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Final relajado en el Parador

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Nueve horas seguidas de sueño. De dormir con sueño. Relajado ya, fuimos a desayunar y a una charla para saber cómo surgió el Parador. La guía nos indicaba cómo surgió ese paisaje y esas antiguas construcciones por intermedio de un mural. Los primeros pobladores: los comechingones. Hasta la llegada del “hombre blanco”, como llamaban a los colonizadores y  jesuitas. Y la historia que todos conocemos y que tantas veces fue ocultada y negada por los vencedores. Azotes. Masacres. De ellos quedaron las figuras en el museo. Que por las noches hacen retumbar las paredes con sonidos guturales de corte de garganta. En 1930 llega Natalio Botana. Un periodista argentino fundador del diario Crítica. Llega en auto lleno de glamour. Y funda un hotel de juegos y juergas. Un casino a medio terminar. Posteriormente a eso, llegan los monjes salesianos. Y construyen precarias casitas, que hoy ofician de hospedaje a huéspedes como nosotros. Construyeron un dique para beber el agua del río, cristal...

Contradiciendo a Freud

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 Baño y a la cucha. Esa era lo que pensaba cuando llegue al Parador. Pero sin embargo, no había nadie en la recepción que reciba a unos ojos cansados, nerviosos y pasados de rosca. Entro al comedor. Pensé que habían matado a todos y esa era la tranquilidad posdesastre. Imaginaba encontrarme paredes manchadas de sangre y cuando vuelvo a la realidad estaba mirando las mesas muy bien presentadas. Camino un poco más y ya se olfateaba un sabor a comida. Hasta que aparece el pibe de la recepción. -¿Cómo te va? Sí. Enseguida voy.-me dice sabiendo que había estado en falta al no estar presente al momento que yo llegaba con otro enchufe, con otra revuelta de ideas en la sabiola, con la adrenalina del viajero que se acerca a una posada. Sin embargo, el lugar era extremadamente calmo. Y mis piernas contrastaban otro ritmo. Muerto de cansancio. De un cansancio aún enchufado a 220. Me toma los datos. Me da una llave. Que yo miraba como si nunca hubiera visto una llave. Respiré un suspiro...

Curvas, elevaciones, llegada

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-¿Estás acá al lado?-me pregunta. Agrega: -Es el taller de mi hermano. Esta es la calle Alem 23. Ahí respiré y le mandé un mensaje a mi familia cosa que sepa dónde iba a morir por lo menos. Al rato, vuelve el tipo con la manguera en la mano. Que no se mal entienda. Todavía hablamos del auto. -Esta va a funcionar-dice La coloca y respiramos un poco más fluido todos. Estábamos un poco más contentos. No nos teníamos que quedar ahí, de ninguna manera. Y bueno, la cambió y la purgó. Yo las únicas purgas que conocía eran las que había hecho Stalin en la Rusia Soviética. Lo prueba y la temperatura ya no subía tanto. Pensé: “me va a aniquilar con el precio”. Deslizo un tímido: -¿Cuánto es?-me atajo. -250 pesos. ¿Te parece bien?-me pregunta -Seeeeeeeee-dije alivianado, ya que había pensado en un 500. Fui tan amable que le dejé 300 y un fuerte apretón de manos que dejaba entrever a las claras el alivio que sentí de que no me había salido tan caro al fin y al cabo el incidente. El tipo m...

Los tipos del auto

Traté de pensar que el tipo me inspiraba confianza. En ese momento, pensé que tenemos l cabeza podrida de pensamientos nefastos. Quería pensar que todavía había gente honesta y solidaria. Pero desconfiaba de todo. Hasta pensé que me la habían pinchado en la GNC la manguera. Y que estaban todos entongados. Tenía tal persecuta que era flanco fácil de cualquier artimaña o reacción del interlocutor que me abordaba para decirme un hola ¿que tal?, simplemente. Pensaba que en cualquier momento me sacaban el chumbo y me decían “dame todo”. Y la verdad es que todavía hay gente solidaria. El tipo, para aflojarme, me empezó a contar un chiste. Nada menos que un chiste acerca de los porteños. Porque esa es otra. Por más que no vivas en Buenos Aires, vivis en la provincia de Buenos Aires y para el interior sos porteño. El personaje principal del chiste era nada más ni menos que Judas, el supuesto traicionero. “Uno de ustedes me va a traicionar”, dijo. Yo no lo escuche al chiste. Me lo contaba ta...

La escopeta sobre la pared

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El número de grúa del ACA. Llamé al número de la grúa del aca, hirviendo de la calentura. Y nunca me atendieron. Automáticamente, pensé en dar de baja el seguro y  en matar a alguien. Me dije calma. Esto tiene que tener alguna solución. En eso llega ye y me dice que el tipo del autoservicio donde entretenía a la chula le dio un número de mecánico conocido. Para esto había un chico al que se le había roto la palanca de cambio. Y se lo estaba llevando una grúa. Voy y le digo al tipo de la grúa si no me puede venir a buscar. Ya que había cerca una estación de servicio Esso. A 7 km. Me dijo que no porque tenía u viaje más y se volvía para Córdoba capital. En fin, después de esperar una hora, vino el mecánico que dijo que en 15 minutos estaba. Cada minuto en que pasan estas cosas se intensifican cada vez más y el tiempo parece eterno. Así como se intensifica la desesperación. Lo triste que es querer continuar y no poder. Viene el tipo. Con humor cordobés se acerca. Nos dice que t...

Relatos Salvajes

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En un momento me agarró la paranoia por mi hija. Empecé a llamar a la gente que laburaba ahí y les preguntaba si tenía el número de teléfono de algún mecánico. Me dijeron: -¿vos querés que me echen? -No. Me quiero ir simplemente. -Tranquilizate y anda a tomar un refrigerio con tu señora hasta las 4 que abren los negocios-mientras me apoyaba la mano en el hombro consolándome. Yo me lo quería comer crudo. Con la mirada de la desesperación. Seguro que tenía los ojos salidos para afuera como pejerrey recién sacado del agua. Es la típica locura que le agarra a cualquier padre con un hijo, creo yo. De lo contrario, me chuparía todo un huevo y me cagaría de risa de lo acontecido. Más bronca me agarré aún cuando quise llamar al seguro. Ahí confirmé que a seguro lo metieron preso. Más inseguro que seguro, la caja de ahorro y seguro? Muy amablemente me toman los datos hasta que les dije dónde estaba. Córdoba. Es como si les hubiera dicho que estaba en el Congo Belga. En Oncativo, en...

Viaje al Parador de la Montaña

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Qué locura genera reordenar y ordenar las cosas que emanan de algún lugar donde rebalsa de papeles. Te encontras con cada recuerdo que te sorprende. Un cuaderno de anotaciones donde dejaba registrado algunos de los movimientos de las vacaciones en el Parador de la Montaña, en Córdoba. Con los primeros dibujitos de la chula. Los primeros solcitos dibujados. Y algunas anotaciones, como por ejemplo del mail de la Cutu, una guía del parador que iba a buscar a la chula y la llevaba a ordeñar unas vacas. El viaje había arrancado tempranísimo. 4 y 30 ya estaba arriba. Yo que me había prometido dormir bien. No sé por qué pero me ocurre que cuando estoy por realizar un viaje no puedo dormir. 5.45 ya estábamos saliendo. Apenas asomaba el sol. Nos esperaba un largo viaje. No pasamos a cargar gas para no despertar a la criatura que durmió gran parte del viaje. Ruta a Navarro, todo en mal estado. Mucho poso. Íbamos despacio igualmente. Mucho tráfico. Parecía mentira a esa hora de la mañana. Se...