jueves, 28 de mayo de 2015

El abrazo genuino

Aunque no se haya quedado con ser sólo el Alcalde de San Mateo, vuelve a España para ver a sus suegros y entrar en contacto con la logia de Cádiz a la que también pertenecía. Allí se encendió el fuego de la revolución que iba a liberar un continente. ¿Les suena familiar argentinos?
Vio coronar a Napoleón. Lo estremeció el vitoreo popular de semejante figura. De un héroe popular. Un sentimiento supremo que sentiría más tarde. Más que nada en el mundo, amaba el fervor popular.
La fallida invasión inglesa dio pie a la autogestión del pueblo colonial para defenderse, tras los fallidos intentos de la corona española por evitarlo.
Bolívar ve esto y vuelve a su América natal para llevar a cabo el ideal libertador.
Entretanto Londres no decía ni fu ni fa. Quería asegurarse el comercio con América. No quería romper relaciones con su aliada española, mientras apoyaba los movimientos emancipadores americanos para generar un vínculo comercial que, de hecho, sometió a la Argentina durante toda su historia de dependencia a la corona británica con vastas desventajas comerciales y relaciones carnales. ¿Les suena argentinos?
“Si se opone la naturaleza lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, decía Bolívar en torno al terremoto que arremetió contra unas veinte mil personas, que constituía en ese momento un cuatro de la población venezolana. Las fuerzas realistas aprovechaban la desgracia y avanzaban. Así caía la primera república en manos de los realistas.
Con la firma del armisticio de Miranda con las tropas realistas, se entregaba Venezuela a los realistas cual pacto Roca-Runciman y la entrega del negocio de la carne a los ingleses.
Ya en Cartagena de Indias, se pudo rearmar nuestro prócer y fue nombrado Libertador. Mientras, pasaba a cuchillo a todos los que se oponían a la corona española generando una masacre más en la historia de la búsqueda de identidad originaria de los pueblos latinoamericanos. También se acuchillaban a los propulsores del cambio.
Tras un discurso alentador y unificador de América para los americanos, Bolívar inicia una revolución hablada. Y dijo: “dios concede la victoria a la constancia”. Inglaterra aprovechaba la ambigua posición para hacer excelentes negocios.
Montesquieu decía: “Es más difícil sacar a un pueblo de la servidumbre que subyugar a uno libre”.
Más allá de esto, El Libertador estaba dispuesto a luchar contra natura por la Patria Grande Latinoamericana, soñando con un congreso en el istmo de Panamá negociando con el resto del continente.
Para Bolívar, la educación era el cuarto poder del Estado. Constituía jerárquicamente el poder moral.
Vino el abrazo. Nada más ni nada menos que con su par argentino: San Martín, que quería someter de forma  sorpresiva su ejército a las órdenes de Bolívar. Charlas, despedidas. N se sabe qué pasó. Bolívar tenía un amigo con quien compartía enemigos. Lejos quedaban los enemigos que habían dicho ser sus amigos, hasta sus hermanos ocultos. San Martín vio tan grande a Bolívar que ofreció ponerse bajo sus órdenes. Loable la actitud de un tipo que venía liberando un continente sólo. Sin la ayuda de Buenos Aires, que se había quedado con la vena ante la desobediencia de San Martín de volverse a enfrentar el ejército de Artigas, un hermano que también quería liberar el continente. Parece que fue un obstáculo en los planes de un Buenos Aires que quería ser apéndice de Europa. Bolívar lo vio tan noble y de una grandeza moral como pocos. De ninguna manera quería mandar un tipo tan gigante.
Luego de la reunión que mantuvieron San Martín les dijo sus soldados: …

Continuará… 

martes, 19 de mayo de 2015

Bolívar: la astucia de la razón

Hijo de una elite criolla, los mantuanos, Simón Pedro. En esta piedra edificarás tu iglesia. Una compañía que comerciaba esclavos era una cachetada en el pequeño rostro de un Simón que ya aborrecía la explotación.
Criado con un pecho cubano, el destino firmaba su ironía. De pequeño lo querían encauzar en la toma de los hábitos que significan la religión. Siempre tuvo personalidad. Se dedicó a la maestranza. La docencia fue parte suya en una escuela pública.
El Emilio de un tal Rousseau fue forjando una personalidad fuerte, con las convicciones bien claras. Con decisiones fielmente tomadas a la claridad de sus convicciones. Sin la necesidad de que alguna autoridad le diga lo que tenga que pensar, ni le gobierne un corazón forjado a base de justicia ante la escandalización de cualquier injusticia cometida contra el débil y el sufrido.
Los aires de revolución se transformaban en vendavales, en tornados, que se encontraban con otros del sur, augurando una unidad continental que iba a ser historia.
Un incipiente libertador que pensaba que las escuelas se tenían que abrir al pueblo. Que el poder se desestabilizaba cuando había una base culta y sabia. Que ya no necesite quien la gobierne. Porque detenta tanta inteligencia que puede gobernarse por sí misma., mientras los administradores del poder tienen la sabiduría de esas masas, a las que prefieren incultas, ignorantes y brutas, dependiente de ese estado de cosas o lo que se llama Statu quo vigente reproductor de las mayores desigualdades de las que se alimenta. Los beneficiarios de los detentadores del poder económico, y por ende, político, social, cultural.
 Ante tanta represión porque no fluya la educación, surgen pequeños focos iluminados que hacen consciente esta situación. Y emerge un fuego revolucionario de abajo hacia arriba. Como todo lo reprimido, tiende a salir. A manifestarse en sus diversas máscaras.  No sólo como la primera forma en que fue reprimido sino  en una tensión de opuestos que desembocan en una síntesis y que hace mella en el inicio de la astucia de la razón. La razón fría y objetiva con una astucia que requiere de sangre, sudor y lágrimas. Hegel es el inventor de este concepto fiel a su estilo de enfrentar términos antitéticos.
Simón Rodríguez, homónimo de Bolívar, fue quien lo inició en el arte de las letras. Cuando muere dice de forma estremecedora para la historia: “quise hacer de la tierra un paraíso para ustedes; lo hice un infierno para mí”. Y ese ejemplo, de ese maestro, se grabó a fuego en la cabeza de este futuro libertador, en el que basó su política posteriormente, y en el siglo XXI, Hugo Chávez.
Luego de haberse sublevado contra las reticencias del poder a realizar y construir un pueblo digno, sabio y, por ende, libre,.
Simón jugaba a la raqueta a pegarle a una corona de Fernando VI. Otra jugarreta del destino que después dejó de ser un juego.
Su vida amorosa duró poco. Su amor era otro. Realizó artimañas para conquistar el corazón de una joven. La hija de un marqués español a quien enfrentó diciéndole que quería casarse con ella. Era directo con sus palabras. No andaba con vueltas para hablar. Lacerantemente directo. Esas lastimaduras en las grietas del poder. Hasta en eso molestó al poder. Una molestia que tuvo sus resultados en la boda con la mujer que él quería. María Teresa murió 8 meses después de casarse con el libertador futuro. Tal fue así que si no hubiera sentido esa pena tan temprana a su boda con la mujer que amaba y por la que tanto luchó, quizás no hubiera a llegado a ser conocido por la historia como El Libertador.

Continuará…

lunes, 4 de mayo de 2015

Los dioses ensañados con el hombre

Si algo he de ver en una carpeta de recuerdos, trato de sacarlos y vislumbrar en una hoja en blanco aquello que me recuerda. Un papel con anotaciones. Lugares turísticos de playas a conocer y conocidas. Concretadas finamente. Pinamar, Mar del Plata, San Bernardo, Mar del Tuyú, Santa Teresita “Estancia El Carmen”. Y el título abajo: averiguaciones sobre vacaciones del 2006. Febrero. Decididos finalmente sobre la última. Anotaciones de números de teléfonos. Direcciones. Y los pormenores. Parcela. Carpa 4. Colchón inflable. Luz parcela. Todas tienen luz. Cabañas. Parcela por día. 26 pesos. Año 2006.
Cuánto preparativo, cuanta cosa se pone en juego cuando uno programa las vacaciones. Divertimentos, pasatiempos, salidas nocturnas, comidas. Es una movida que tiene como característica principal irse. Cortar. La interrupción del todos los días y vivir algo diferente. Pero qué estúpido se pone el ser humano cuando se va de vacaciones. Por momentos, me da la sensación que hace cosas que salen de su condición de hombre cauto, moderado. Parece que quiere morir en vacaciones. Y algunos lo hacen. Se quedan en la mar. Para siempre. Negligentemente le rinden culto a Poseidón. Sacrificando su cuerpo. Se meten lo más lejos que pueden al mar. Parece que desean hacerle un guiño a la parca, que disfruta su próxima presa que se acerca brazada tras brazada alejándose cada vez más del borde y haciéndole caso omiso al señor del silbato, el metro sexual de turno que con largavistas se indigna del salame que se está yendo de su visual.

No. No puede más. En un momento dado, sus brazadas ya no recocen su cuerpo. Porque no es él quien lo mueve sino el propio mar, que forma parte de inmenso océano, manejado por Poseidón, que bate las olas, según la mitología griega antigua. Y no. No se puede mover más porque su cuerpo está seriamente atravesado por el tridente de Poseidón. Y la parca que al lado se ríe, poniendo los dientes de arriba sobre los labios de abajo y diciendo: “no aprenden más. La especie humana es muy fácil de descifrar. Son como pájaros a los que le encantan estrellarse contra lo que nunca pueden atravesar”, le dice a Poseidón, al que ya se le marcaban los músculos sosteniendo el tridente con una mano y con la otra se acariciaba la barba y se divertía porque había pescado otro hombre que se había burlado de él y que lo había desafiado ninguneándolo, queriendo atravesarlo y pensando que el hombre era superior a los dioses. Las risas de ambos dioses, de la parca y de Poseidón contrastaban el paisaje con el llanto desesperado de los otros hombres que buscaban al desafiante y de los hombres del silbato que salieron a buscarlo, en vano, porque nunca más lo encontrarían. Porque ya estaba perdido entre la muchedumbre de los peces, que se habían encargado de desvestirlo de su piel y dejarle solamente su espíritu que ya había ascendido y que miraba todo desde arriba diciendo: “¿para qué desafiar a la inmensidad? ¿Por qué desconfiar de los dioses? ¿por qué del espíritu? Ahora aprendí, tarde, pero aprendí que el hombre es el único animal que se ahoga varias veces con el mismo océano”. La Parca y Poseidón reían entre lágrimas y brindaron por la nueva caza.   La gente no podía creer la injusticia que albergaba en el vientre de los dioses, tan venerados por ellos. No podían creer que estén tan ensañados con el ser humano.

11152 visitas al 20 de marzo de 2017