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Vida

Si digo de pronto, exagero. De pronto no tiene nada. Da vueltas y vueltas pasando por al lado. Lo roza. Lo prende y lo vuelve a apagar. El monitor se apaga como muestra de lo mismo de todos los días. Este pibe me hace siempre lo mismo. Me amaga y me deja, diría si hablara. Siempre me deja clavado sin saber lo que me quiso decir. Por fin se animó. Y me está diciendo algo que no logro entender. Ni él se entiende. Dio más vueltas que una sonrisa viviente de la mona lisa. Ahora quiere hablar y no dice nada. Cada palabra que escribe balbucea como si la estuviera hablando. Tiene mucho por decir pero no sabe por dónde empezar. Creo que ya puso la pava unas trescientas veces. Se tomó dieciochomil mates y se sentó a leer en más de una oportunidad. Porque cree que para escribir hay que leer antes, para ser más claro al expresar. Pobre. Tiene un lío en esa cabeza que pretende ser multidisciplinaria sin hacer nada bien. Nada lo regocija. Está haciendo algo y cree que podría hacer lo otro. N...

Nunca más pudo decírselo

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Casi nada más había entre ellos dos. Dos miradas cómplices que se buscaban para decirse adiós. Porque era una de las últimas veces que se iban a ver. Porque el destino los separaba de por vida. Pero ellos no lo sabían. El sube al auto sin preocuparse demasiado por lo que vendrá. Preocupaciones, obligaciones, más dudas acerca de la muerte de esa rutinaria vida. Y más camino por recorrer en ese infeliz viaje de desasosiego. Ella seguía en lo suyo. Compras. Ceño fruncido concentrada en lo que jamás iba a lograr. Un infeliz viaje hacia la nada misma, porque allí habitaba su felicidad, en la nada misma que hacía que esa felicidad se esfumara ante la primer desilusión. Suyos eran los caminos. Pero de nadie más. Suyos eran los destinos, cada uno por su lado iba por el suyo en busca de no sé qué. Un tremendo círculo vicioso los mareaba cada vez más en una nebulosa que convergía en intoxicaciones adictivas como el cigarro y el alcohol de alguna noche perdida que buscaban como viaje...

Aunque no gane

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Hay cosas que no van a cambiar la esencia de lo que escribo. No sé, por ejemplo, enterarme de algo que no hace a lo que pienso. Pensar que lo que pensé no tenía validez y no ser hipócrita con eso. La realidad es la peor desilusión acerca de darte cuenta de que lo que pensabas no tiene asidero. Que lo pensabas y decías e incluso defendías contra todo sustento fáctico que te oponían y vos seguías pensando lo mismo como un testarudo. El cachetazo real a las ideas que creías inmutables es certero y más real que el dolor mismo de haberlo experimentado. Pero es tan real que la idea pasa a desvanecerse o a estallar en cuyas esquirlas quedan empapadas de tu piel y de la sangre que las defendías. Ves caer todo el paraíso que te habías construido en tu cabeza como inmaculado. Y pensas lo estúpido que fuiste al creer sagrado eso que te construiste en tu cabeza. El pensamiento socrático diría que solo sabes que no sabes nada, con toda sabiduría, pero ¿será real semejante ignoracia? Algo...

Corazón descerebrado

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Se sienta a escribir teniendo un mundo para poner. Le sale tierra del teclado. Las teclas son cada vez más duras por la parálisis mental que sufrió hace poco. Nadie se la diagnosticó pero la vive en carne propia en su ser todos los días paralizado por los problemas que aquejan permanentemente su vida y que no puede resolver. Como si todo tuviera solución. Descarta la tela que cubre el teclado de su notebook y empieza a deslizar una serie de cosas que había detrás del taparrollos de su cabeza. Tira del hilo y lentamente va desovillando el matete dedo a dedo, mano a mano, letra a letra para desvanecer toda la angustia que lleva inserta en sí, por todos aquellos años de dolor infligido nada más que contra sí mismo, sin la culpa de nadie. Era el momento de hacerse cargo de uno y empezar a sacar la empañadura que ostentaba ese tan molesto espejo después de bañarse. No se podía ver ni siquiera en el reflejo. Ya le daba asco su vida. No se quería ver más. Ese día en que desempolvó el t...

Giro a la izquierda

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Una autopista. Autos. Muchos. Están trabados. No pueden avanzar. Algo pasó y no se sabe qué. Gente que no puede continuar con sus vidas. Miradas hacia adelante. Cogoteos para ver qué pasó más adelante. Quizás un accidente. La autopista permanece repleta de coches que no pueden avanzar. Y ya que no se ve nada hacia adelante, el tipo empieza querer ver algo. Y por fin se da. Mira hacia el costado. Ve a su mujer dormida. Y mira hacia atrás y ve a sus hijos durmiendo. No quiere poner música porque no los quiere despertar. Y busca un pasatiempo. Busca su celular, pero se acuerda que se lo había olvidado en el bolso que había quedado en el baúl. Y se pone nervioso. Y empieza a putear para sus adentros. Bocinazos que quiere callar con su mirada iracunda hacia donde nace semejante aturdimiento. No quiere que su mujer y sus hijos se despierten. Igualmente no lo logran. Siguen durmiendo. Se tranquiliza. Piensa para sus adentros que ese calvario no debería durar mucho. Que ...

No somos los mismos de ayer

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Intento rodearme de cuestiones que regocijen mi espíritu vapuleado, luego de un año de caídas y vuelta a levantar. Golpe a golpe, beso a beso, me reconstituyo como un ser que aún no perdió la fe. Intento recuperarla día a día con el afecto de la gente que me rodea. No toda por supuesto. No toda la gente te rodea. No toda la gente te afecta. No todos son afectuosos con uno. No tienen por qué serlo. Mientras, uno camina. Va buscando. Buscando un sitio donde sentirse uno mismo. Sin más influencias que el propio deseo. Focalizando en lo importante. “Lo importante”. ¿Qué es lo importante? Entre tanta confusión se desdibuja. Entre tanta miseria espíritu por la búsqueda de lo material se desvanece. Hay un muro en Facebook que dice que no nos vamos a llevar nada al cajón mas que a nosotros mismos y lo que fuimos y lo que dejamos de ser. Está plagada de frases el Facebook. De frases que quedan en la virtualidad. ¿Las llevamos a cabo o quedan en esa pantalla que nos atrapa sin más y no ...