincha pelotas desde esa edad. De chiquito nomás ya el gran vasco siguiéndote los pasos y tapando todas las cagadas que hacías. Que guacho hermoso. Eras bardero, pero tenías un corazón que se te salía del pecho. Me acuerdo de esos viajes en tren, cuando volvíamos de Capital