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El abrazo genuino

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Aunque no se haya quedado con ser sólo el Alcalde de San Mateo, vuelve a España para ver a sus suegros y entrar en contacto con la logia de Cádiz a la que también pertenecía. Allí se encendió el fuego de la revolución que iba a liberar un continente. ¿Les suena familiar argentinos? Vio coronar a Napoleón. Lo estremeció el vitoreo popular de semejante figura. De un héroe popular. Un sentimiento supremo que sentiría más tarde. Más que nada en el mundo, amaba el fervor popular. La fallida invasión inglesa dio pie a la autogestión del pueblo colonial para defenderse, tras los fallidos intentos de la corona española por evitarlo. Bolívar ve esto y vuelve a su América natal para llevar a cabo el ideal libertador. Entretanto Londres no decía ni fu ni fa. Quería asegurarse el comercio con América. No quería romper relaciones con su aliada española, mientras apoyaba los movimientos emancipadores americanos para generar un vínculo comercial que, de hecho, sometió a la Argentina durante ...

Bolívar: la astucia de la razón

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Hijo de una elite criolla, los mantuanos, Simón Pedro. En esta piedra edificarás tu iglesia. Una compañía que comerciaba esclavos era una cachetada en el pequeño rostro de un Simón que ya aborrecía la explotación. Criado con un pecho cubano, el destino firmaba su ironía. De pequeño lo querían encauzar en la toma de los hábitos que significan la religión. Siempre tuvo personalidad. Se dedicó a la maestranza. La docencia fue parte suya en una escuela pública. El Emilio de un tal Rousseau fue forjando una personalidad fuerte, con las convicciones bien claras. Con decisiones fielmente tomadas a la claridad de sus convicciones. Sin la necesidad de que alguna autoridad le diga lo que tenga que pensar, ni le gobierne un corazón forjado a base de justicia ante la escandalización de cualquier injusticia cometida contra el débil y el sufrido. Los aires de revolución se transformaban en vendavales, en tornados, que se encontraban con otros del sur, augurando una unidad continental que iba ...

Los dioses ensañados con el hombre

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Si algo he de ver en una carpeta de recuerdos, trato de sacarlos y vislumbrar en una hoja en blanco aquello que me recuerda. Un papel con anotaciones. Lugares turísticos de playas a conocer y conocidas. Concretadas finamente. Pinamar, Mar del Plata, San Bernardo, Mar del Tuyú, Santa Teresita “Estancia El Carmen”. Y el título abajo: averiguaciones sobre vacaciones del 2006. Febrero. Decididos finalmente sobre la última. Anotaciones de números de teléfonos. Direcciones. Y los pormenores. Parcela. Carpa 4. Colchón inflable. Luz parcela. Todas tienen luz. Cabañas. Parcela por día. 26 pesos. Año 2006. Cuánto preparativo, cuanta cosa se pone en juego cuando uno programa las vacaciones. Divertimentos, pasatiempos, salidas nocturnas, comidas. Es una movida que tiene como característica principal irse. Cortar. La interrupción del todos los días y vivir algo diferente. Pero qué estúpido se pone el ser humano cuando se va de vacaciones. Por momentos, me da la sensación que hace cosas que salen...

Final relajado en el Parador

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Nueve horas seguidas de sueño. De dormir con sueño. Relajado ya, fuimos a desayunar y a una charla para saber cómo surgió el Parador. La guía nos indicaba cómo surgió ese paisaje y esas antiguas construcciones por intermedio de un mural. Los primeros pobladores: los comechingones. Hasta la llegada del “hombre blanco”, como llamaban a los colonizadores y  jesuitas. Y la historia que todos conocemos y que tantas veces fue ocultada y negada por los vencedores. Azotes. Masacres. De ellos quedaron las figuras en el museo. Que por las noches hacen retumbar las paredes con sonidos guturales de corte de garganta. En 1930 llega Natalio Botana. Un periodista argentino fundador del diario Crítica. Llega en auto lleno de glamour. Y funda un hotel de juegos y juergas. Un casino a medio terminar. Posteriormente a eso, llegan los monjes salesianos. Y construyen precarias casitas, que hoy ofician de hospedaje a huéspedes como nosotros. Construyeron un dique para beber el agua del río, cristal...

Contradiciendo a Freud

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 Baño y a la cucha. Esa era lo que pensaba cuando llegue al Parador. Pero sin embargo, no había nadie en la recepción que reciba a unos ojos cansados, nerviosos y pasados de rosca. Entro al comedor. Pensé que habían matado a todos y esa era la tranquilidad posdesastre. Imaginaba encontrarme paredes manchadas de sangre y cuando vuelvo a la realidad estaba mirando las mesas muy bien presentadas. Camino un poco más y ya se olfateaba un sabor a comida. Hasta que aparece el pibe de la recepción. -¿Cómo te va? Sí. Enseguida voy.-me dice sabiendo que había estado en falta al no estar presente al momento que yo llegaba con otro enchufe, con otra revuelta de ideas en la sabiola, con la adrenalina del viajero que se acerca a una posada. Sin embargo, el lugar era extremadamente calmo. Y mis piernas contrastaban otro ritmo. Muerto de cansancio. De un cansancio aún enchufado a 220. Me toma los datos. Me da una llave. Que yo miraba como si nunca hubiera visto una llave. Respiré un suspiro...

Curvas, elevaciones, llegada

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-¿Estás acá al lado?-me pregunta. Agrega: -Es el taller de mi hermano. Esta es la calle Alem 23. Ahí respiré y le mandé un mensaje a mi familia cosa que sepa dónde iba a morir por lo menos. Al rato, vuelve el tipo con la manguera en la mano. Que no se mal entienda. Todavía hablamos del auto. -Esta va a funcionar-dice La coloca y respiramos un poco más fluido todos. Estábamos un poco más contentos. No nos teníamos que quedar ahí, de ninguna manera. Y bueno, la cambió y la purgó. Yo las únicas purgas que conocía eran las que había hecho Stalin en la Rusia Soviética. Lo prueba y la temperatura ya no subía tanto. Pensé: “me va a aniquilar con el precio”. Deslizo un tímido: -¿Cuánto es?-me atajo. -250 pesos. ¿Te parece bien?-me pregunta -Seeeeeeeee-dije alivianado, ya que había pensado en un 500. Fui tan amable que le dejé 300 y un fuerte apretón de manos que dejaba entrever a las claras el alivio que sentí de que no me había salido tan caro al fin y al cabo el incidente. El tipo m...

Los tipos del auto

Traté de pensar que el tipo me inspiraba confianza. En ese momento, pensé que tenemos l cabeza podrida de pensamientos nefastos. Quería pensar que todavía había gente honesta y solidaria. Pero desconfiaba de todo. Hasta pensé que me la habían pinchado en la GNC la manguera. Y que estaban todos entongados. Tenía tal persecuta que era flanco fácil de cualquier artimaña o reacción del interlocutor que me abordaba para decirme un hola ¿que tal?, simplemente. Pensaba que en cualquier momento me sacaban el chumbo y me decían “dame todo”. Y la verdad es que todavía hay gente solidaria. El tipo, para aflojarme, me empezó a contar un chiste. Nada menos que un chiste acerca de los porteños. Porque esa es otra. Por más que no vivas en Buenos Aires, vivis en la provincia de Buenos Aires y para el interior sos porteño. El personaje principal del chiste era nada más ni menos que Judas, el supuesto traicionero. “Uno de ustedes me va a traicionar”, dijo. Yo no lo escuche al chiste. Me lo contaba ta...