martes, 15 de marzo de 2016

CEGUERA NACIONAL



Revolviendo unos papeles de la carpeta color púrpura, sigo encontrando cosas que me sorprenden rotundamente. Un manuscrito titulado Costumbres Argentinas, que dice así y no es ningún estreno. Es la vieja historia repetida del “yo veo un museo repetir el pasado” de El Tiempo No Para del brasilero Cazuza, que interpreta tan argentinamente la Bersuit Vergarabat, con el pelado a la cabeza todavía y De La Cabeza:
“Las opiniones acerca del discurso televisado en la cadena nacional dan cuenta de un país aburrido”, arranca. No se si se acuerdan del spot televisivo de la campaña de De La Rúa en el que se quejaba de que le decían aburrido. Quería dar la imagen de honestidad y moderación que se había ido por la borda en la era del menemato.
Sigue: “El discurso mostraba a un presidente ´honesto´y ´preocupado´por su país. La veracidad de sus intenciones no son certeras. Tampoco es buen actor”.
El contenido del falso discurso apelaba nada más ni nada menos que al pago de impuestos y la obligatoriedad “moral” que conllevaba dicho deber ciudadano. Dato al margen: había un índice de desocupación del 14,7%. Y se había incrementado rotundamente el subempleo.  
Telefe hacía pública su ironía con el presidente de entonces. Se lo veía al conductor Raúl Portal (acérrimo defensor del cura pedófilo Grassi) dramatizar con ironía barata a un pedazo de discurso presidencial: “si usted no quiere pagar los impuestos, no pague”.
Hacía mucho que no se hacía cadena nacional. Durante el menemato salía Carlos Corach a hablar al público por la mañana, como lo hizo Aníbal Fernandez durante el gobierno de CFK. Es publicidad de los actos de gobierno por más que las viejas oligarcas y no tanto se quejen de que no pueden mirar la novela, como si la ficción superara ampliamente a la realidad en materia de prioridad ciudadana atienente a la democracia que se alimenta de la participación popular.
En el débil discurso, De La Rúa rogaba encarecidamente que paguen los impuestos. Y la remató diciendo: “Si no pagamos los impuestos, nos vamos a arrepentir. Este país desaparece” Como si este país se mantuviera en pie por los impuestos de la clase baja y media, ya que la oligarquía evade impuestos, porque son quienes gobiernan los hilos de la política. Eso no es nada nuevo. Genera ganancias a costillas de la clase trabajadora, cuando manejan los hilos de las marionetas del Congreso Nacional haciendo leyes para mantener el statu quo económico vigente.
El único gobierno que enfrentó esta situación con un estado de bienestar keynesiano como modelo económico fue el kirchnerismo, que perdió el último ballotage con un candidato poco kirchnerista y más cercano al “desaparecido” duhaldismo.
A la mañana siguiente se escuchaban las opiniones indignadas de los ciudadanos. Radio Continental transmitía la voz del ciudadano Jorge que decía que “no se puede extorsionar a la gente para que pague sus impuestos”. Ya se estaba delineando una pueblada porque parecía una cargada la conminación ulterior en pos de evitar la desaparición del Estado. Estaba vaticinando el lema anarquista del “que se vayan todos” y era inminente un estallido social.
Producto de las costumbres argentinas de la década pasada, es la ingenuidad voluntaria con la que se maneja el pueblo argentino en las urnas, el único día dominguero en que se siente parte del país y vota para después ir a comer las pastas del domingo con su familia y hablar y discutir de política. Sólo ese día. Para que todo siga igual. Con la cabeza inundada de promesas que revelan los medios al mejor postor publicitario. Los medios de comunicación se transforman en la gacetilla de prensa del partido que la tenga más grande. Hablo de la maleta.
Falta poquito. De La Rúa remata diciendo y burlándose de la teleaudiencia: “Estamos en el tercer mundo. Paguemos los impuestos porque se nos viene el país abajo”. Los argentinos critican, sintiéndose abajo. Escupen para arriba, cuando lo pueden hacer en forma horizontal. Se olvidan que esa gente está ahí por ellos y para ellos.
Termino de leer el manuscrito de la carpeta color rosa púrpura. Y se me viene a la cabeza la coyuntura actual. No hay más ciego que el que no quiere ver.  

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