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Curvas, elevaciones, llegada

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-¿Estás acá al lado?-me pregunta. Agrega: -Es el taller de mi hermano. Esta es la calle Alem 23. Ahí respiré y le mandé un mensaje a mi familia cosa que sepa dónde iba a morir por lo menos. Al rato, vuelve el tipo con la manguera en la mano. Que no se mal entienda. Todavía hablamos del auto. -Esta va a funcionar-dice La coloca y respiramos un poco más fluido todos. Estábamos un poco más contentos. No nos teníamos que quedar ahí, de ninguna manera. Y bueno, la cambió y la purgó. Yo las únicas purgas que conocía eran las que había hecho Stalin en la Rusia Soviética. Lo prueba y la temperatura ya no subía tanto. Pensé: “me va a aniquilar con el precio”. Deslizo un tímido: -¿Cuánto es?-me atajo. -250 pesos. ¿Te parece bien?-me pregunta -Seeeeeeeee-dije alivianado, ya que había pensado en un 500. Fui tan amable que le dejé 300 y un fuerte apretón de manos que dejaba entrever a las claras el alivio que sentí de que no me había salido tan caro al fin y al cabo el incidente. El tipo m...

Los tipos del auto

Traté de pensar que el tipo me inspiraba confianza. En ese momento, pensé que tenemos l cabeza podrida de pensamientos nefastos. Quería pensar que todavía había gente honesta y solidaria. Pero desconfiaba de todo. Hasta pensé que me la habían pinchado en la GNC la manguera. Y que estaban todos entongados. Tenía tal persecuta que era flanco fácil de cualquier artimaña o reacción del interlocutor que me abordaba para decirme un hola ¿que tal?, simplemente. Pensaba que en cualquier momento me sacaban el chumbo y me decían “dame todo”. Y la verdad es que todavía hay gente solidaria. El tipo, para aflojarme, me empezó a contar un chiste. Nada menos que un chiste acerca de los porteños. Porque esa es otra. Por más que no vivas en Buenos Aires, vivis en la provincia de Buenos Aires y para el interior sos porteño. El personaje principal del chiste era nada más ni menos que Judas, el supuesto traicionero. “Uno de ustedes me va a traicionar”, dijo. Yo no lo escuche al chiste. Me lo contaba ta...

La escopeta sobre la pared

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El número de grúa del ACA. Llamé al número de la grúa del aca, hirviendo de la calentura. Y nunca me atendieron. Automáticamente, pensé en dar de baja el seguro y  en matar a alguien. Me dije calma. Esto tiene que tener alguna solución. En eso llega ye y me dice que el tipo del autoservicio donde entretenía a la chula le dio un número de mecánico conocido. Para esto había un chico al que se le había roto la palanca de cambio. Y se lo estaba llevando una grúa. Voy y le digo al tipo de la grúa si no me puede venir a buscar. Ya que había cerca una estación de servicio Esso. A 7 km. Me dijo que no porque tenía u viaje más y se volvía para Córdoba capital. En fin, después de esperar una hora, vino el mecánico que dijo que en 15 minutos estaba. Cada minuto en que pasan estas cosas se intensifican cada vez más y el tiempo parece eterno. Así como se intensifica la desesperación. Lo triste que es querer continuar y no poder. Viene el tipo. Con humor cordobés se acerca. Nos dice que t...

Relatos Salvajes

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En un momento me agarró la paranoia por mi hija. Empecé a llamar a la gente que laburaba ahí y les preguntaba si tenía el número de teléfono de algún mecánico. Me dijeron: -¿vos querés que me echen? -No. Me quiero ir simplemente. -Tranquilizate y anda a tomar un refrigerio con tu señora hasta las 4 que abren los negocios-mientras me apoyaba la mano en el hombro consolándome. Yo me lo quería comer crudo. Con la mirada de la desesperación. Seguro que tenía los ojos salidos para afuera como pejerrey recién sacado del agua. Es la típica locura que le agarra a cualquier padre con un hijo, creo yo. De lo contrario, me chuparía todo un huevo y me cagaría de risa de lo acontecido. Más bronca me agarré aún cuando quise llamar al seguro. Ahí confirmé que a seguro lo metieron preso. Más inseguro que seguro, la caja de ahorro y seguro? Muy amablemente me toman los datos hasta que les dije dónde estaba. Córdoba. Es como si les hubiera dicho que estaba en el Congo Belga. En Oncativo, en...

Viaje al Parador de la Montaña

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Qué locura genera reordenar y ordenar las cosas que emanan de algún lugar donde rebalsa de papeles. Te encontras con cada recuerdo que te sorprende. Un cuaderno de anotaciones donde dejaba registrado algunos de los movimientos de las vacaciones en el Parador de la Montaña, en Córdoba. Con los primeros dibujitos de la chula. Los primeros solcitos dibujados. Y algunas anotaciones, como por ejemplo del mail de la Cutu, una guía del parador que iba a buscar a la chula y la llevaba a ordeñar unas vacas. El viaje había arrancado tempranísimo. 4 y 30 ya estaba arriba. Yo que me había prometido dormir bien. No sé por qué pero me ocurre que cuando estoy por realizar un viaje no puedo dormir. 5.45 ya estábamos saliendo. Apenas asomaba el sol. Nos esperaba un largo viaje. No pasamos a cargar gas para no despertar a la criatura que durmió gran parte del viaje. Ruta a Navarro, todo en mal estado. Mucho poso. Íbamos despacio igualmente. Mucho tráfico. Parecía mentira a esa hora de la mañana. Se...

La insostenibilidad del valor

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Una seguidilla de días que se pasan una y otra vez ahí adentro. Días grises, cual institución acéfala de cerebro. Una suerte de simulación de caminar con inercia estando de acuerdo. Con lo imposible de acordar. Menos a valorar. Ese sentimiento que nos empujó a estar ahí contra viento y marea. Con cada vez más viento en la proa. Cuando se habla en serie y no enserio. Una velocidad inusitada y con tanta falta de razonamiento crítico que tapa innumerables construcciones de valores, ya determinados de antemano y sin la más mínima participación en su construcción. Los errores que van de la mano de una velocidad construida para confundir. Y menos que menos para valorar. La formalidad amiga de la antipracticidad y enemiga de la  esencia de las cosas. Gente que señala a otra gente bajo el dedo de la superioridad titulada que ejercen un discurso tan lejano a la realidad. Discursos que retumban como ecos en palabras penduleantes dentro de una burbuja que no se rompe nunca. Señalados que...

Descansar para siempre

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La muerte es un instante definitivo cuyo efecto no se llamaría de por vida. Mas bien habría que decir de por muerte. O sea, mientras estás muerto. Una característica de la lapicera que escupe desordenadamente estas palabras es justamente eso. El caos temático que ocurre en la cabeza de este tipo. Sentado en el bar. Tiene mucho que decir. Su gran error es acumularlo y no decirlo. Piensa en decirlo. Lo que siente, sin prejuicios. Que los demás respeten su caos mental y su ser. Y el que lo mira insatisfecho, problema de él. Porque esa persona seguramente tiene algo que decir y no lo dice tampoco. Todos tenemos un infierno en la cabeza, cantaban. Pero no todos se animan a manifestarlo. La voz de los callados, reza un blog. ¿Quién será el estúpido entonces? ¿El que lo dice o el que queda con la vena y la descarga de otra forma?  Violencia, por no decir. No demostrarnos. No mostrarnos tal cual somos. Ser sinceros con uno mismo.  Por no ser auténticos y mentir acerca de nuestra ve...