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Si de blogs se trata.

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Los blogs son el nuevo fenómeno de la literatura . Qué bárbaro. Algunos dicen que la literatura del nuevo siglo reemplazó a la del siglo pasado. Otros son irrremplazables, los libros, por su contextura. Pero en fin, son los que nos dejan viejas sensaciones y pensamientos. Los blogs atraviesan nuestras pupilas y se insertan en nuestras vidas de relación no relacionándonos con los otros sino a través de la pantalla, una inmensa compañía virtual en soledad real. Paradojas de la vida. Hablamos más palabras escritas que verbales. Cuando antes había una crisis de legitimación de la escritura por quienes pensaban que eso era “cosa de putos”, de diarios íntimos de minitas. Nunca faltaron los imbéciles mentecatos de siempre . afloran desde donde menos se los esperan. Desde las mallas de todo tipo de poder. Qué va a ser o que va se o que le vamos a hacer. Hay que lidiar con tanto estúpido en el mero afán y osadía de sobrevivir. La cuestión es que los blogs es la descarga de esas vivencias. ...

Los intermediarios

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Juan es un intermediario. Su vida es todo un tema. Quiere dejar todo para después. Aunque los asuntos lo acosan a diario. No tiene descanso. Tiene mucho por decir. Y lo dice, sin pensar lo que dice. Total no hay que pensar en este sistema, hay que actuar sin pensar. Hay que aparentar, complotar, hundir y ganar a costa de los demás. Hay que intermediar. Está buenísimo. A juan le enseñaron de chico a que cada cual atienda su juego en el Don Pirulero. Ahora es lo mismo, pero de grandes. Traje y corbata para aparentar limpieza de juego. Aparentar preocupación por los asuntos ajenos, como buen porteño de ley (bersuit). Hacer creer que se siente a tono con lo que piensa el representado y es más que lo sentís tanto como él. Pero igual lo representa porque ese es su función. Las bajadas de miradas al mero enfrentamiento. Tiene mucho que ocultar. El y sus pares. Saben que son garcas y se regocijan de ello. Entre ellos hablan de que salvan a la patria. Que son imprescindibles. Son parte de ...

LOS IMPRESCINDIBLES

En unos de sus cuadernos de apuntes encontró la frase: “y si la muerte sólo vale la muerte”. Pensaba que la vida tenía un sentido enorme en ese momento en que no sabía si se iba a morir o iba a vivir para contarlo. El creía que estaba muriendo. Y se le ocurrió el momento en el cual había nacido. Y pensó en su vieja. Pensaba que el primer abrazo amigo que me abrigó cuando nací fue el de mi vieja. Y ahí está pobrecita. Si supiera se muere. Hoy la quería tener al lado pero ella ya estaba del otro lado de la vida. Ya había vivido mucho. Ya estaba tomando mates con la luz al final del túnel. Y se dijo.: la muerte no puede sólo valer la muerte. Y se dio cuenta que el legado que había dejado en vida lo iba a ayudar a no desaparecer nunca de la vida de los demás. Y se quedó tranquilo. Contento para siempre.   Cerró los ojos y ya estaba listo. Para irse para siempre. Ese día se despidió de todos y   se puso al tanto de la vida de todos. Para repetir la historia. Vio todo negro. Ya...

Los arboles

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Ahí está. Queriendo dejar un rastro del pasaje por su vida. Contando lo que nadie habla. Lo que nadie ve. O lo ve y se hace el zota o sota. No me acuerdo con qué inicial. Pero así lo dice un amigo. Un tipo despreocupado pero inundado de preocupaciones. Su preocupación es pasarla bien en una vida que quizá mañana termina. Pero no es la intención mencionar a su amigo. Sino de hablar de él y de las cosas que surgen de escuchar a los árboles cantar. De ello surge mucho para escribir. Como si te dictasen a cada momento lo que tenés que decir. Acá pasé a primera persona del singular porque me pasa todo lo que le pasa. Esos sabios árboles que lo ven todo desde allá arriba cuyas raíces de experiencia lo aferran a la tierra como cable a tierra de nosotros mismos. “Chupate un matecito que el hambre se va”, Arbolito canta desde la reivindicación de los vulnerables del sistema. El hambre, la pobreza, la miseria, la bronca impotente de la injusta desigualdad. Son un paisaje que nadie ve, ni na...

RUMI CANI (PIEDRA SOY)

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Cacho se enteró que era una piedra. Para sus enemigos, era una piedra. Quien de afuera lo veía y no le importaba su interior se pensaba que era una piedra. A lo mejor lo querían mover y no podían. Porque se movía por motus propio. Como la piedra de Tandil. Movediza cuando ella quiere. O porque era una piedra que formaba parte de una montaña ideológica donde cada vez se sumaban más piedras y la montaña atravesaba toda la cordillera de los andes. Era notorio que cada vez eran más. La cuestión era que cada vez con más frecuencia se querían sacar más de encima esa piedra del zapato. Estos personajes hobbesianos daban de morfar a esta especie de nueva identidad que había descubierto Cacho cual coraza en que se escuda una tortuga. Lenta pero contundente. Ellos lo hicieron de piedra. Alimentaron su propio monstruo haciéndolo cada día más fuerte. Con cada subestimación, con cada insulto por detrás, cada voluntad en su contra, cacho resurgía de sus propias cenizas como ave fénix. Cacho p...

Aprender a no repetir

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El flaco vivía en España. Laburaba y mucho. A tontas y a locas, dirían las viejas. Y aprendió. Muchas cosas. Entre esas a escribir, relatar hechos, a que se hablaba sin saber, se escribía mal. Se hablaba mucho. No importaba de qué ni si era empíricamente comprobable. Había que hablar   y decir hasta la estupidez más grande del mundo. Quedar bien a costa de las más míseras miserias. Si había algo miserable era las actitudes que veía en todos y cada uno de la gente que lo rodeaba.   Generalizaba mal, pero con eso se conformaba. Individualizaba el lugar para conformarse. El arte de la vendetta a la orden del día. Mentir para sobrevivir. El dólar celeste se quedaba corto. Quejas sin dolor. Fluorescencias de pelotudez después de hora. Chupamedias por doquier. Esquiroles gallegos. Regocijos de las desgracias ajenas co lágrimas de cocodrilo. La envidia maliciosa de la dicha ajena y la pregunta sobre la propia. Sonrisa cínica ante el sufrimiento ajeno. Sonrisa sin completar, media ...

CATALINA: UNA REVOLUCIÓN

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Y si. Ya está acá en casa. Tras siglos de espera que fueron nada más que nueve meses eternos. Fue una eternidad hecha embrión para nosotros, cuya ansiedad desembocó en un sinfín de actitudes incomprendidas o no por quienes nos rodeaban. Miedo. Cagazo, del mayúsculo. Te agarra una especie de infinitos signos de preguntas que azotan tu cabeza y tu corazón, cuyo sístole y diástole no da abasto en el momento crucial del encuentro con esa indefensión ante el mundo al que nunca pidió llegar. Y que algún día sé que me recriminará. Y yo, como un infeliz, sin respuestas. Una cosita que tengo atrás en este momento con breves respiraciones que cada tanto te obliga a pararte por más cansado que estés , para ver si sigue su curso. Un serhumanito que contradice toda teoría freudiana acerca de la inexistencia de la felicidad. Son momentos sí, sobre todo cuando estoy con ella. Es el momento en el cual todo te chupa un huevo. Y de verdad. Que odiás a todos menos a tu hijo, siguiendo los preceptos ...