viernes, 20 de mayo de 2016

Una familia muy normal



Hurgando en la carpeta color púrpura del Eskritor encontré una de mis primeros análisis acerca del llamado séptimo arte: el cine. En este caso la víctima fue la película Belleza Americana,  o American Beauty, uno de los dramas de Sam Mendes, que fue estreno en el año 1999, y que fue escrita por Alan Ball, protagonizada por Kevin Spacey, Annette Bening, Thora Birch, Wes Bentley, Mena Suvari y Chris Cooper.
Lo titulé “Somos Una Familia Muy Normal” y fue publicado en un semanario local. Su argumento lo sinteticé en una palabra. Me pareció que tocaba el tema de la hipocresía que emerge de las familias tipo. De alguna manera, trata de satirizar la forma de vida de algunas familias norteamericanas.
La actuación de Kevin Spacey, logra un brillante personaje cuya oscuridad infeliz retrata al padre de familia, cuya única alegría mañanera es tocarse debajo de una ducha ni bien empieza el día, tras varias intentonas de buscar tener relaciones con su esposa. Su esposa, una de esas personas que aman tener todo bajo control y organizado, con la casa excesivamente prolija, hasta tal punto de obsesionarse con eso encegueciéndose con cualquier señal de afecto. Lo material omnipresente enmoheciendo el criterio fundamental de la vida que constituyen los afectos, reemplazado por una regla de vida que, en un momento de tensión con su hija, intenta darle su cátedra, luego de decirle que su padre lo avergüenza porque cada vez que trae a su amiga, se moja. “Con la única que puedas contar es contigo misma”, le dice llorando.
Por otro lado, los vecinos que viven justo al lado de la casa, son el costado antagónico, y no tanto, de esta familia. Un padre sobreprotectormente patológico, nazi y amante de las leyes, una mujer que no emite opinión alguna y sumisa, cuyo silencio da el afirmativo que el ex comandante necesita, y un hijo multifacético y drogadicto, pero a la vez reprimido, ambas cosas provocadas por las desaveniencias dictatoriales de su padre.
Ganador de 5 premios Oscar, lo cual no acredita en nada la calidad de la película, muestra de una manera sarcástica, impúdica y perfectamente cruel, lo inconvivible de estas dos familias, cada una por su lado, con distintos paradigmas que se vuelven idénticos al momento de tenerse en cuenta como modelos de infelicidad absoluta.
La dirección de Sam Mendes da cuenta del intérprete de un guión que tiene por momentos, toques graciosamente tristes y con una gran visión de los problemas cotidianos que hacen a cualquier familia tipo que vive bajo el poderoso y nefasto influjo del éxito como norte y objetivo. Las situaciones conflictivas se hacen patentes en un grupo de personas que no saben como manejar los problemas diarios de cualquier grupo de personas y eligen negarlos, disimularlos, disfrazarlos de otra cosa, bajo una máscara de felicidad ficticia.
Un cachetazo a la cruda realidad que se hizo ficción, tantas veces real. Molesta. Una peli que molesta a gente que se fue escandalizada del cine, diciendo: “no me gustó”, “no la entendí”. Es que toca los más profundos retazos de mentira familiar, e incomoda, cuestiona, hurga en los rincones más duros de nuestro ser cuando nos preguntamos si realmente somos felices con lo que vivimos. Si profundizar un poco acerca de lo que vivimos nos acerca a los fantasmas del abandono, de la soledad, de aferrarnos a algo que si perdemos nos liberamos. Y no nos damos cuenta que la superficialidad enceguece y no deja avizorar grandes oportunidades de horizontes que nos esperan cuando profundizamos. Profundizar es doloroso y molesta. Pero bucear aveces te hace encontrar los mejores tesoros. Y lo mejor, es que están adentro nuestro.

1 comentario:

Javier Marenco dijo...

... nada verdadero está fuera de nosotros... es "buceando" en nuestro interior que despertaremos... Javier M.

"hacia arriba subes, hacia adentro te elevas" J. Olguín

11152 visitas al 20 de marzo de 2017