sábado, 15 de diciembre de 2012

LA CLARIDAD DEL VOTO



De una novela de Saramago, extraigo lo importante de la significancia del voto en blanco en una sociedad que se autodenomina democrática. Con todo lo que el término significa y su escaso reflejo en la realidad. Democracia. Si. ¿Se acuerdan? Un régimen. Algunos lo llaman sistema para peor, o llevados por el funcionalismo sistémico que se enorgullece de mencionar con prisa a los fenómenos sociales, cuando la prisa no es buena consejera en la búsqueda de la verdad, nunca absoluta y siempre imperfecta. Jamás objetiva.

Volvemos. La democracia. Sistema, o régimen, o estructura determinada por otra, la económica, dirían los marxistas (perdón por la mala palabra).

Ahora, lo que nos preguntamos con Saramago es por qué no funcionan cuando no funcionan funcionalista-sistémicamente hablando. Y más aún en sociedades que ostentan visiblemente otra cultura que fue arrasada y sustituida por esta democracia, porque se le cantó al gigante del norte. Las verbigracias son mayúsculas. Bagdad, por ejemplo. O cualquier pueblo de Oriente Medio. O funcionan en forma defectuosa. Que implica un régimen después de todo. Algún sabio responderá participación popular en la vida política del país. Esto implica instrucción, formación, cultura, trabajo, estar al tanto de lo que ocurre en la economía nacional. Ya sé. Algunos ingenuos responderán: pero si es el gobierno del pueblo. Es una linda respuesta de secundaria. Silvio Rodríguez escribió un tema que se llama “Ojalá”.
 

Democracia es cualquier cosa menos el gobierno de un pueblo. Gobierno. ¿Qué es gobierno?¿Es lo mismo que estado? A su vez, estado , ¿es lo mismo que sociedad?¿ Por qué lo que se refiere a una autoridad hay que escribirlo con mayúscula cuando en incontables veces se merecen menos que una minúscula? ¿quién está por encima de quién?, ¿el estado o la sociedad? ¿ o el gobierno? ¿ qué papel juega la economía en todo este juego?
 

En fin, el voto en blanco. Qué importa las definiciones después de todo. Si después cuando bajamos a la cruda realidad , las definiciones se desdibujan en emergencias sociales, en necesidades en carne viva, en muertes por hambre, en familias desesperadas buscando refugio, en seres humanos que no tienen nada que perder y salen a afanar pasados de merca, y matan, y se matan . y todo esto está programado para que los engranajes del capitalismo democrático funcione sistémicamente. Como una enorme maquinaria que no tiene lugar para todos y todas.

Otra vez. El voto en blanco. Definirlo es en vano. Pero una aproximación a la significación de un alerta de que algo está sucediendo como no se esperaba para los ilusos y como sí se esperaba para los especuladores que cuidan su culo. La blancura del voto es el descrédito de la democracia. Es la utilización de la democracia para decirle que no sirve.  Una suerte de utilización técnica que emana de sus propias entrañas para decirle que estamos como estamos culpa de ella y que no se haga más ilusiones con eso del gobierno del pueblo. Si quieren gobierno del pueblo , que gobierne el pueblo en serio. Mediante esta expresión de deseo sobre la cual se asiente la autogestión como pueblo. Si, con el caos que eso genera. Que a lo mejor es menor que el caos que reina en las villas miseria. Lo blanco del voto configura un vacío, un silencio cambiado por los discursos pluralistas que locutan lo que nunca van a hacer. Es el hastío acerca del discurso. La desilusión. También es un arma poderosa en manos de un pueblo que no tiene conciencia de la lucidez de su utilización desestabilizadora de una estructura en la que ya no cree, porque no anda, porque esta agotada, porque pide un cambio como el jugador de fútbol lesionado en un partido a punto de estallar. Es una amenaza. Para los que están en el poder. Que miran con recelo eso que no mejoraron hasta ahora. Lucidez, dijo Saramago. Lucidez. Una lucidez social que resulta harto peligrosa para una economía que se alimenta de la ignorancia popular. ¿Será por ello que los libros están tan caros?

lunes, 3 de diciembre de 2012

SOBRE LA MUERTE DE FIDEL


Últimamente escucho muchos rumores sobre la muerte de Fidel Castro Ruz, ex presidente de Cuba. Sin embargo, desde el diario oficialista de la isla “El Granma”, él publica notas con fotos actuales desmintiendo permanentemente su muerte. Parece que quienes inventan estos rumores lo hacen como una expresión de deseo de cacería al “Tiburón”, como le dicen en la isla.

 Hace no mucho estuvo en Argentina ante una multitud que se presentó a escucharlo en la Facultad de derecho de la Universidad de Buenos Aires. Ante tanta gente que asistió y que no podía acceder a escucharlo (ya que en principio, iba a hablar en el aula magna de la facultad), él mismo decidió dar el discurso de cinco horas afuera, en la calle, donde estaba la gente, el pueblo que había ido a ver qué decía semejante pedazo de historia parado en las escalinatas de la  facultad que no necesariamente refleja su pensamiento, sino que inculca todo lo contrario. Pero no tanto.

Dijo que no era necesaria una revolución armada, ya que el contexto actual mundial no es el adecuado para que ello suceda. Sin perjuicio de ello, la revolución subsistía en la conciencia del pueblo que las altas esferas de poder económico se empeñan en confundir con mensajes solapados que sólo una mentalidad culta es capaz de discernir. Esto hace que el pueblo esté atomizado en la búsqueda del placer  personal, que engendra individualismo, relaciones mecánicas entre los hombres que no les queda otra que subsumirse en un mercado laboral voraz para poder buscar un sustento. y ello cuando hay trabajo. Porque también está el flagelo del desempleo que es un factor sumatorio de la crisis en actual.

Las conductas miserables que se ven la clase política. Ventas de ideología por votos. Sed de poder a punto tal de poner en peligro la propia casta. Atentados que se llevan a los niños del poder y consecuente reelección.

Aseguraba Fidel que había que continuar la obra del Che, en pos del hombre. Por distintos medios. El era médico. Yo soy abogado, decía Castro. Sé que tenemos una deuda con la libertad en pos de la igualdad, pero ustedes no se imaginan lo que es convivir con un bloqueo del gigante del norte. Necesitamos tener un control estricto de las entradas y salidas de personas. Pero no hay que contraponerlas. La libertad como límite de la igualdad y la igualdad como límite de la libertad.
 

Es difícil cuando no imposible y utópico el equilibrio entre contrapuestos. Pero decían quienes dieron nacimiento a la edad moderna “seamos realistas y pidamos lo imposible”.

Tanto la libertad como la igualdad son principios que dan forma a nuestra Constitución Nacional. Queda en manos de los gobernantes de turno darles una prioridad cuando no un tan ansiado equilibrio. Parece ser que es una linda frase formal que adorna la Constitución, ya que la brecha nunca se achica en realidad y cuando hay políticas tendientes a ello, se topan con las grandes corporaciones tratando de hacerle acordar al gobierno mediante cacerolazos de marca Essen que ellos están primeros, que desigualdad hubo siempre, que la libertad está buenísima hasta cuando golpeamos las puertas de los cuarteles para decirles que nos rescaten del libertinaje.

En un momento dado del discurso, se emocionó mencionándolo al Che y a la estrella que debe ser nuestra guía como argentinos con sensibilidad social por que no se desvanezca el hombre en un papel de cualquier color en pos del intercambio de suntuosidades. Hablo del Che como un hombre con “huevos”, como dicen los argentinos, un pueblo tan futbolero. Esto último lo dijo ante los gritos de “ole, ole, ole ,ole , Fidel, Fidel”. El Che era terco, como el argentino. Porque cuando se le pone en la cabeza algo no para hasta conseguirlo. Tal es así que su frase de cabecera era Patria o Muerte. Fidel termina el discurso con una frase del Che: “hasta la victoria, siempre”.

Me tomé el 124 que me llevó al departamento. En el camino pensaba. Vislumbré un clima de cambio. Recién asumía Néstor Kirchner. Al mismo discurso fue invitado Hugo Chávez. La revista de Adolfo Castelo, TXT, tituló: “estamos re setentas”. Hoy leí una frase del célebre escritor portugués José Saramago que rezaba ( les puedo asegurar que rezaba): “…la esperanza es como la sal, no alimenta pero da sabor al pan…” Amen.

11152 visitas al 20 de marzo de 2017