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La insostenibilidad del valor

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Una seguidilla de días que se pasan una y otra vez ahí adentro. Días grises, cual institución acéfala de cerebro. Una suerte de simulación de caminar con inercia estando de acuerdo. Con lo imposible de acordar. Menos a valorar. Ese sentimiento que nos empujó a estar ahí contra viento y marea. Con cada vez más viento en la proa. Cuando se habla en serie y no enserio. Una velocidad inusitada y con tanta falta de razonamiento crítico que tapa innumerables construcciones de valores, ya determinados de antemano y sin la más mínima participación en su construcción. Los errores que van de la mano de una velocidad construida para confundir. Y menos que menos para valorar. La formalidad amiga de la antipracticidad y enemiga de la  esencia de las cosas. Gente que señala a otra gente bajo el dedo de la superioridad titulada que ejercen un discurso tan lejano a la realidad. Discursos que retumban como ecos en palabras penduleantes dentro de una burbuja que no se rompe nunca. Señalados que...

Descansar para siempre

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La muerte es un instante definitivo cuyo efecto no se llamaría de por vida. Mas bien habría que decir de por muerte. O sea, mientras estás muerto. Una característica de la lapicera que escupe desordenadamente estas palabras es justamente eso. El caos temático que ocurre en la cabeza de este tipo. Sentado en el bar. Tiene mucho que decir. Su gran error es acumularlo y no decirlo. Piensa en decirlo. Lo que siente, sin prejuicios. Que los demás respeten su caos mental y su ser. Y el que lo mira insatisfecho, problema de él. Porque esa persona seguramente tiene algo que decir y no lo dice tampoco. Todos tenemos un infierno en la cabeza, cantaban. Pero no todos se animan a manifestarlo. La voz de los callados, reza un blog. ¿Quién será el estúpido entonces? ¿El que lo dice o el que queda con la vena y la descarga de otra forma?  Violencia, por no decir. No demostrarnos. No mostrarnos tal cual somos. Ser sinceros con uno mismo.  Por no ser auténticos y mentir acerca de nuestra ve...

kaos sentimental

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Con los sentimientos de una persona no se juega, pensaba el muchacho sentado en el mismo lugar. Y menos cuando esta no los demuestra auténticamente. Dicen que es la incertidumbre lo que te enamora. Que el desengaño es lo que seduce. “Dudar es amar, saber es morir”, cantaba el negro Dolina. Descartes era un gran vacilador del pensamiento. Su esbozo de la Duda Metódica nos hace pensar, entonces existir. Pienso , luego existo. Cogito, ergo sum. Su error era la sustitución de pienso por siento, pensaba el sufriente por amor. Por lo menos, esto le pasa a bastante gente que desplaza pensamientos por sentimientos. Sin embargo, no sabía por qué callaba aquello que tanto le dolía. Le estaba quemando la garganta. No podía salir aquello que se albergaba en el más ínfimo rincón de su paladar. Si uno recorría el camino de esas palabras ocultas seguían por el esófago, pasaban por el pecho, todo rasgado de dolor, y continuaban hasta una entraña bien profunda que soñaba con tomar forma en el mundo ...

O vas a misa

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Era domingo y el tipo pensaba, apesadumbrado, desde un bar de la mítica Buenos Aires, con una cara indisimulable de tristeza. Siete menos diez de la tarde. La cabeza le iba a dos mil. Máquina de todo sentimiento. Que sirve para maquinar. Como un pájaro que te taladra hasta estallar. En realidad, nunca estalla. Siempre a punto de. Lo cual es peor. Para él hoy todo tiene un costado trágico. ¿Por qué?, se pregunta ¿Por qué siempre se le ocurre pensar en esto un domingo? ¿Por qué el domingo es el día de la cruza de sentimientos reprimidos que pugnan por salir desde el fondo del corazón? Sentimientos que de una u otra forma quieren salir a encontrarse con otros sentimientos que, en definitiva, tienen la categoría idiotizada de reprimidos (no todos). Como si los sentimientos pudieran dividirse en categorías. ¿Por qué no se saca de una todo lo que uno tiene adentro?, pensaba sentada, con una copa de vino enfrente a la que miraba, perdido. ¿Qué obstáculos habrá que sortear para esto? Temo...

Perdonando la vida

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“La vida te depara cosas peores”, leyó el tipo en un cartel que hacía las veces de indicador de destino , tras lo cual fue corriendo a buscarlo. Quiso tropezar. No importa que le deparen enormes obstáculos. No importa que lo esperaban grandes proezas y grandes miserias. Lo único que le importaba al flaco era andar. En lo posible, contento. Con su vida. Porque la vida le iba a deparar cosas peores seguramente. Le auguraba la muerte respirándole en la nuca. Permanentemente. Pero él no le tenía miedo. El iba. Hacía cosas que le podían provocar la muerte pero las hacía igual. Quizás buscándola. Provocándola. Haciéndole una burla a la vida, que tanto amaba. Esas cosas que no se valoran cuando se tienen o que se valoran en exceso, que es lo mismo. Siguió caminando. Se cruzó con un par de hermosas piernas. Las siguió. Una pollera roja. Camisa blanca, que se dejaba traslucir la ropa interior. Pensó cómo la desnudaría si la tuviese en sus brazos. Pensó que le encantaría tenerla. Cuando ...

Cuando la realidad social supera la ficción política

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“El obrero es el más pobre cuanto más riqueza produce. Cuanto más crece su producción en potencia y volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuanto más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también así mismo y al obrero como mercancía y justamente, en la proporción en que produce mercancías en general. Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa. El producto es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía Política como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, l...

Las guerras

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Durante el siglo 20 se han desarrollado una serie de guerras que fue viviendo la humanidad, a raíz de las cuales se dice que fue un período sangriento. Algunos autores afirman que las revoluciones sociales formaron parte de ellas. Sin embargo, hay dos grandes guerras que desataron el furor del poder capitalista abocado a la construcción de armamentos entre las empresas que a ello se dedicaban y los gobiernos, que a ello se dedicaron, gobernados por el inmenso poderío económico forjado por esas empresas y otras multinacionales que hacían hamburguesas y gaseosas. Los años postreros a esas guerras dejaron infinidad de muertos, mutilados, desertores, emigrados, inmigrados, finales de sueños, de proyectos, de tradiciones, y engendraron un nuevo mundo sintéticamente como el que vivimos en nuestros días. Cualquier foráneo a nuestro mundo pensará que aprendimos de los errores y de los horrores que dejó la infinidad de matanzas y el saldo infinito de esas guerras económico-políticas. La resp...