martes, 1 de diciembre de 2015

Jueces que conversan

No es novedad que en el poder judicial medie la hipocresía en las relaciones humanas. Sin embargo, hay una cuestión que es visible en lo atinente a la emergencia de este tipo de relaciones que dan lugar a diversas excepciones que, en forma esperanzada, están aventajando a la regla.
Múltiples personas del ambiente han dejado una huella indeleble en uno de los edificios más antiguos de la ciudad, esbozado en su momento, por el gran Fifo Roggero.
La investidura de un juez era considerada sagrada ante el pueblo. Gracias a estas personas, se puede ver que un  juez conversa, como cualquier ser humano. Es más, ama dialogar porque cree que allí reside la transformación social que nos llevaría a una justicia más cercana a la gente a la que va destinada.
Sin entrar en consideraciones técnicas, lo cual al llano cuesta entender, en la emoción de pedir venganza, en vez de justicia, violencia que alimentan los multimedios en pos de dividir a la sociedad para reinar como el príncipe de Maquivelo, nombre que merece el desenvolvimiento mediático en respeto de sus intereses económicos y en detrimento de la credibilidad e independencia que se leen en sus sloganes.
Sin dejar el hilo de lo que venía a exponer, se percibe en el ambiente vientos de cambio. Frase trillada si las hay. Cambios de paradigma económico, volviendo a lo mismo. “Veo al futuro repetir el pasado…un museo de grandes novedades”, escribió el músico brasileño Cazuza y reveló la Bersuit Vergarabat posteriormente para Argentina y su situación de revuelta pos 2001.
Sin perjuicio de ello, la mitad de la población dividida en dos modelos económicos. Cómo afectará esto al ambiente judicial. ¿Algún candidato habló de esto? ¿Se volverá al acartonamiento de jueces robot que no van ni siquiera al baño, por no ser más escatológico aún? ¿Se mantendrá lo conseguido en materia de derechos? ¿o vendrá el ajuste por ahí también? ¿ Se endemoniará nuevamente al garantismo como algo perverso “a favor del delincuente” o se permanecerá en la conciencia de que garantismo significa respeto a la constitución?
En fin, aún hay jueces por rescatar de este entramado conflicto en que nos vemos inmersos los argentinos. Esta dicotomía que se creía superada. De este péndulo que se estimaba favorablemente roto, volcado hacia el lado de la inclusión.
Aun así todavía hay jueces que se sientan a conversar. Que rompen la burbuja y salen a la calle por miedo a perderse algo de lo que sucede allá afuera, donde termina su firma, donde surte el efecto de esa montaña de papeles que tiene en su escritorio, en cada uno de los cuales hay una necesidad, una demanda social, un “detrás está la gente”,  cantaba Serrat.

Hay un ensayo en mis manos. De uno de los jueces a quien intento hacerle honor con estas palabras. Que si me da permiso, será publicado en breve. 

lunes, 30 de noviembre de 2015

Frases imprudentes


“El hombre nace libre, pero en todas partes se halla encadenado” Jean-Jacques Rousseau. El Contrato Social

“La conveniencia pública será siempre contraria a derecho” Precedente útil a la clase dirigente. Felipe Pigna, Los Mitos de La Historia Argentina

“Los hombres sabios discuten los problemas; los necios los deciden”; Anacarsis, Filósofo Griego (S V AC)


“Nunca fueron imparciales los rebencazos policiales” Agustín Castro, abogado, periodista, artista contemporáneo.


lunes, 23 de noviembre de 2015

La conspiración marrón

Dan Brown es un autor estadounidense que escribió La Conspiración, entre otros éxitos a nivel mundial, como la hipótesis brindada de un Cristo moro en El Código Da Vinci, desmitificando las llamadas sagradas escrituras.
En La Conspiración cuenta detalladamente los entretelones del poder que se gesta desde la Casa Blanca, tanto con sus opositores, cuanto con las empresas privadas.
Es el juego de intereses que están en conflicto con el conflicto de intereses en juego, que se da en el marco de las elecciones venideras a presidente de la gran potencia mundial.
En el relato, el autor esboza una cierta mirada crítica sobre estos entretejidos de complot, hasta de los que parecen estar del mismo bando.
Un libro de unas 600 páginas de fácil lectura y de final anunciado, que se leen fácilmente, pero que peca quizás de tedioso a la hora de entrar en descripciones absurdas. Falta de entendimiento para un público llano acerca de la composición física y química de los meteoritos y su impacto con el Artico, donde se sitúa parte de la novela.
Dan Brown, como lo decía más arriba, es también autor del Código Da Vinci, fiel a su línea paterna, hijo de un matemático, relata con minuciosidad las traiciones políticas entre un bando y otro que dan lugar a delaciones y distorsiones, extorsionando a la vida misma.
El Código, La Conspiración y Ángeles y Demonios son un cóctel explosivo de revelaciones de diversos mitos que se presentan a la sociedad como verdades absolutas. Sin embargo, La Conspiración deja mucho que desear. No tiene esos finales de capítulos que te hacen quedar con la vena en la garganta, que deja estupefacto a un público obligado a seguir página por página sin interrupción.

En La Conspiración no se ve la hora de llegar a la página 600, para no dejarlo por la mitad. Aburre tanta descripción innecesaria. Lo rescatable del mismo es el sin fin de alianzas que se tejen en torno d algo donde detrás hay un interés económico oculto. Lo cual tampoco configura ninguna novedad. Es el poder de cómo, a la vez, se deshacen con un cómico fin: el hecho de conseguir más poderío económico y ejercer el poder desde la Blanca. 

martes, 17 de noviembre de 2015

Bicho de oficina


Todos los días asiste en silencio. Como carcomiendo lo imprevisible. Ningún día se le complica porque tienen la mansedumbre de ser iguales ante tanta rutina gris, previsible. Lo cual para él está bien. Es normal. Tal es así que no disfruta los fines de semana. Porque un fin de semana rompe. Un “finde”, como dice la gente que él detesta, es un ruptura a esa elaborada rutina que tanto cuesta respetar. Pero hay que hacerlo. Porque así se debe. Y porque así le enseñaron de purrete.
Por eso se descoca los findes. Alcohol y algún que otro cigarro a escondidas porque su mujer no se lo permite.
Llega el domingo y la pilotea con su familia. La pilotea porque gusta de pasar un buen almuerzo controlando que todo vaya por su debido cauce.
El lunes se levanta, temprano. Y se apresta para ir a trabajar. Se afeita. Se emprolija para volver a la rutina semanal, con gusto. Se perfuma con un perfume no tan caro. Y entra a trabajar, antes del horario estipulado. Porque es impuntual. Pero de los impuntuales que llegan muy antes.
Ni bien llega pone la pava. Porque el mate es el inicio de una actividad. El mate da comienzo a algo que nos decidimos a hacer y que no tenemos tantas ganas, quizás. Entonces una forma de dar vueltas sobre el deber es poner la pava. Y hacer un buen mate para iniciar cualquier actividad. Este muchacho no escapa a esta regla tan argentina, que hasta los músicos de Metallica adoptaron para grabar un disco.
Si no está todo cuanto planeó se ofusca, se resiente. Y ya algo le cagó el día. Y empieza a repartir mierda por doquier y a granel, caiga quien caiga, dijo Pergolini. Le brota un pseudoimposibilidad de comunicación con el otro. Se empaqueta en una forma que lo obnubila y encierra en sí mismo. Mucho miedo brota de su ser ante una situación que pierde el control. Porque todo tiene que estar bajo control. Como si la vida pasara por un televisor y hay un control que gobierna la pantalla. Y es como que ese control remoto se quedara sin pilas y la tv haya quedado en un canal para adultos habiendo chicos alrededor. La desesperación de desenchufar la vida, eliminando a los anarquistas que hacen que la vida anómica se desenvuelva con un dejo de insolencia que momifica la atinencia a que el tipo se pueda sentir ameno con su vida. Caos. Miedo al caos.
La imposibilidad de afrontar una vida sin control remoto lo hace aferrarse a una rutina repetitiva que engañosamente lo afana a sentirse protegido por la misma a fin de no caer en el flotamiento que significa viajar a la deriva en medio del océano. Más vale hundir al resto y no hundirme yo, piensa. Entonces el miedo lo lleva a pisotear, en el afán de no ahogarse.
La repetitividad le hace pensar que nada va a cambiar. Que hay que resignarse a esto que hay por más que sea injusto. Siempre va a ser la misma mierda. cual tango que suena incesantemente en su cabeza, vive con nostalgia los recuerdos del pasado, como añorando aquellos años felices. “Se que el pasado me odia y no me va a perdonar mi amor con el povenir”, canta Silvio Rodríguez en una de sus bellas poesías llamada Nunca he creído que alguien me odie. Bueno, el tipo no entiende a Silvio Rodríguez porque esquiva conectar con cualquier emoción. Porque eso es cosa de débiles.
Su pesimismo lo lleva a una vida gris. Destruyendo y reaccionando ante todo atisbo de construcción. Goza de la desazón que le causa al tipo que inició algo y se desilusiona porque se le desmoronó. Pone cara como diciendo: yo sabía que iba a pasar eso.
De locomoción lenta, tiene brotes de violencia contra lo movible y la dinámica del buen augurio. Funcional universal como el control remoto que anda en todos los artefactos electrónicos, se autovictimiza ante la situación más absurda y vive pensando en que los demás lo quieren cagar. Porque sufrió la traición de un amor. Lo tocó de cerca y nunca más volvió a confiar en nadie. Se le transformó en filosofía de vida.
Odia la persona que no focaliza. Los que van a la deriva. Crítico de los que hacen los demás. Jamás autocrítico. Porque la autocrítica constituye otro síntoma de debilidad. Es mostrarle el pellejo al enemigo. Quiénes son los enemigos. Todos, menos su familia.
No ve nada bueno de un análisis. No ve ningún costado positivo. Cualquier situación está teñida de negatividad patológica que le impide avanzar. Avanzar. Hacia dónde. Miedo al futuro. Retrotrae hasta en el pensamiento. Le cuesta horrores aceptar que su mujer trabaje. Nunca estuvo de acuerdo en eso. Pero fue un acto liberador para ella y gracias a esa aceptación agarrada de los pelos lo sigue amando.
Nunca discutir. Es lo que le enseñaron de pibe. No cuestionar. Aceptar las cosas naturales. Como vienen de antemano. Hay ejemplos horribles de tentativas de rebeldía que quedaron estampadas y tatuadas en un moretón con forma de latigazo de cinto. Del lado de la hebilla.
Fue acusado de todo. Y acusó también. Estigmatizó gente haciéndoles hacer algo que él mismo provocó a causa de dicha estigmatización. Eso le pasó con su anterior mujer. La estigmatizó tanto con la ciega desconfianza que terminó provocando lo que más temía. Esa infidelidad fue un puñal mucho más duro que cinto de la infancia. Fue una herida al falo, a su machismo acérrimo, a su hombría, a su forma de hacer el amor que él creía la mejor, a falta de autocrítica.
Fue la falsa acusación de algo. Termina provocando la actitud que tanto se quiere evitar, o no. Se acusa falsamente con el fin de provocarla, adrede, sabiendo que el acusado caerá en la trampa. Y el goza de las consecuencias de su inteligencia.

Finalmente, se retira. Se va despidiéndose de la felicidad, en la que no cree. Se va lejos. Donde la estúpida humanidad no lo pueda molestar. Donde pueda encontrar la paz tan anhelada que nunca encontrará, porque el odio lo lleva consigo, adentro, porque lo único que ve es mierda por todos lados. Porque no tiene un rumbo fijo de bienestar. Porque no lo consigue. Y odia y envidia al que logra tenerlo. Hay una frase que define al bicho de oficina: “todo el mundo desea tu bien. Ten cuidado que no te lo quiten”.

viernes, 30 de octubre de 2015

Las Calles de Macri

La quietud lleva a registrar momentos. En este caso era una quietud inquieta. Porque era un cuerpo que permanecía sentado en un colectivo. Que iba para adelante atravesando las gotas de lluvia que estallaban contra el parabrisas y que un limpiaparabrisas no les dejaba ni tiempo a que caigan.
Parecía una ciudad que lloraba. Una herida abierta. En las desiertas calles porteñas, una peluquería que intentaba ponerle onda con un nombre en su cartel: Énfasis. Como si de cortarse el pelo se tratara el asunto para impulsarse hacia la felicidad. Al toque se me viene el tema Marcha de la Bronca a la cabeza: “es mejor tener el pelo libre, que la libertad con fijador”. Imagino a las peluquerías como un centro foucaulteano de disciplina social. Y enseguida me digo que estoy exagerando. Enseguida elaboro una estúpida teoría ampliamente refutable: la gente desprolija es más inteligente. O piensa mejor. El que es prolijo tiene la mente más estrecha. Por ahí se da. Quizás no. “Toda generalización me parece fachista”, bromeaba Guinzburg. Se me viene otra seudoteoría idiota de momento, de aburrido nomás, y ampliamente refutable:  la gente callada y apocada también es más inteligente que los boludos fluorescentes. Qué se yo . Por ahí se da, por ahí no.
Una nota en un diario avisaba que la enfermedad del futuro es la depresión. El futuro parecía ese día. El momento en que se registraba todo esto. Las caras de la gente. En la calle.  La felicidad y el bienestar era puro cuento. Parecía un televisor roto que habíamos comprado cuyo vendedor salió corriendo y no lo vimos más. Automáticamente abstraigo hacia el sistema. Es insoslayable. Pesado, trillado, pero inevitable. Y real.
Donde estás felicidad. Donde está el contraste de la infelicidad de esta gente. Dónde su contracara. Quién se hace feliz con esto. A quien alimenta la desgracia ajena. Por qué una persona vive tirada en la vereda. No es una metáfora. Vive tirada en la calle. Y la policía de esa ciudad…los viene a hundir más de un palazo en la cabeza. A dónde más los quieren hundir? Si. La metropolitana. La policía que inventó la persona que se llevó un 34,33% de los votos en las últimas elecciones presidenciales.
La gente pasa por al lado. Mira la situación y no reacciona. Es lunes. Me pregunto si la falta de reacción obedece al adormecimiento que provoca el fin de semana. O la rutina diaria, semanal, mensual, anual. Rutina. Son tan rutinarios hasta para dejar de reaccionar hasta el más hecho bochornoso como el pegarle a una persona indefensa, en situación de calle. Todo a expensasa de las consecuencias que provoca mirar y no ver. Como ciegos, la rutina obnubila las conciencias con distractores: toda especie de tecnologías que entretienen mientras la vida transcurre. La falta de mirarnos y vernos, mirarse y verse, sin la necesidad de hacerlo reflejado en una pantalla o en la alimentación del ego llamado Facebook. Pero la rutina es productiva. Ciega de dagas en el pecho, fuga de angustias existenciales, vilezas entrenadas en pos del bienestar personal, palabra importantísima en este juego. Personal.
La actividad tapujo de angustias y remedio al estatismo que provoca la desidia y que enferma y desespera a su vez dando aliento al pensamiento. Pensar. Para qué. Depresión, enfermedad del futuro, que es ayer. Psicólogos. Ordenando las cabezas de los desfasados que no se supieron adaptar.
Entonces en esa quietud, la dinámica real nos da un cachetazo. Eso que vemos también es real, y dinámica. El dinamismo con que las fuerzas de seguridad le pegan a un tipo porque…no sé.
Hoy hace 5 años que murió un tipo que quiso evitar todo esto y que nos vino a proponer un sueño. Que vino a proponer que le pongamos fin a una situación de indignidad en el que el país se veía inmerso. Que volvamos a creer en la cultura. Que volvamos a creer. Que volvamos a pensar tras un manto de solidaridad con los que padecen la violencia del hambre, de la exclusión social, la ignorancia y la desidia política. Que nos invitó a participar de la política, de la que se volvió a hablar en las reuniones. Que hacía falta la discusión y el debate político. La participación ciudadana de la que se alimenta la democracia.
Aún hoy sigue latente. Sigue en la militancia de los pibes. Que no pensaban que iban a poder participar de la construcción de un país. Gente que cree en el proyecto desde el corazón, no desde un recibo de sueldo, como creen muchos que enmierdan cualquier atisbo de construcción, que soplan la carta de apoyo en el castillo de naipes, los faltos de aspiraciones, los 34,33 % que no entendieron cómo venía la mano y que se olvidaron de cómo fue.
No sabemos cuál va a ser el resultado del 22 de noviembre famoso. Día de la música. Espero que las orquestas suenen a favor de un día como hoy. Haciéndole el mejor homenaje a este ser humano que perdió la vida tratando de concretar un sueño. Y que no desentonen con el modelo de país que se está llevando a cabo hoy en día. Que no desentone porque cada uno tocó lo que quiso el mercado y no el estado. Y que no desentone la melodía que viene sonando desde el 2003, un país incendiado que resurgió de sus propias cenizas, cual ave fénix, cual pueblo argentino, que, espero, no me decepcione justamente el día de la música, y, que además del DNI, lleve la memoria a votar, diría Mafalda.
Me bajo del bondi. Miro alrededor. Las gotas de lluvia en la cara no las siento. Porque estoy pensando en otra cosa. En que no se generalice la política neoliberal otra vez. Desempleo, gente en la calle, hambruna, miseria, violencia, como la del agente de la policía metropolitana que le pagaba a una persona en situación de calle, en las calles de Macri.




sábado, 26 de septiembre de 2015

Vida a la muerte


Cuando muere alguien muy cercano,  o alguien cuya existencia nos llenaba de gozos y alegrías, o alguien que nos arrancaba una sonrisa en medio de una inmensa tristeza. Esa cara sonriente plagada de lágrimas que se transforman de tristezas en lágrimas de llanto, pero de risa. Y cae la noche ante esa muerte inminente, inesperada, se hace sin querer un homenaje, a ese muerto, que pasó a mejor vida, y nos deja en esta a quienes no queríamos que cesara su existencia.
Se va un grande, dicen todos. Un grande que se reía de sus miserias y las compartía con quienes reían con él. No de él.  Un tipo que hacía gala de las contradicciones de las apariencias y sus contrastes. Un grande que se reía de las pequeñeces de la mentalidad de algunos, a quienes tomaba con humor y con amor. ¿por qué no? Porque no podía odiar una persona de esa grandeza espiritual.
Esas personas que nos iluminan cada mañana con sólo pensarlas. Esas mañanas oscurecidas por la rutina diaria y miserable.  Que nos empobrece el espíritu. La informalidad de la vida, en patas. Sencillez y espontaneidad. Sabiduría. Mucha.
Desde la caja boba, se vislumbra lo único pensante. Su ser ahí presente. Reivindicaba el humor.
Cuando dejó de existir, no paraban los mensajes en las redes sociales. No lo puedo creer, decían. No me vas a decir…eran las respuestas sin respiración. Las automáticas corridas a la tv y corroborar lo imposible. Lo inesperado. El sollozo inevitable  ante el peso de la ausencia de un grande en envase chico.
Si, murió. Son los momentos en que deseamos que muera la muerte. Las mañanas volvieron a ser formales.
Nos llega a todos. Ya sé. No es consuelo frente al desconsuelo de perder a un gigante. No es una muerte cualquiera. Es una muerte con vida. Por su legado. Honestidad frente a la ambiciosa sociedad, anhelante de su risa. Ambición de creer en la venganza contra la muerte.  De que vuelva a reportarnos. De burlarse del final, de no verlo, de que los capítulos continúan eternamente. O que se puede volver a empezar.
¿Podremos empezar lo que un día terminó? ¿Nos podríamos burlar del final inminente y desesperado? ¿Podremos agregarle capítulos a un libro que se cerró? Quizás con la vida del recuerdo, pero ni siquiera eso nos consuela.
La única certeza que nos deja esta incertidumbre es que hay un final para burlar. La memoria es una herramienta sagaz que aveces queda perdida en el olvido. Los finales que nos auguran que no muere lo que permanentemente nace. Los que nos revelan que esto no termina acá. Que están entre nosotros, pensados, sentidos, recordados. Por todos aquellos como él que nos sacaron arrancaron una sonrisa en medio de la muerte y en plena luz, al final de este viaje.
Escrito el 14/3/2008. Dos días después de la muerte de Jorge Guinzburg.

“Hoy falta el sentido del humor. Hay mucha susceptibilidad…Si empezas a tener cuidado en lo que decís en el humor…perdes el humor”, dijo su hija Malena ayer en un reportaje.

martes, 8 de septiembre de 2015

La Venganza de la Muerte


"La muerte que es celosa y es mujer 
se encaprichó con él y lo llevó a dormir
siempre con ella"

(Fito Páez, "Flores en su Entierro", Enemigos Íntimos-1998)

Un Goliat que derrota a David, al menos en una de sus batallas en pos de la humanidad

Un hombre al frente que llevaba sólo tres letras

Las letras que salían de puño duro, pero sin perder la ternura jamás

Burló la muerte en varias ocasiones, hasta que ésta se vengó sin pensar lo que ello generaría

Su estampa sigue firme en las remeras y en los cuerpos que memorizan y eternizan su recuerdo, en contraposición a la apatía del no te metas o del algo habrán hecho que anestesiaba a la juventud.

Libre y rebelde contra la falsa libertad, que hipócrita y cínicamente viene envuelta para regalo

Su vida convertida en herida ajena que se hace propia en su caminar

La venganza del marginado, del sufrido, del vilipendiado y del despojado

Su norte apuntando al sur. Su Argentina que pedía por él

No se puede hacer más nada y pobres hubo siempre eran conformismos inútiles de los que se deshizo solamente con su existencia.

Un mito que desmitificó el dinero, volviéndolo medio, no fin en sí mismo. Porque el fin era el hombre. Y el dinero sólo un medio, como tantos otros, para cubrir sus necesidades más básicas, porque un bloqueo no permitió que se hablara de otra cosa.

Sin embargo, dignidad ante todo. Hasta la muerte.


Y siempre, siempre, hasta la victoria. Por más que su costo sea la muerte, que no le perdonó nunca, semejante ofensa de burlarse de ella en más de una ocasión.


viernes, 21 de agosto de 2015

El Flaco

Al flaco le gustaba volar
Al flaco le gustaba leer
Los libros lo veian crecer
La calle lo echaba a andar

Por las calles del cuartel
No se anima un general
Es difícil encerrar
La apertura de la sien

La guita como algo fugaz
Las cuentas nunca le iban a dar
El vicio de un cigarro prestar
Para un amigo también habrá

Enjutas de sus manos
Poesía en primer plano
Las manos de su madre
Cantadas por un villano

Flaco…quien cantara en las peñas
Flaco…quien romperá esquemas
Flaco…cuanta tristeza y pena
Flaco…queda tu risa eterna, flaco.

Desde el cielo el nos ve
Convenció hasta ese dios
Que lo quiso castigar
Cuando le brotó amar


La vida y la guitarra
Enfundada en su alma
La propiedad es absurda
Dijo en su última curda

Flaco…quien cantara en las peñas
Flaco…quien romperá esquemas
Flaco…cuanta tristeza y pena
Flaco…queda tu risa eterna, flaco.




lunes, 3 de agosto de 2015

Incinerar la solidaridad

El contrato entre dos personas es un acuerdo de voluntad común regido por una serie de derechos y obligaciones estipulados en sus cláusulas.
La verdad es que el hombre, en su afán conflictivo de incumplir con sus obligaciones y realizar uso y abuso de sus derechos, ha constituido este tipo de documento privado entre dos personas a fin de que quede escrito y registrado que un día tal, en tal lugar, dijeron que tal y tal cosa sobre determinado bien o cosa, sobre la propiedad privada de cada uno de ellos.
Algunos ven en el mismísimo matrimonio un contrato. Raro, porque generalmente los contratos versan sobre alguna cosa o derecho, no sobre las personas como objeto del contrato.
Cómicamente, hay una canción de La Sole, por todos conocida, que se llama Mi Propiedad Privada.  Que justamente, plasma aquella cuestión problemática de la posesión de un ser humano en nombre del amor cual si fuera una cosa.
Los contratos nacen para ser cumplidos, dice uno de los artículos del Código Civil de 1870. Es una clara alusión a la reticencia a que se resuelvan los contratos en una concepción claramente conservadora acerca de dicha voluntad común que plasmaron las partes en un pelpa llamado: “Documento”. Para darle más seriedad al asunto leer esa palabra lentamente si se lo hace en voz alta.
Los tiempos cambian. La realidad es dinamismo puro. Cambian las necesidades. Cambian los contratos. Cambia en lo superficial, cambia también lo profundo. No se puede juzgar con la misma vara hoy por hoy y mañana mismo. Es probable que el dinamismo de la realidad imposibilite el cumplimiento de ese Documento. O se cumpla a medias. Eso lo sabe bien la industria judicial. Porque para algo existe. Hasta del más ínfimo acuerdo entre dos personas se puede extraer un conflicto si hilamos fino, y no tanto. Porque de por sí y en esencia el ser humano es conflictivo. Ya viene inmerso en una problemática que es la existencia misma. El vivir, alimentarse, vestirse, cobijarse en una vivienda, relacionarse socialmente para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales.
Por eso, y concientizándonos acerca de lo problemáticos que somos con tan sólo vivir, la conflictividad humana proviene desde la existencia misma del ser humano. Cuando se quejan de que un ser humano es conflictivo, no están diciendo nada más que su principal característica, hombre =problema.
Volviendo al contrato. Es menester la flexibilidad de la voluntad en materia contractual siempre y cuando la flexibilidad no afecte a la parte más débil del contrato. Ejemplo: flexibilidad laboral. Siempre hay una parte que negocia en condiciones inferiores en un contrato.
Excepto abusos groseros de derechos la cuestión es desmitificar la cuestión judicial como creación que responde a la inexistencia de conflictos, para crearlos. La conflictividad humana existe, sí. El tema es si el poder judicial, la prensa y otras instituciones echan más leña al fuego para ahogar al hombre en una hoguera donde las soluciones a esos conflictos se incendien en pos del asadito para unos pocos.

La cuestión tampoco pasa por judicializar la vida cotidiana. La cuestión caranchera en la puerta de los hospitales, perjudicando a un médico que con vocación absoluta y sin dormir dejó la vida en un paciente cuya vida se le fue de las manos. Uno de tantos ejemplos del tronco que aportamos a la sociedad para que se prenda fuego la solidaridad.

lunes, 20 de julio de 2015

Otra Vez ganó el neoliberalismo en la Capital

Los montoneros negociaban con sus víctimas Born. Época de Menem. A Carlos Saúl I le convenía que los llamados dos demonios estrechen sus manos durante su gobierno mientras que él mirara desde afuera, desde adentro, esa estrechez. Ese cruce de manos de la que hablan los peronistas cuando quieren ningunear a la izquierda diciendo que la izquierda y la derecha se dan la mano.
En este caso era para seguir la tura del dinero que había pagado el viejo Born para el rescate de los hijos. O por el hijo de uno de los dueños de la empresa más grande de la patria setentista. 60 mil millones de dólares era la cifra, mientras Born y Galimberti (ex de Susana) se hacen socios bajo la mirada del Corcho Rodríguez (ex de Susana). Los militantes ya estaban muertos. Algunos. Otros, acusados de delación mientras eran torturados por la siniestra maquinaria militar. La cúpula montonera negociaba con su más acérrimo enemigo. Miles de muertos y desaparecidos. ¿Qué habrían pensado? Hoy ya no piensan porque mataron el pensamiento de esa época. Aniquilaron la juventud pensante. Lograron el bullying a cambio de la solidaridad. Hoy ya no piensan porque murieron por una causa. Equivocados o no, se la jugaron. Familias enteras. Por la Orga, como ellos la llamaban.
Mientras, los sobrevivientes negociaban con los que habían sido sus supuestos enemigos en la época del vale todo menemista. Se pasaron por el forro las consignas, por las cuales mandaban al muere al que no las cumplía.
Mientras, el menemato reclutaba gente del “sufrido” grupo económico Bunge & Born para que les maneje las finanzas del país. Se estatizó la deuda privada. Se privatizaron servicios públicos. Hasta con la salud y la educación se metieron, recortando presupuesto. Los montos no querían esto. Me imagino. Nada más lejos que el neoliberalismo y un estado ausente. Si Evita viviera, se escuchaba por ahí.

Ayer ganó el neoliberalismo en la Capital de la Argentina. Otra vez. Y me transporté a esas épocas de menemato. Donde lo último que había era la presencia de un estado. Donde el mercado se hacía una orgía con el estado. Donde las relaciones carnales con los yanquis eran alevosas. Pensé que no aprendíamos más. Pero vi los porcentajes y el macrismo bajó. Perdió apoyo. Por lo que me alenté de una forma optimista y quizás estúpida. Que buena elección hizo Lousteau con el voto antimacri y pro intervención estatal. Parece que la gran ciudad capital también pide a gritos un cambio.

martes, 14 de julio de 2015

El llanto de la noche

Es día de frío y llega a la casa. Abre la puerta y no sabe con lo que se va a encontrar. El sentado en el sillón, esperándola. Ella viene de hacer cosas. El no sabe qué. A esa altura ni le interesa. Tan metido cada uno en lo suyo, se dan un beso. Se saludan como una cuestión de cortesía. No porque querían saludarse. Las cortesías suelen ser desganadas. Suelen ser, por momentos, circunstancias obligadas de la vida que, como todo lo obligado, disminuye a ultranza la voluntad.
Este era un caso de esos. Donde ambos estaban tan lejanos y tan cercanos a la vez. Tan cercanos que dormían juntos. Sólo dormían. No se arremolinaban entre las sábanas como tiempos pasados. No se buscaban con las piernas uno encima del otro. Tampoco se pedían disculpas si uno le cambiaba el programa en el televisor si el otro estaba mirando. Ya no había ganas ni de pelear ni de exigir nada. Era una inercia insoportable la que vivían, perdiendo toda clase de intensidad en sus vidas.
Los pequeños logros no lograban sacarlos de su ceguera diaria. De su tenue luz que en cualquier momento se apagaba del todo. Rutina. Diaria. No se daba espacio a los cambios. Resultaba molesto todo atisbo de cambios, de dinamismo, como la vida misma. Resultaba insoportable la vida misma, sin que ellos lo notaran. Sin que se dieran cuenta conversaban con la muerte que miraba sonriente como se iba derrumbando eso que tanto les había costado construir. A regañadientes de todo. A contrapelo de muchas cosas. Esa construcción había implicado grandes renuncias. Se la jugaron y hoy no era lo mismo. Y hoy sentían que había sido en vano. Ambos se preguntaban qué hubiera pasado si. Pero pasó eso que vivían a diario. Pasaba eso que morían todos los días. De la mano de la desazón, el hastío, el desvarío, el desamor. Se había terminado. Y nadie les había avisado. Todos se daban cuenta pero nadie les avisó. No los querían desilusionar. Nadie quería ser el portavoz ni el testigo del derrumbe de ese castillo de cristal que tan sólos, cada uno por su lado, vivía a diario. A todos les dolía. A ellos también. Pero avanzaban ciego sobre la nada. No se sentaban a conversar. Porque cada palabra era una daga en el pecho del otro. Y optaron por no hablarse. Para no discutir. Por lo que la indiferencia se apoderó de esos espíritus presos de la desilusión. Espíritus cuyos cuerpos cada vez se demacraban de tanto  llorar junto a sus mejores compañeras, la soledad, tan testigo de la desolación de esas lágrimas, de su enjuague en una habitación, de su disimulo ante el qué dirán. De su dejar de fluir por miedo a que la felicidad no le tiende el puente que nunca existió.
Ella se levanta de la cama. El sigue en el sillón. Mirando sin ver ni prestarle atención al televisor. Ella desvía su camino hacia la heladera, tan usada como evasión de angustias. El de espaldas atina a dar vuelta su cabeza para ver qué hacía ella que justo se agachaba a servirse gaseosa sin tener sed, sin necesitarla. El vuelve la mirada al televisor sin decirle lo que tenía para decirle. Ella mira justo cuando el no la mira más. Desconexión. Ella piensa que es de gusto quitarle la atención del programa que esta mirando. Que no la va a entender. Por eso decide volver a la cama. Ella se duerme. El se queda dormido. Ella lo espera en la cama. El nunca va.

La luna, que se filtraba por una de las ventanas y que tantas veces los había visto, sonrojada, desnudos amándose, fue testigo de la última noche que estuvieron juntos. No quiso ver ese final y una nube , que se apiadó de esta triste situación, la tapó. Y llovió. Muy fuerte. Así lloraba la noche. 

jueves, 28 de mayo de 2015

El abrazo genuino

Aunque no se haya quedado con ser sólo el Alcalde de San Mateo, vuelve a España para ver a sus suegros y entrar en contacto con la logia de Cádiz a la que también pertenecía. Allí se encendió el fuego de la revolución que iba a liberar un continente. ¿Les suena familiar argentinos?
Vio coronar a Napoleón. Lo estremeció el vitoreo popular de semejante figura. De un héroe popular. Un sentimiento supremo que sentiría más tarde. Más que nada en el mundo, amaba el fervor popular.
La fallida invasión inglesa dio pie a la autogestión del pueblo colonial para defenderse, tras los fallidos intentos de la corona española por evitarlo.
Bolívar ve esto y vuelve a su América natal para llevar a cabo el ideal libertador.
Entretanto Londres no decía ni fu ni fa. Quería asegurarse el comercio con América. No quería romper relaciones con su aliada española, mientras apoyaba los movimientos emancipadores americanos para generar un vínculo comercial que, de hecho, sometió a la Argentina durante toda su historia de dependencia a la corona británica con vastas desventajas comerciales y relaciones carnales. ¿Les suena argentinos?
“Si se opone la naturaleza lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, decía Bolívar en torno al terremoto que arremetió contra unas veinte mil personas, que constituía en ese momento un cuatro de la población venezolana. Las fuerzas realistas aprovechaban la desgracia y avanzaban. Así caía la primera república en manos de los realistas.
Con la firma del armisticio de Miranda con las tropas realistas, se entregaba Venezuela a los realistas cual pacto Roca-Runciman y la entrega del negocio de la carne a los ingleses.
Ya en Cartagena de Indias, se pudo rearmar nuestro prócer y fue nombrado Libertador. Mientras, pasaba a cuchillo a todos los que se oponían a la corona española generando una masacre más en la historia de la búsqueda de identidad originaria de los pueblos latinoamericanos. También se acuchillaban a los propulsores del cambio.
Tras un discurso alentador y unificador de América para los americanos, Bolívar inicia una revolución hablada. Y dijo: “dios concede la victoria a la constancia”. Inglaterra aprovechaba la ambigua posición para hacer excelentes negocios.
Montesquieu decía: “Es más difícil sacar a un pueblo de la servidumbre que subyugar a uno libre”.
Más allá de esto, El Libertador estaba dispuesto a luchar contra natura por la Patria Grande Latinoamericana, soñando con un congreso en el istmo de Panamá negociando con el resto del continente.
Para Bolívar, la educación era el cuarto poder del Estado. Constituía jerárquicamente el poder moral.
Vino el abrazo. Nada más ni nada menos que con su par argentino: San Martín, que quería someter de forma  sorpresiva su ejército a las órdenes de Bolívar. Charlas, despedidas. N se sabe qué pasó. Bolívar tenía un amigo con quien compartía enemigos. Lejos quedaban los enemigos que habían dicho ser sus amigos, hasta sus hermanos ocultos. San Martín vio tan grande a Bolívar que ofreció ponerse bajo sus órdenes. Loable la actitud de un tipo que venía liberando un continente sólo. Sin la ayuda de Buenos Aires, que se había quedado con la vena ante la desobediencia de San Martín de volverse a enfrentar el ejército de Artigas, un hermano que también quería liberar el continente. Parece que fue un obstáculo en los planes de un Buenos Aires que quería ser apéndice de Europa. Bolívar lo vio tan noble y de una grandeza moral como pocos. De ninguna manera quería mandar un tipo tan gigante.
Luego de la reunión que mantuvieron San Martín les dijo sus soldados: …

Continuará… 

martes, 19 de mayo de 2015

Bolívar: la astucia de la razón

Hijo de una elite criolla, los mantuanos, Simón Pedro. En esta piedra edificarás tu iglesia. Una compañía que comerciaba esclavos era una cachetada en el pequeño rostro de un Simón que ya aborrecía la explotación.
Criado con un pecho cubano, el destino firmaba su ironía. De pequeño lo querían encauzar en la toma de los hábitos que significan la religión. Siempre tuvo personalidad. Se dedicó a la maestranza. La docencia fue parte suya en una escuela pública.
El Emilio de un tal Rousseau fue forjando una personalidad fuerte, con las convicciones bien claras. Con decisiones fielmente tomadas a la claridad de sus convicciones. Sin la necesidad de que alguna autoridad le diga lo que tenga que pensar, ni le gobierne un corazón forjado a base de justicia ante la escandalización de cualquier injusticia cometida contra el débil y el sufrido.
Los aires de revolución se transformaban en vendavales, en tornados, que se encontraban con otros del sur, augurando una unidad continental que iba a ser historia.
Un incipiente libertador que pensaba que las escuelas se tenían que abrir al pueblo. Que el poder se desestabilizaba cuando había una base culta y sabia. Que ya no necesite quien la gobierne. Porque detenta tanta inteligencia que puede gobernarse por sí misma., mientras los administradores del poder tienen la sabiduría de esas masas, a las que prefieren incultas, ignorantes y brutas, dependiente de ese estado de cosas o lo que se llama Statu quo vigente reproductor de las mayores desigualdades de las que se alimenta. Los beneficiarios de los detentadores del poder económico, y por ende, político, social, cultural.
 Ante tanta represión porque no fluya la educación, surgen pequeños focos iluminados que hacen consciente esta situación. Y emerge un fuego revolucionario de abajo hacia arriba. Como todo lo reprimido, tiende a salir. A manifestarse en sus diversas máscaras.  No sólo como la primera forma en que fue reprimido sino  en una tensión de opuestos que desembocan en una síntesis y que hace mella en el inicio de la astucia de la razón. La razón fría y objetiva con una astucia que requiere de sangre, sudor y lágrimas. Hegel es el inventor de este concepto fiel a su estilo de enfrentar términos antitéticos.
Simón Rodríguez, homónimo de Bolívar, fue quien lo inició en el arte de las letras. Cuando muere dice de forma estremecedora para la historia: “quise hacer de la tierra un paraíso para ustedes; lo hice un infierno para mí”. Y ese ejemplo, de ese maestro, se grabó a fuego en la cabeza de este futuro libertador, en el que basó su política posteriormente, y en el siglo XXI, Hugo Chávez.
Luego de haberse sublevado contra las reticencias del poder a realizar y construir un pueblo digno, sabio y, por ende, libre,.
Simón jugaba a la raqueta a pegarle a una corona de Fernando VI. Otra jugarreta del destino que después dejó de ser un juego.
Su vida amorosa duró poco. Su amor era otro. Realizó artimañas para conquistar el corazón de una joven. La hija de un marqués español a quien enfrentó diciéndole que quería casarse con ella. Era directo con sus palabras. No andaba con vueltas para hablar. Lacerantemente directo. Esas lastimaduras en las grietas del poder. Hasta en eso molestó al poder. Una molestia que tuvo sus resultados en la boda con la mujer que él quería. María Teresa murió 8 meses después de casarse con el libertador futuro. Tal fue así que si no hubiera sentido esa pena tan temprana a su boda con la mujer que amaba y por la que tanto luchó, quizás no hubiera a llegado a ser conocido por la historia como El Libertador.

Continuará…

lunes, 4 de mayo de 2015

Los dioses ensañados con el hombre

Si algo he de ver en una carpeta de recuerdos, trato de sacarlos y vislumbrar en una hoja en blanco aquello que me recuerda. Un papel con anotaciones. Lugares turísticos de playas a conocer y conocidas. Concretadas finamente. Pinamar, Mar del Plata, San Bernardo, Mar del Tuyú, Santa Teresita “Estancia El Carmen”. Y el título abajo: averiguaciones sobre vacaciones del 2006. Febrero. Decididos finalmente sobre la última. Anotaciones de números de teléfonos. Direcciones. Y los pormenores. Parcela. Carpa 4. Colchón inflable. Luz parcela. Todas tienen luz. Cabañas. Parcela por día. 26 pesos. Año 2006.
Cuánto preparativo, cuanta cosa se pone en juego cuando uno programa las vacaciones. Divertimentos, pasatiempos, salidas nocturnas, comidas. Es una movida que tiene como característica principal irse. Cortar. La interrupción del todos los días y vivir algo diferente. Pero qué estúpido se pone el ser humano cuando se va de vacaciones. Por momentos, me da la sensación que hace cosas que salen de su condición de hombre cauto, moderado. Parece que quiere morir en vacaciones. Y algunos lo hacen. Se quedan en la mar. Para siempre. Negligentemente le rinden culto a Poseidón. Sacrificando su cuerpo. Se meten lo más lejos que pueden al mar. Parece que desean hacerle un guiño a la parca, que disfruta su próxima presa que se acerca brazada tras brazada alejándose cada vez más del borde y haciéndole caso omiso al señor del silbato, el metro sexual de turno que con largavistas se indigna del salame que se está yendo de su visual.

No. No puede más. En un momento dado, sus brazadas ya no recocen su cuerpo. Porque no es él quien lo mueve sino el propio mar, que forma parte de inmenso océano, manejado por Poseidón, que bate las olas, según la mitología griega antigua. Y no. No se puede mover más porque su cuerpo está seriamente atravesado por el tridente de Poseidón. Y la parca que al lado se ríe, poniendo los dientes de arriba sobre los labios de abajo y diciendo: “no aprenden más. La especie humana es muy fácil de descifrar. Son como pájaros a los que le encantan estrellarse contra lo que nunca pueden atravesar”, le dice a Poseidón, al que ya se le marcaban los músculos sosteniendo el tridente con una mano y con la otra se acariciaba la barba y se divertía porque había pescado otro hombre que se había burlado de él y que lo había desafiado ninguneándolo, queriendo atravesarlo y pensando que el hombre era superior a los dioses. Las risas de ambos dioses, de la parca y de Poseidón contrastaban el paisaje con el llanto desesperado de los otros hombres que buscaban al desafiante y de los hombres del silbato que salieron a buscarlo, en vano, porque nunca más lo encontrarían. Porque ya estaba perdido entre la muchedumbre de los peces, que se habían encargado de desvestirlo de su piel y dejarle solamente su espíritu que ya había ascendido y que miraba todo desde arriba diciendo: “¿para qué desafiar a la inmensidad? ¿Por qué desconfiar de los dioses? ¿por qué del espíritu? Ahora aprendí, tarde, pero aprendí que el hombre es el único animal que se ahoga varias veces con el mismo océano”. La Parca y Poseidón reían entre lágrimas y brindaron por la nueva caza.   La gente no podía creer la injusticia que albergaba en el vientre de los dioses, tan venerados por ellos. No podían creer que estén tan ensañados con el ser humano.

miércoles, 8 de abril de 2015

Final relajado en el Parador

Nueve horas seguidas de sueño. De dormir con sueño. Relajado ya, fuimos a desayunar y a una charla para saber cómo surgió el Parador. La guía nos indicaba cómo surgió ese paisaje y esas antiguas construcciones por intermedio de un mural. Los primeros pobladores: los comechingones. Hasta la llegada del “hombre blanco”, como llamaban a los colonizadores y  jesuitas. Y la historia que todos conocemos y que tantas veces fue ocultada y negada por los vencedores. Azotes. Masacres. De ellos quedaron las figuras en el museo. Que por las noches hacen retumbar las paredes con sonidos guturales de corte de garganta.
En 1930 llega Natalio Botana. Un periodista argentino fundador del diario Crítica. Llega en auto lleno de glamour. Y funda un hotel de juegos y juergas. Un casino a medio terminar.
Posteriormente a eso, llegan los monjes salesianos. Y construyen precarias casitas, que hoy ofician de hospedaje a huéspedes como nosotros. Construyeron un dique para beber el agua del río, cristalina, por esos tiempos. Potable. Para esto la naturaleza ya moría atragantada de ver tanto manoseo. Construyeron una capilla. Pero posteriormente fueron corridos. Ya estamos hablando de la década del 60.
Empujados los monjes, se construyó un complejo donde paraban los viajantes que ostentaban mucha riqueza. Por eso el nombre de Parador de la Montaña. Hoy no tiene reconocida jurisdicción por parte de ninguna de las municipalidades aledañas. Lo más cerca que tiene es Santa Rosa de Calamuchita, donde hicimos nuestro primer recorrido. Un montón de lugares preciosos visten el paisaje. Conocimos la capilla donde muchos novios se casan actualmente en medio de la montaña. Después de semejante recorrido, las piernas pedían reposo hasta el otro día.
Un día en el Parador implica pileta, baño, comida, cama, descanso.
Los Reartes es un lugar muy lindo donde te podes bañar en el río. Familias de sobra. Villa General Belgrano y la cerveza con amenazas de tornados. Alerta roja en el clima porque hacía poco había uno en Córdoba arrebatando vidas.

El descanso de unas tremendas vacaciones que da para relajar y no hacer nada, ni siquiera escribir. Hasta siempre.

martes, 7 de abril de 2015

Contradiciendo a Freud

 Baño y a la cucha. Esa era lo que pensaba cuando llegue al Parador. Pero sin embargo, no había nadie en la recepción que reciba a unos ojos cansados, nerviosos y pasados de rosca. Entro al comedor. Pensé que habían matado a todos y esa era la tranquilidad posdesastre. Imaginaba encontrarme paredes manchadas de sangre y cuando vuelvo a la realidad estaba mirando las mesas muy bien presentadas. Camino un poco más y ya se olfateaba un sabor a comida. Hasta que aparece el pibe de la recepción.
-¿Cómo te va? Sí. Enseguida voy.-me dice sabiendo que había estado en falta al no estar presente al momento que yo llegaba con otro enchufe, con otra revuelta de ideas en la sabiola, con la adrenalina del viajero que se acerca a una posada.
Sin embargo, el lugar era extremadamente calmo. Y mis piernas contrastaban otro ritmo. Muerto de cansancio. De un cansancio aún enchufado a 220.
Me toma los datos. Me da una llave. Que yo miraba como si nunca hubiera visto una llave. Respiré un suspiro. Todo encaminado. Iba aflojándome. Me explica cómo llegar a la cabaña que en suerte me había tocado. Cabaña 19 El Piquillín. Me entró por un oído y me salió por el otro. Caminaba ya por la inercia de haber aprendido a caminar al año de vida.
Entro. Dos camas. Baño. Un baño rápido y a cenar. Relax total después del baño y la tranquilidad de haber cumplido un objetivo. Contento, esbozaba una sonrisa calma y miraba la noche pasar entre una cena cálida, un merecido vino tinto. Sopa de entrada, plato principal, los primeros dibujitos de Cata en estos mismos manuscritos (lo primero que dibujó fue un sol, que, justamente, es el motivo que me levanta todas las mañanas), un postre y bien llenos de felicidad, ya contradiciendo a Freud (sólo un momento), nos fuimos a dormir.

Continuará con la última entrega quien sabe cuándo  

domingo, 29 de marzo de 2015

Curvas, elevaciones, llegada

-¿Estás acá al lado?-me pregunta. Agrega: -Es el taller de mi hermano. Esta es la calle Alem 23.
Ahí respiré y le mandé un mensaje a mi familia cosa que sepa dónde iba a morir por lo menos.
Al rato, vuelve el tipo con la manguera en la mano. Que no se mal entienda. Todavía hablamos del auto.
-Esta va a funcionar-dice
La coloca y respiramos un poco más fluido todos. Estábamos un poco más contentos. No nos teníamos que quedar ahí, de ninguna manera. Y bueno, la cambió y la purgó. Yo las únicas purgas que conocía eran las que había hecho Stalin en la Rusia Soviética.
Lo prueba y la temperatura ya no subía tanto. Pensé: “me va a aniquilar con el precio”. Deslizo un tímido:
-¿Cuánto es?-me atajo.
-250 pesos. ¿Te parece bien?-me pregunta
-Seeeeeeeee-dije alivianado, ya que había pensado en un 500.
Fui tan amable que le dejé 300 y un fuerte apretón de manos que dejaba entrever a las claras el alivio que sentí de que no me había salido tan caro al fin y al cabo el incidente. El tipo me salvó las papas y yo que creí que era Jason de Martes 13.
Para esto la nena ya se había hecho amiga del tipo y se cagaba de risa de la situación más que yo. De ehcho, se portó 10 puntos, lo que me relajó y me puse a pensar que todavía queda gente solidaria en el mundo.
Antes de esto, otra señora nos había ofrecido llamar a un mecánico desde su celular. Otro se acercó para ver si podía resolvernos algo. La verdad es que nos trataron muy bien. Habremos tenido suerte.
Seguimos camino por ruta desértica. Pensamos que si nos pasaba algo ahí , sí que estaríamos fritos. No pasaba ni el fardo rodando que se ve en las películas del lejano oeste. Se empezaban a avizorar elevaciones. Las sierras.
Cansado de manejar, cambiamos conducción. Lejos, se veía una plácida visión de un paisaje fornido de floras y faunas que no me dejaban dormir porque no podía cerrar los ojos de la belleza que reflejaban. Por lo que manejé el último tramo. Curvas, elevaciones, llegada.

jueves, 19 de marzo de 2015

Los tipos del auto

Traté de pensar que el tipo me inspiraba confianza. En ese momento, pensé que tenemos l cabeza podrida de pensamientos nefastos. Quería pensar que todavía había gente honesta y solidaria. Pero desconfiaba de todo. Hasta pensé que me la habían pinchado en la GNC la manguera. Y que estaban todos entongados. Tenía tal persecuta que era flanco fácil de cualquier artimaña o reacción del interlocutor que me abordaba para decirme un hola ¿que tal?, simplemente. Pensaba que en cualquier momento me sacaban el chumbo y me decían “dame todo”.
Y la verdad es que todavía hay gente solidaria. El tipo, para aflojarme, me empezó a contar un chiste. Nada menos que un chiste acerca de los porteños. Porque esa es otra. Por más que no vivas en Buenos Aires, vivis en la provincia de Buenos Aires y para el interior sos porteño. El personaje principal del chiste era nada más ni menos que Judas, el supuesto traicionero. “Uno de ustedes me va a traicionar”, dijo. Yo no lo escuche al chiste. Me lo contaba tan despacito y pausado que su paciencia contrastaba con mi desesperación. Pensaba sugestivamente que me lo contaba para traicionarme. Pensaba que iba a agarrar la escopeta que miraba desde la pared, que me iba a apuntar y que me iba a decir que me vaya y que le dejara todo. o que me iba a cobrar muchísima plata a propósito para que no le pueda pagar y poder cobrarse con mi mujer. Esas fueron algunas de las cosas que se me pasaron por la cabeza. Por mi podrida cabeza.
Cuando levanto la vista, después de haberme reido si entender el chiste y de haber pensado todas estas escenas de películas que hablan de gente que se queda con el auto en la carretera y le pasan miles de cosas horribles, veo que el tipo estaba como dando muchas vueltas. Con una increíble, inimitable y envidiada pachorra. Tranquilo como agua de tanque dice el dicho.
-¿Me esperan que voy a ver si esta mi viejo? Quiero ver si encuentro una manguera más parecida a la original.
Nosotros nos miramos y decimos:
-Y…si.-y pensé: “¿dónde nos vamos a ir?
Ahí le dije inmediatamente a Ye todo lo que pensaba. Me dijo: “ No. Quédate tranquilo. El tipo me inspira confianza.” Entonces aflojé un poco con la persecuta.
En ese momento frena un auto con unos tipos adentro que miraban hacia donde estabámos nosotros. Y ahí me cagué otra vez. Y a la vez tomé coraje y encaré con todo hacia donde estaban los tipos. Saliendo de la casa. Puse muchísima cara de malo. Parecía un forajido al que lo habían molestado sólo por forajido. Como si sirviera la cara que pongas.
Les pregunto manteniendo los músculos faciales intactos:
-¿No sabé qué calle es esta?
-No, ni idea.-me dice el acompañante.
-Pará que le pregunto al de al lado.- le digo como diciendo “no sabes nada, querido”
Le pregunto al tipo que vivía al lado del presunto taller en el que estábamos. Me dice:
-¿A dónde querés ir?
-No. –sonrío de la situación nerviosa y le explico el problema que tuve mientras los tipos del auto me seguían observando.
Continuará…




lunes, 9 de marzo de 2015

La escopeta sobre la pared

El número de grúa del ACA. Llamé al número de la grúa del aca, hirviendo de la calentura. Y nunca me atendieron. Automáticamente, pensé en dar de baja el seguro y  en matar a alguien. Me dije calma. Esto tiene que tener alguna solución. En eso llega ye y me dice que el tipo del autoservicio donde entretenía a la chula le dio un número de mecánico conocido.
Para esto había un chico al que se le había roto la palanca de cambio. Y se lo estaba llevando una grúa. Voy y le digo al tipo de la grúa si no me puede venir a buscar. Ya que había cerca una estación de servicio Esso. A 7 km. Me dijo que no porque tenía u viaje más y se volvía para Córdoba capital.
En fin, después de esperar una hora, vino el mecánico que dijo que en 15 minutos estaba. Cada minuto en que pasan estas cosas se intensifican cada vez más y el tiempo parece eterno. Así como se intensifica la desesperación. Lo triste que es querer continuar y no poder.
Viene el tipo. Con humor cordobés se acerca. Nos dice que tiene un pedazo de manguera y que lo va a poder arreglar seguramente. Nosotros ya pensábamos que nos quedábamos hasta el lunes en Oncativo. Ahora, este tipo nos dijo que lo acompañemos hasta su taller. Ahí me entró el pánico en serio. Pero no me quedaba otra. Lo seguimos. El flaco se manejaba en una Traffic hecha pedazos. Toda oxidada. Llegamos al taller y empieza a hablar con otro tipo. Se me empezó a llenar el culo de preguntas. Si estoy sólo, me la rebusco, pero con una criatura y mi mujer, es distinto.
Me entró más aún el escozor cuando entro el auto al garaje del tipo. Empiezo a mirar para todos lados y apoyada contra la pared veo una escopeta. Me bajé preparado cual luchador de Mortal Kombat que iba a ser víctima de una fatality. Y me decía: “Quedate tranquilo. No va a pasar nada”…

Continuará…  

domingo, 1 de marzo de 2015

Relatos Salvajes

En un momento me agarró la paranoia por mi hija. Empecé a llamar a la gente que laburaba ahí y les preguntaba si tenía el número de teléfono de algún mecánico. Me dijeron:
-¿vos querés que me echen?
-No. Me quiero ir simplemente.
-Tranquilizate y anda a tomar un refrigerio con tu señora hasta las 4 que abren los negocios-mientras me apoyaba la mano en el hombro consolándome.
Yo me lo quería comer crudo. Con la mirada de la desesperación. Seguro que tenía los ojos salidos para afuera como pejerrey recién sacado del agua. Es la típica locura que le agarra a cualquier padre con un hijo, creo yo. De lo contrario, me chuparía todo un huevo y me cagaría de risa de lo acontecido.
Más bronca me agarré aún cuando quise llamar al seguro. Ahí confirmé que a seguro lo metieron preso. Más inseguro que seguro, la caja de ahorro y seguro? Muy amablemente me toman los datos hasta que les dije dónde estaba. Córdoba. Es como si les hubiera dicho que estaba en el Congo Belga. En Oncativo, en un GNC que queda sobre la ruta. Sobre una autopista? No va a poder ser. Va a tener que llamar a Grúa Autopista. Ahí recién me enteré que las grúas venían con apellido. Les pedí si no tenían el número de Juan Grúa Autopista Fernández…5 minutos esperando la respuesta. Total soy yo el que llamé. Qué problema se van a hacer ellos.
-Hola, disculpe la demora. Pero no lo tengo al número. No lo encuentro por acá. Pensé que lo tenía, pero no…
-¿Y qué hago ahora que le deposité todos los meses en su cuenta la plata que me roban por mes para no solucionarme nada?
-Llame a atención al cliente. Tengo el número si quiere. (Me sentí violado, diría un amigo)
Como un reverendo imbécil llamando a Atención al Cliente. Me atiende un tipo al que le explico la situación.
-Me mataste-me dice.-te doy el número de una grúa del ACA (Automóvil Club Argentino).
Llamo. Nunca me atienden. Ya escalando al punto extremo de la sangre hirviendo, automáticamente pensé en dar de baja el seguro, porque no sirven para nada más que para sacarte guita todos los meses, y en detonar alguna aseguradora. Pero bueno, Relatos Salvajes todavía no había salido en cine. Creo que Damián Szifrón y compañía me estaban espiando para la idea de esa película.

Continuará…

jueves, 26 de febrero de 2015

Viaje al Parador de la Montaña

Qué locura genera reordenar y ordenar las cosas que emanan de algún lugar donde rebalsa de papeles. Te encontras con cada recuerdo que te sorprende. Un cuaderno de anotaciones donde dejaba registrado algunos de los movimientos de las vacaciones en el Parador de la Montaña, en Córdoba. Con los primeros dibujitos de la chula. Los primeros solcitos dibujados. Y algunas anotaciones, como por ejemplo del mail de la Cutu, una guía del parador que iba a buscar a la chula y la llevaba a ordeñar unas vacas.
El viaje había arrancado tempranísimo. 4 y 30 ya estaba arriba. Yo que me había prometido dormir bien. No sé por qué pero me ocurre que cuando estoy por realizar un viaje no puedo dormir. 5.45 ya estábamos saliendo. Apenas asomaba el sol. Nos esperaba un largo viaje. No pasamos a cargar gas para no despertar a la criatura que durmió gran parte del viaje.
Ruta a Navarro, todo en mal estado. Mucho poso. Íbamos despacio igualmente. Mucho tráfico. Parecía mentira a esa hora de la mañana. Seguimos un tramo más y manejó ye. Quise dormir y no pude. En un momento dado, estaba mirando el GPS. Se había equivocado el camino. Nos metimos por unas callejuelas bajo la autopista. Allí preguntamos y nos indicaban caminos de salida a un barrio donde las calles no tenían continuación. Desesperación. El GPS te mandaba a cualquier lado. Un tipo que nos indicó mal. O nosotros entendimos mal. Fuimos a parar a la loma del tujes. En la desesperación, cambiamos el volante. Tomé el timón del auto y me autoconvencí en que no puede ser tan difícil salir. Preguntamos a otro tipo que nos indicó perfectamente cómo salir.
Volvimos a la ruta. Otra vez en viaje. Pasamos horas y no veíamos ninguna elevación de la tierra parecida a una sierra. Yo invocaba películas idiotas que veía en mi adolescencia como Tonto y Retonto, con la cual me sentí plenamente identificado. La parte en que Harry le dice a Loyd que pensaba que las Rocallosas eran mucho más rocosas. Y el otro le había errado unos cuantos kilómetros de camino. Había estado viajando casi 6 horas en la dirección equivocada por hacerle un chiste a su amigo mientras dormía. Le había tapado la nariz.
Bien, cargamos gas a cada rato. En la última estación de gas, en el pueblo de Oncativo, cuando el flaco estaba cargando gas me saca la manguera de carga. Con Ye estábamos alejados y la chula a la sombra bajo unas incipientes construcciones de una estación de gas que hacía 6 meses que existía, en medio de la nada.
Cuando le voy a pagar al chabón, se escucha una explosión de agua que sale de la parte delantera del mi vehículo. El tipo atinó a salir corriendo. Yo me alejaba pensando que explotaba mi vida. Hacía poco había explotado u auto en una estación de gas y eso me tenía con la cola entre las gambas.
La cuestión es que cuando les voy a pagar a los chabones, les pregunto: -¿Qué pasó?
-No. Es la manguera.-Me dice el flaco, como si fuera a decirme que siga viajando. Con esa naturalidad.
-Sí. Pero ahora no puedo viajar así.-Le digo temblando y mirando a mi mujer y a mi hijita.
-Y…no.-me dice el tipo, y agrega para enfriar una fiera hambrienta: -Encima hoy sábado, 2 de la tarde, no podemos llamar a nadie. Vas a tener que esperar hasta las cuatro de la tarde hasta que abran los negocios. Para comprar una manguera de repuesto. Yo te la cambio, si querés , pero necesito la manguera.
-Me quiero matar-le digo.
-Agradece que te pasó acá y no en la ruta-me dice el tipo más frío que yo y con una razón típica de quien no está sufriendo la desgracia en ese momento.
Al rato, le cuento a Ye que vamos a tener que esperar hasta las 16 horas. Dos horas de calor intenso. En Oncativo, Córdoba. Yo recordaba la frase de un amigo de mi hermano que vivía en General Moldes. Decía que era un pueblo de primera, porque si ponías segunda se te terminaba. Oncativo era igual.
Bue, nos sentamos a comer. Íbamos a meternos en el pueblo a comer algo. Comimos en la GNC de Lost, le decía yo, porque no había un alma alrededor. Faltaba el humo negro y Jack nomás.
Continuará…

jua jua!

viernes, 20 de febrero de 2015

La insostenibilidad del valor

Una seguidilla de días que se pasan una y otra vez ahí adentro. Días grises, cual institución acéfala de cerebro. Una suerte de simulación de caminar con inercia estando de acuerdo. Con lo imposible de acordar. Menos a valorar. Ese sentimiento que nos empujó a estar ahí contra viento y marea. Con cada vez más viento en la proa.
Cuando se habla en serie y no enserio. Una velocidad inusitada y con tanta falta de razonamiento crítico que tapa innumerables construcciones de valores, ya determinados de antemano y sin la más mínima participación en su construcción. Los errores que van de la mano de una velocidad construida para confundir. Y menos que menos para valorar. La formalidad amiga de la antipracticidad y enemiga de la  esencia de las cosas.
Gente que señala a otra gente bajo el dedo de la superioridad titulada que ejercen un discurso tan lejano a la realidad. Discursos que retumban como ecos en palabras penduleantes dentro de una burbuja que no se rompe nunca. Señalados que miran desde abajo con miedo a perder una vida, triste vida, esclavizada, creyendo ser libre.
Todo cuidadosamente diseñado. Como un crimen perfecto, cuya víctima es la humanidad excluida. Todo anatómicamente diseñado en el gigante cuerpo social. Todo en pos de los discursos garantizadores de la propiedad privada.
Funcionales y, por ello, falsos comentarios de agentes que colaboran y reproducen el sistema. Tan contradictorio es hablar de sistema y del hombre. Términos enfrentados que se conjugan erróneamente y funcionalmente para contralor del statu quo.
Tristes vidas de hombres grises que creen ver la felicidad detrás de una vidriera. A través del consumo, eterno deseo cuyo círculo nunca cierra, salvo cuando muere su portador.
Un espejo que los refleja nunca los mira sinceramente a los ojos. Está para ver si la silueta cumple con las condiciones estéticas del mercado.
La realidad la analizan como si vivieran en el polo norte. Pero los ojos están en Africa. Cuando mueren creen que colaboraron con su patria, cuya economía no tiene reparo alguno de sustituirlo por algún otro muñeco que extraen del ejército de reserva industrial que se manifiesta masivamente y que se mide a través de la tasa de natalidad. Otro sello y número más en la nuca de un bebé cual si fuera un producto más del mercado.
Así se suceden los días en la vida de una persona que vive la vida en este mundo globalizado. Escuchando todo tipo de locuras. Aprendiendo a esquivar toda seudoconducta destinada a aventajarlo. Un país tan incrédulo en todo, a causa de su calidad de víctima de engaños. De traiciones, de obstáculo ante todo atisbo de bienestar.

Mesas que separan vidas, salarios, realidades ante falsedades. La estupidez especulada. La lucha desigual ante un enemigo en común, de la misma especie del amigo. Verticalidad desinteligente que arrecia y enceguece la contemplación. Cuando las papas queman, la velocidad hace insostenible el valor y el respeto por el ser humano.

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