martes, 4 de noviembre de 2014

Las guerras


Durante el siglo 20 se han desarrollado una serie de guerras que fue viviendo la humanidad, a raíz de las cuales se dice que fue un período sangriento. Algunos autores afirman que las revoluciones sociales formaron parte de ellas. Sin embargo, hay dos grandes guerras que desataron el furor del poder capitalista abocado a la construcción de armamentos entre las empresas que a ello se dedicaban y los gobiernos, que a ello se dedicaron, gobernados por el inmenso poderío económico forjado por esas empresas y otras multinacionales que hacían hamburguesas y gaseosas.
Los años postreros a esas guerras dejaron infinidad de muertos, mutilados, desertores, emigrados, inmigrados, finales de sueños, de proyectos, de tradiciones, y engendraron un nuevo mundo sintéticamente como el que vivimos en nuestros días. Cualquier foráneo a nuestro mundo pensará que aprendimos de los errores y de los horrores que dejó la infinidad de matanzas y el saldo infinito de esas guerras económico-políticas. La respuesta es más que obvia y sorprendente. Hasta los perros ven el fuego y le huyen. El hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra, dicen por ahí.
Luego de la finitud del siglo corto número xx, en palabras del propio historiador Eric Hobsbawn, iniciamos un nuevo milenio. El mismo que vivimos hoy en día y del que los de afuera miran con estupefacción al ver que continuamos con las mismas tesituras, pero distintos motivos para bombardear.
Quien quiera hacer una seguidilla de los motivos por los cuales se conecta un botón que con sólo oprimirlo pueda hacer desaparecer un país, basta con ver revisar el historial de la producción de la industria cultural hollywoodense para saber cuál era el enemigo de moda, según las necesidades de la Casa Blanca y del presidente de turno, sea republicano o demócrata, que disimula mejor el enano fascista que llevan ínsito.
En una época, y como ejemplo, la guerra fría traducida en la pelea de box entre un Rocky embanderado entre estrellas y franjas rojiblancas, y por el otro, Iván Drago, el ruso con cara de nefasto, malo, molesto y comunista, bajo la bandera soviética.

Hoy la guerra se centra en el petróleo. Mañana en el agua. Mañana ya es hoy. Con la inmensa cantidad de capitales extranjeros instalados en la Patagonia y el engendro de conflictos entre países limítrofes, tras la implementación de políticas económicas latinoamericanas regionalizadas. Sin embargo, hay un descreimiento muy grande de todo lo que provenga de la industria cultural yanqui, después de todo lo que ha engañado en torno al sometimiento mental que generó, producto de la prioridad de consumo que le daban los gobiernos que querían instaurar un régimen cultural neoliberal con la compra de un cine que devele los modelos a imitar de una sociedad imbuida en las contradicciones del capital.

En definitiva, y tras varios años de engaño cultural, hay una afluencia crítica que indica que hay una consciencia muy grande en torno a quienes detentan las guerras y no tienen empacho en apretar un botón y quitarle los brazos a una madre que está abrazando sus hijos, como síntoma de protección ante la barbarie humana.


11.639 visitas al 30 de setiembre de 2017