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El juego de la Oca argentino

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Mientras los dioses se disputan lo indisputable, los hermanos de la tierra se pelean entre copas de amistad, las fuentes de lo que será su rica pobreza, y los pobres se enriquecen de historias, entre sobremesas de carencias y abundancias de una alegría que contrasta con la tristeza. Risas de llantos y llantos de risa subsisten hasta que llegue la tan vital muerte, que a todos nos tiene junados y que en cualquier momento alguien se le escapará burlando y esquivando la tan desafilada guadaña que aguarda el filo de la noche diurna, para ella, para llevarse un alma más que engrosará su capa de pieles humanas. La humanidad está a la altura de la bajeza miserable que hace al altar de los señores que abundancia detentan, tan pobres de espíritu, como obesos sus cuerpos de holgazanería, llena de buches de abundancia y miserias masticables a la hora de repartir panes y peces. Jesús fue un revolucionario en ese sentido, tan enemigo de la nobleza y amigo de la pobreza material, tan amig...

Las Palabras contra Los Hechos

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Las palabras nos conducen a un sitio inexplicable. El que no decimos. El que queda en silencio. Lo que no se dijo y quedó adentro nuestro. Son un vehículo en el cual viaja también lo que no se manifiesta. Lo que queda en nuestra intuión. Construir lo que huele mal. Lo incómodo. Lo que no tiene verbo. Cada ruido engendra un silencio que escuchamos y que queda en nosotros descifrar. Lo que queda latente. Lo que sin prejuicio alguno se manifiesta tarde o temprano en algo inexplicable para la recta razón humana y las “buenas costumbres”, que inútilmente y en vano intenta darle un juicio a todo aquello que atraviesan los sentidos. Lo que no se dijo queda en el escucha y en el inconsciente del que emite ese mensaje textual que busca un paratexto y un “no te lo digo porque te lo estoy diciendo de esta manera”. Se ve inmerso en una nebulosa aquel que intenta descifrar textualmente un mensaje despojándose de toda intención, de todo miedo, de toda angustia, de toda decepción de la p...

Aisladamente conectados

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Una persona parada con los pies en la tierra implica muchas cosas. Pero recortemos una de ellas. Imaginemos que esa persona esta quieta, triste, por el motivo que sea y está mirando hacia abajo. Hacia sus pies que ya no pueden moverse y buscan despegarse lentamente del suelo. No pueden. Le crecen las raíces que representan el pasado. Ese que trae una carga tensa. Se acuerda de una frase de un musical que le vino a la mente: “el tiempo es hoy”.   Y los pies empiezan a despegarse del piso, a alejarse de las penas que arrastraban. Lentamente, entre un paso y otro, empiezan a danzar al compás de una música que suena a los lejos. Y siente que el cuerpo empieza a levitar. Se ahogan los viejos pensamientos en el mar de lágrimas que había dejado de tanto llorar y siente un fuego interior que lo impulsa a buscar calor en un abrazo de la persona que tiene al lado que venía sintiendo lo mismo. La energía es otra. Se curan las penas. Sanan las tristezas. Se baila bajo la naturaleza. D...

Antinomias

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Viejas antinomias se hacían carne de la vida de estos seres que confluían en un evidente estado de estabilidad que prontamente iba a ser turbado por la problemática perenne y continua que se hace flor en cada pareja, en cada uno de sus mundos, que buscan futuras calmas a su hambrienta sed de felicidad, a su verduga soledad. Hoy son ellos, mañana no se sabe. Así es la vida después de todo. Ciegas costumbres que derivan en estados de pereza móvil e inercia que se ve lentamente o abruptamente perturbada por un sacudón que nos despierta de ese letargo letal que nos va matando día a día. Parece que depositamos nuestra libido en cosas que quizás carezcan de importancia para poder huir de la quietud, de la serenidad y la molesta tranquilidad que nos permite ver y profundizar sobre cuestiones que tenemos metidas en la piel y que no nos deja avanzar. Nos carcome como un cáncer que te va desdibujando en lágrimas y te va limpiando de las penas que llevamos dentro que se vuelven imposible...

Vida

Si digo de pronto, exagero. De pronto no tiene nada. Da vueltas y vueltas pasando por al lado. Lo roza. Lo prende y lo vuelve a apagar. El monitor se apaga como muestra de lo mismo de todos los días. Este pibe me hace siempre lo mismo. Me amaga y me deja, diría si hablara. Siempre me deja clavado sin saber lo que me quiso decir. Por fin se animó. Y me está diciendo algo que no logro entender. Ni él se entiende. Dio más vueltas que una sonrisa viviente de la mona lisa. Ahora quiere hablar y no dice nada. Cada palabra que escribe balbucea como si la estuviera hablando. Tiene mucho por decir pero no sabe por dónde empezar. Creo que ya puso la pava unas trescientas veces. Se tomó dieciochomil mates y se sentó a leer en más de una oportunidad. Porque cree que para escribir hay que leer antes, para ser más claro al expresar. Pobre. Tiene un lío en esa cabeza que pretende ser multidisciplinaria sin hacer nada bien. Nada lo regocija. Está haciendo algo y cree que podría hacer lo otro. N...