domingo, 29 de marzo de 2015

Curvas, elevaciones, llegada

-¿Estás acá al lado?-me pregunta. Agrega: -Es el taller de mi hermano. Esta es la calle Alem 23.
Ahí respiré y le mandé un mensaje a mi familia cosa que sepa dónde iba a morir por lo menos.
Al rato, vuelve el tipo con la manguera en la mano. Que no se mal entienda. Todavía hablamos del auto.
-Esta va a funcionar-dice
La coloca y respiramos un poco más fluido todos. Estábamos un poco más contentos. No nos teníamos que quedar ahí, de ninguna manera. Y bueno, la cambió y la purgó. Yo las únicas purgas que conocía eran las que había hecho Stalin en la Rusia Soviética.
Lo prueba y la temperatura ya no subía tanto. Pensé: “me va a aniquilar con el precio”. Deslizo un tímido:
-¿Cuánto es?-me atajo.
-250 pesos. ¿Te parece bien?-me pregunta
-Seeeeeeeee-dije alivianado, ya que había pensado en un 500.
Fui tan amable que le dejé 300 y un fuerte apretón de manos que dejaba entrever a las claras el alivio que sentí de que no me había salido tan caro al fin y al cabo el incidente. El tipo me salvó las papas y yo que creí que era Jason de Martes 13.
Para esto la nena ya se había hecho amiga del tipo y se cagaba de risa de la situación más que yo. De ehcho, se portó 10 puntos, lo que me relajó y me puse a pensar que todavía queda gente solidaria en el mundo.
Antes de esto, otra señora nos había ofrecido llamar a un mecánico desde su celular. Otro se acercó para ver si podía resolvernos algo. La verdad es que nos trataron muy bien. Habremos tenido suerte.
Seguimos camino por ruta desértica. Pensamos que si nos pasaba algo ahí , sí que estaríamos fritos. No pasaba ni el fardo rodando que se ve en las películas del lejano oeste. Se empezaban a avizorar elevaciones. Las sierras.
Cansado de manejar, cambiamos conducción. Lejos, se veía una plácida visión de un paisaje fornido de floras y faunas que no me dejaban dormir porque no podía cerrar los ojos de la belleza que reflejaban. Por lo que manejé el último tramo. Curvas, elevaciones, llegada.

jueves, 19 de marzo de 2015

Los tipos del auto

Traté de pensar que el tipo me inspiraba confianza. En ese momento, pensé que tenemos l cabeza podrida de pensamientos nefastos. Quería pensar que todavía había gente honesta y solidaria. Pero desconfiaba de todo. Hasta pensé que me la habían pinchado en la GNC la manguera. Y que estaban todos entongados. Tenía tal persecuta que era flanco fácil de cualquier artimaña o reacción del interlocutor que me abordaba para decirme un hola ¿que tal?, simplemente. Pensaba que en cualquier momento me sacaban el chumbo y me decían “dame todo”.
Y la verdad es que todavía hay gente solidaria. El tipo, para aflojarme, me empezó a contar un chiste. Nada menos que un chiste acerca de los porteños. Porque esa es otra. Por más que no vivas en Buenos Aires, vivis en la provincia de Buenos Aires y para el interior sos porteño. El personaje principal del chiste era nada más ni menos que Judas, el supuesto traicionero. “Uno de ustedes me va a traicionar”, dijo. Yo no lo escuche al chiste. Me lo contaba tan despacito y pausado que su paciencia contrastaba con mi desesperación. Pensaba sugestivamente que me lo contaba para traicionarme. Pensaba que iba a agarrar la escopeta que miraba desde la pared, que me iba a apuntar y que me iba a decir que me vaya y que le dejara todo. o que me iba a cobrar muchísima plata a propósito para que no le pueda pagar y poder cobrarse con mi mujer. Esas fueron algunas de las cosas que se me pasaron por la cabeza. Por mi podrida cabeza.
Cuando levanto la vista, después de haberme reido si entender el chiste y de haber pensado todas estas escenas de películas que hablan de gente que se queda con el auto en la carretera y le pasan miles de cosas horribles, veo que el tipo estaba como dando muchas vueltas. Con una increíble, inimitable y envidiada pachorra. Tranquilo como agua de tanque dice el dicho.
-¿Me esperan que voy a ver si esta mi viejo? Quiero ver si encuentro una manguera más parecida a la original.
Nosotros nos miramos y decimos:
-Y…si.-y pensé: “¿dónde nos vamos a ir?
Ahí le dije inmediatamente a Ye todo lo que pensaba. Me dijo: “ No. Quédate tranquilo. El tipo me inspira confianza.” Entonces aflojé un poco con la persecuta.
En ese momento frena un auto con unos tipos adentro que miraban hacia donde estabámos nosotros. Y ahí me cagué otra vez. Y a la vez tomé coraje y encaré con todo hacia donde estaban los tipos. Saliendo de la casa. Puse muchísima cara de malo. Parecía un forajido al que lo habían molestado sólo por forajido. Como si sirviera la cara que pongas.
Les pregunto manteniendo los músculos faciales intactos:
-¿No sabé qué calle es esta?
-No, ni idea.-me dice el acompañante.
-Pará que le pregunto al de al lado.- le digo como diciendo “no sabes nada, querido”
Le pregunto al tipo que vivía al lado del presunto taller en el que estábamos. Me dice:
-¿A dónde querés ir?
-No. –sonrío de la situación nerviosa y le explico el problema que tuve mientras los tipos del auto me seguían observando.
Continuará…




lunes, 9 de marzo de 2015

La escopeta sobre la pared

El número de grúa del ACA. Llamé al número de la grúa del aca, hirviendo de la calentura. Y nunca me atendieron. Automáticamente, pensé en dar de baja el seguro y  en matar a alguien. Me dije calma. Esto tiene que tener alguna solución. En eso llega ye y me dice que el tipo del autoservicio donde entretenía a la chula le dio un número de mecánico conocido.
Para esto había un chico al que se le había roto la palanca de cambio. Y se lo estaba llevando una grúa. Voy y le digo al tipo de la grúa si no me puede venir a buscar. Ya que había cerca una estación de servicio Esso. A 7 km. Me dijo que no porque tenía u viaje más y se volvía para Córdoba capital.
En fin, después de esperar una hora, vino el mecánico que dijo que en 15 minutos estaba. Cada minuto en que pasan estas cosas se intensifican cada vez más y el tiempo parece eterno. Así como se intensifica la desesperación. Lo triste que es querer continuar y no poder.
Viene el tipo. Con humor cordobés se acerca. Nos dice que tiene un pedazo de manguera y que lo va a poder arreglar seguramente. Nosotros ya pensábamos que nos quedábamos hasta el lunes en Oncativo. Ahora, este tipo nos dijo que lo acompañemos hasta su taller. Ahí me entró el pánico en serio. Pero no me quedaba otra. Lo seguimos. El flaco se manejaba en una Traffic hecha pedazos. Toda oxidada. Llegamos al taller y empieza a hablar con otro tipo. Se me empezó a llenar el culo de preguntas. Si estoy sólo, me la rebusco, pero con una criatura y mi mujer, es distinto.
Me entró más aún el escozor cuando entro el auto al garaje del tipo. Empiezo a mirar para todos lados y apoyada contra la pared veo una escopeta. Me bajé preparado cual luchador de Mortal Kombat que iba a ser víctima de una fatality. Y me decía: “Quedate tranquilo. No va a pasar nada”…

Continuará…  

domingo, 1 de marzo de 2015

Relatos Salvajes

En un momento me agarró la paranoia por mi hija. Empecé a llamar a la gente que laburaba ahí y les preguntaba si tenía el número de teléfono de algún mecánico. Me dijeron:
-¿vos querés que me echen?
-No. Me quiero ir simplemente.
-Tranquilizate y anda a tomar un refrigerio con tu señora hasta las 4 que abren los negocios-mientras me apoyaba la mano en el hombro consolándome.
Yo me lo quería comer crudo. Con la mirada de la desesperación. Seguro que tenía los ojos salidos para afuera como pejerrey recién sacado del agua. Es la típica locura que le agarra a cualquier padre con un hijo, creo yo. De lo contrario, me chuparía todo un huevo y me cagaría de risa de lo acontecido.
Más bronca me agarré aún cuando quise llamar al seguro. Ahí confirmé que a seguro lo metieron preso. Más inseguro que seguro, la caja de ahorro y seguro? Muy amablemente me toman los datos hasta que les dije dónde estaba. Córdoba. Es como si les hubiera dicho que estaba en el Congo Belga. En Oncativo, en un GNC que queda sobre la ruta. Sobre una autopista? No va a poder ser. Va a tener que llamar a Grúa Autopista. Ahí recién me enteré que las grúas venían con apellido. Les pedí si no tenían el número de Juan Grúa Autopista Fernández…5 minutos esperando la respuesta. Total soy yo el que llamé. Qué problema se van a hacer ellos.
-Hola, disculpe la demora. Pero no lo tengo al número. No lo encuentro por acá. Pensé que lo tenía, pero no…
-¿Y qué hago ahora que le deposité todos los meses en su cuenta la plata que me roban por mes para no solucionarme nada?
-Llame a atención al cliente. Tengo el número si quiere. (Me sentí violado, diría un amigo)
Como un reverendo imbécil llamando a Atención al Cliente. Me atiende un tipo al que le explico la situación.
-Me mataste-me dice.-te doy el número de una grúa del ACA (Automóvil Club Argentino).
Llamo. Nunca me atienden. Ya escalando al punto extremo de la sangre hirviendo, automáticamente pensé en dar de baja el seguro, porque no sirven para nada más que para sacarte guita todos los meses, y en detonar alguna aseguradora. Pero bueno, Relatos Salvajes todavía no había salido en cine. Creo que Damián Szifrón y compañía me estaban espiando para la idea de esa película.

Continuará…

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