sábado, 30 de marzo de 2013

LOS EQUILIBRIOS DEL GENERAL


¿Puede estar el capital al servicio de la cuestión social? , ¿existe la posibilidad de que el capital se adecue a las demandas sociales siendo un mero reclutamiento de riquezas a favor de las clases dominantes oligárquicas?

Perón se preguntó esto. Y respondió que se puede congeniar. Se puede fusionar armónicamente. Tanto el capital como el trabajo. Las necesidades del pueblo con las del mercado. El mercado al servicio del pueblo.

Voy a decir una nimiedad. Perón nació bajo el signo de libra. Libra significa la balanza, el equilibrio. Eso es lo que intentó, un equilibrio entre el capitalismo y el comunismo. La famosa tercera posición. Perón nació en Lobos, Provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1895 y murió el 1° de julio de 1974 en Olivos.  Los astrólogos dicen que los librianos no tienen nada de equilibrados. Es más un deber ser que la esencia misma del ser. Son una paradoja del destino. Pero esto no intenta ser un esbozo astrológico. Para ello está Horangel. Pero fíjense en este párrafo lo que decía acerca de la irrenunciabilidad del destino: “…en nuestro país, compañeros, aspiramos al más profundo equilibrio entre lo político, lo social, lo cultural. Pero, para que ese equilibrio exista, hay que hacer como en la balanza: es necesario poner en cada platillo algo que pese con la misma intensidad que en el otro…”

Creo que Sarmiento hubiera aborrecido a este ser que miraba con cariño a las masas, para Domingo Faustino “imberbes” , como llamó el General a quienes lo vivaban cuando querían que se vayan los gorilas del gobierno popular, los mismos contra los que el General despotricó tocándoles el culo con sus políticas antiimperialistas de nacionalización. Tan nacionalistas que eran los gorilas, se caracterizaron siempre por abrir los cantos al neoliberalismo, tanto británico como yanqui. Y el General, ¿no lo vio? ¿O volvió demasiado viejo y mañoso de su exilio en Madrid y ya no se bancaba el populacho? Y menos revolucionario. Guiños de la historia.

En una de las charlas que Perón encabezó frente a curas tercermundistas, entre los que se encontraba Mujica, les dijo: el verdadero revolucionario transforma, pero el fondo lo mantiene intacto. Siguen siendo los mismos. El cambio dentro de la quietud. Un concepto de revolución vertido por el General que prosiguió diciendo que “…evitar la lucha cruenta para mí es lo fundamental. Si yo lo hubiera querido hacer, lo hubiera hecho en el 55. Yo al cabo era General, movilizo a la primera división, me pongo al frente y marcho a Córdoba. Tomo Córdoba, fusilo a todos los que se habían levantado y al irme de acá abro el arsenal, entrego a los obreros las armas y les digo: ´muchachos, cuando vuelva quiero esto limpio´”. De alguna, manera, se vislumbra la esencia del General en este pasaje en el que se refiere a la lucha armada a favor de quién. Pero no quería llegar a eso.

Al hombre siempre es mejor persuadirlo que obligarlo. Más vale convencerlo, decía el General. La fuerza es el último recurso, porque cuando un pueblo se pone de pie, no hay quien lo pare. El caso de la oligarquía  y la extrema derecha no es peligrosa, decía. Tienen sus trucos y cosas , pero ya los conocemos. Acá el peligro viene de afuera. Y eso se cubre con la integración continental. Con ello, esos cipayitos mueren sólos, porque solos no pueden hacer nada.

El peronismo fue un freno al comunismo, como todos los gobiernos populistas de Latinoamérica que manejaron el keynesianismo como moneda principal de su economía y el estado de bienestar. ello constituyó una merma a la ansiedad proletaria por consumar su poder, así como en la Unión Soviética como en el cielo. Así conseguían el pan de cada día y ya no tenían ganas de salir a pelear por el obrero que pasaba por sus mismas necesidades.

Dijimos antes que Mujica había asistido a estas hermosas palabras del General. Quizá este discurso lo inspiró para terminar su libro con estas palabras: “nosotros, los hombres de la Iglesia que hemos contraído la enorme responsabilidad de ser los portavoces del mensaje de Cristo hasta las últimas consecuencias , debemos ser fieles al llamado del Señor y del magisterio: hoy, más que nunca, nos exigen asumir la defensa de todos los seres humanos pisoteados en su dignidad; pero, sobre todo, como lo recalca el Documento de Justicia del Sínodo de Obispos, de los más pobres y oprimidos. Se trata , una vez más, de ser la voz de los que no tienen voz. La verdad os hará libres. (Juan 8,32)”

Digo yo, ¿conocerá el Papa quien fue Mujica?

 

 

 

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