martes, 24 de abril de 2018

La Crisis que nos parió


Henos por fin aquí, en el ínfimo rincón de una habitación tratando de esbozar algunas de las cosas que andan volando mi cabeza, corazón, espíritu, calor de un día de otoño de abril, el mes que nací, el día que vine al mundo de la mano de la enfermera, mi propia abuela, madre de mi viejo, que hizo el parto y tuve la suerte de construir ese día, tan lejos de mí, como aquel abrazo materno que me acunó en su pecho, tan lleno de vida, tan lleno de luz que me encandiló. No veía nada, pero por las dudas focalicé su sonrisa cansada, puerperal.
Allí sentí que yo también tenía que sonreír. Y lo hice hasta el día de hoy, con algunos llantos de entre medio. Llantos de risa, risas de llantos acumulados sin verter el agua de mis pupilas sobre ese pecho materno que me acunó un día.
Símil a esto debe ser la muerte. Tan contraria y tan igual. Nacer en otro lado. Salirse del cuerpo tibio, cada vez más frío, hasta congelarse. Y el espíritu que sale como una saeta de humo que se va elevando hacia arriba, hasta no ver más la locura de los que quedan llorando, estaqueados frente a tanto dolor. Y uno que lo mira de arriba, como en las películas, cada vez más chiquitos.
Se me ocurre que a medida que nos elevamos vamos viendo a todos y nos sorprendemos acerca de la gente que hay. Gente que creíamos perdida, que creíamos enojada, que creíamos distanciada, ese día está ahí, firme como una estatua, valorándonos, tarde, pero inseguros.
Ese día vemos asomar miles de lágrimas con quienes no fuimos lo que ellos esperaban de nosotros. Porque fuimos nosotros mismos, y nos la jugamos por eso. Aún a costa de perder lo más amado. Pero fuimos fieles a nosotros mismos y nuestras convicciones. A lo que creímos que era lo mejor, aun equivocándonos. No hay nada mejor que los errores propios. Los ajenos se duplican. Porque primero el error fue en hacer lo que nos dicen que tenemos que hacer. Y después, ejecutarlo definitivamente, o no. Craso error pensar que fue un error del otro que quiso nuestro bien y pensó que con eso que nos decía que hagamos, nos hacía un bien. Por eso, mejor los consejos que se pueden tomar o dejar sin que el otro se vea ofendido por nuestras decisiones, que son nuestras y eso es lo más lindo. No hay peor cosa que sentirte atado a tomar una decisión. “Cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada”, canta Charly. Y creo que es lo mejor, para resguardarse, para preservarse.
¿Es un egoísmo? Puede ser. Pero no hay peor egoísmo que el que se tiene con uno mismo. Eso se traduce en actuar por y para los demás, desdibujándose uno. Esto no pretende ser una apología del individualismo, porque la solidaridad entre los seres humanos es la fusión más maravillosa que puede existir sobre la faz de la Tierra. Ser solidario no puede dañar nunca; lo que daña es el olvido de uno mismo y su consecuente perjuicio.
Sin ir más lejos, el perjuicio se vuelve un boomerang, cuando te la pasaste dando, y nada de lo que das, se transforma en reciprocidad. Cuando te quedaste solo, a pesar de haber dado tu corazón entero, pateado por los leones custodios de la especulación, de la cuestión de la frialdad de emociones, víctima de la falta de lazos afectivos y de abrazos sanadores que te permitan recomponerte de un dolor, de una ruptura, de un quiebre, de una crisis, a las que hemos sobrevivido inmensa cantidad de veces.
No hace falta decir cuántas, pero cada vez estoy más convencido de que el ser humano se alimenta de las crisis y sus salidas, hasta que una crisis fatal nos mate de por vida. Esa vida que no pidió venir, pero que sin embargo está acá por mera revancha, para dotar a la vida de contenido, de emociones, para dotar cada segundo de la intensidad necesaria para que vaga la pena ser vivida. 

martes, 3 de abril de 2018

LA NECESARIEDAD DEL ARTISTA.-



A menudo los artistas son aquellas personas que expresan lo que la sociedad en su conjunto de antigrupo no puede expresar o no quiere expresar porque no le conviene. Realizar un juego en el cual se imaginan un mundo ficticio, basado en la realidad. O se imaginan una realidad basada en la ficción.
De todos modos, son necesarios. Si, la necesariedad estriba en las dificultades del decir. Por censuras, miedos y otras tantas cuestiones absurdamente importantes que hace que uno calle; no se, pérdida del empleo, de un interés económico, etc.
Los artistas deben decir. De distintas formas. Deben plasmar una metáfora de la realidad o una realidad metafórica tal, en la que se exprese el silencio de los que callan.
Si hay algo que el artista no calla es una serie de episodios atroces que frecuentemente azotan la tierra en la que todos vivimos y con la cual , quien es visto como un loco, se ve destinado a mostrar.
Quien no cumple con el mandato de artista es el mero operario del engranaje en el que se ve inmerso y esta dispuesto a obedecer, al no ver problema real alguno que implique una transformación desde el arte mismo. Su obra es de una funcionalidad tal que desconoce una realidad y colabora con su obsecuente reproducción.
Son meros señores que se dedican a cantar odas a la alegría y a la felicidad, que pintan un mundo  tan perfecto que asusta.
Sin perjuicio de esta clase de pseudoartistas ( o con perjuicio, porque la bondad que emana de ellos resulta nociva), la conditio sine quanon de la ontología del artista es esa manera de expresar, que sólo asisten a los creadores en su más profunda angustia, desolación, esa daga inundada en el pecho que para sacarla requiere de un esfuerzo catártico desde la inmovilidad aterradora que provocan los sucesos de la realidad que ametrallan como falshes en medio de la alfombra roja de la entrega de los oscares.
Ellos van más allá de la fría y tan irracional razón. Tan lejos de los trámites burocráticos y atisbo de traición  oficinesca, en busca de un ascenso. Van más allá. Mucho más lejos. Superan con creces toda imbecilidad disfrazada de coherencia. Crean, inventan un camino. Eso es lo que hace un artista. Inventar un camino. Mirar las cosas de otra manera. Crear otro tipo de fusión. Reflexionar de lo que no se quiere hablar.
Quien quiere oir que oiga y no hay mas ciego que el que no quiere ver son frases candentes en la mente de un artista. Nos devuelven la vista, como aquel Cristo que curó la vista del ciego de los que pedían ver. El Cristo médico y artista que repartía panes y peces entre los pobres. El Cristo médico, artista y …bueno, pienselo. Como pésimo artista, prefiero callar para no herir susceptibilidades religiosas.
Artistas. Racionalidad. Razón artística. Artista razonable. Nada más lejos que esa estupidez. Nada más lejos para el artista que parecer razonable. Que es un mero instrumento. Como la técnica. Quien espera la racionalidad del artista está más loco que la locura misma del artista.
El artista no es razonable. Transige lo intransigible. Penetra lo impenetrable. Atraviesa, molesta, incomoda lo estático porque mueve, transforma, conmueve. Eso lo hace único y esencialmente artista.-  

sábado, 10 de marzo de 2018

En busca de la Fe Perdida




Acerca de la subjetividad del maniqueísmo sobre lo qué es lo bueno y qué es lo malo en una situación x para determinada persona o para determinada otra, en una situación o circunstancia x, creo que se ha dicho demasiado.
Sin embargo, aún subsisten algunos resabios feudales en el poder que insisten en imponer una visión moralina acerca del proceder del conjunto de la sociedad, dictaminando acerca de la bondad o maldad de determinada acción a juzgar, sin que se asome ni un ápice, la igualdad de contextos económicos, políticos y sociales en el que juzgador y juzgado nacieron, crecieron, se desarrollaron y murieron, a veces, en vida biológica.
¿Qué es la fe? Hoy en día, con el avance subrepticio de la tecnología, cada vez que nos preguntamos acerca de algo, acudimos directamente al dispositivo móvil que empezó siendo un aparato inalámbrico (sin cable) para hablar por teléfono y terminó siendo una mini computadora a través de la cual, si nos desconectamos por cualquier motivo, parece que nos desconectaran del respirador artificial, porque morimos virtualmente, y quedamos fuera de todo círculo social, desconectados, y con mucho miedo a la soledad, provocada por ese mismo aparato al que no podemos dejarnos de conectar ni un minuto, ni un segundo.
Sin embargo, no todo es infernal. También existe el paraíso cuando a través del mismo dispositivo móvil podemos acudir a la inmensa telaraña mundial llamada “la interné” por los viejos, pobrecitos, tan afuera y tan adentro de sistema, por medio de la cual accedemos a las fuentes de conocimientos de todo tipo: economía, política, sociedad, cultura, deportes y lo que uno quiera, mientras tenga este dispositivo, muy caro por cierto, para determinada clase social, lo cual, ya configura una perversión más del sistema económico capitalista de libre mercado, con o sin la intervención del estado, sostenido por un régimen democrático, que se refleja sólo en las fechas electorales.
Pero no nos vayamos de tema. ¿Qué es la fe? La inmensa telaraña mundial nos ofrece una definición en castellano, en el sitio de internet que se llama Google, uno de los buscadores más buscados por la cibernética, donde podemos encontrar de todo, con sólo poner una palabra cualquiera. Google te ofrece todo, imágenes, videos, mapas, noticias, más (libros y finanzas), preferencias (configuración de búsquedas, idiomas y lenguajes, la activación o no de los filtros de búsqueda, o que se muestren todos los resultados de la misma, búsqueda avanzada, historia y ayuda) y las herramientas a través de las cuales podes especificar la búsqueda en cuanto a país, idiomas, fechas, palabras.
Pero no nos vayamos de tema. ¿Qué es la fe, después de todo? Luego de analizar este célebre sitio de búsqueda que algún inventor llamó “Google”, que por otra parte, te ofrece “buscar en google” o una tecla en el monitor que se llama “Me siento con suerte”, a través de la cual podes acceder a los “doodles”, cuya denominación te la da el mismo sitio, con su pertinente significado de alta egolatría y exaltación de yoísmo de la empresa principal estadounidense subsidiaria de otra multinacional estadounidense Alphabet Inc., cuya especialización son los productos y servicios relacionados con internet, software, dispositivos electrónicos y otras tecnologías. También se relaciona con empresas que cultivan la biotecnología, la salud, las telecomunicaciones y la domótica (sistemas capaces de automatizar una vivienda o edificación de cualquier tipo, aportando servicios de gestión energética, seguridad, bienestar y comunicación, que pueden estar integrados por medio de redes interiores y exteriores de comunicación, cableadas o inalámbricas y cuyo control goza de cierta ubicuidad, desde dentro y fuera del hogar. “Domótica” es un término que proviene de la conjunción de dos palabras: “Domus”, que significa “casa” en latín, y  autónomo (que se gobierna a sí mismo) ;etimológicamente, significa “Casa que se gobierna sola”.
Pero no nos vayamos de tema. Hablábamos de la fe. ¿Qué es la fe? ¿La fe? No sé, pero la acabo de perder.

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