lunes, 23 de diciembre de 2013

Arquitectos de sus propios sueños

¿Por qué hay políticas preventivistas en materia de seguridad? ¿Por qué no las hay en materia de salud y educación? Dos pilares fundamentales en el funcionamiento de una democracia participativa.
Hace un tiempo leí un artículo sobre violencia juvenil. Gente opinando que está bien que gasten presupuesto en seguridad. Que estos pendejos de mierda tienen que tener un límite. ¿De qué tipo de límites estamos hablando?
La misma moneda con la que se expresa “estos pendejos”. La violencia. Combatamos violencia con más violencia. ¿Por qué? La violencia se ve desde el jardín en los chicos. ¿Cómo puede ser si un bebé no nace violento? ¿Qué les pasa a nuestros pibes? ¿Qué ejemplo les estamos dando? Un padre que quiere que su hijo sea Messi y le grita en la cancha que lo baje de una patada a su rival. Por poco se le sale la vena del cuello. ¿Por qué tanto desencaje?
Totalmente sacado, un chico le pega una trompada a otro que lo miró “mal”. No le importó el motivo. Pero se la puse.
No hay noción de la otredad. Encerrados en un supramundo virtual todo es superficial. Al estar en veinte lugares a la vez no están en ninguno. No hay profundización y hay una apariencia de evasión al sufrimiento. Por supuesto que la velocidad es fast food. Descansar es perder el tiempo.
La falopa sirve para despertar a 15 centímetros de la realidad. El alcohol símil al agua. Bebidas energizantes ayudan a no pensar ni a descansar. Para no perderse nada. Sólo el control. El autocontrol. Excitación, violencia, histeria, peleas callejeras, discusiones ultraidiotas, tolerancia cero al diferente, discriminación hasta el suicidio. Nulo espacio de diálogo. Mucho menos de debate. La crítica constructiva en manos de criticones destructivos. Puteadas, insultos, gritos, rebeldías sin una puta causa, fiel reflejo  y emulación del majestuoso lugar que ocupa el dictador plasma. Falta de proyectos. Poca o nula visión de futuro. Imperio del presente. Cero previsión.
Bienvenidos al mundo adolescente. Hoy así. Mañana vemos. Las hormonas a punto de estallar y el impulso como ley. La etapa de la construcción de la identidad. Difícil rompecabezas ante la infinidad de estímulos que viven a diario.
Solución: ¿más violencia? ¿Parámetros orientadores traducidos en una vía cuya descarrío conduce electricidad?  La Naranja Mecánica de la educación es un ejemplo que no hay que repetir. Nos sobran los motivos para creer que eso no conduce a nada. Es más le imprime más violencia.
Que esta navidad y año nuevo se pase realmente en paz. A los besos y a los abrazos. Es mucho más lindo que andar por la vida cagándose a trompadas con el riesgo de morir. Porque ahora es hasta que la muerte los separe. Diez contra uno. Doce contra dos. Basta de violencia.
Por último, la culpa no es de los chicos violentos. ¿En qué contexto se criaron esos pibes? ¿Qué ejemplo doméstico tuvieron? Volver a confiar en la vida y construir el futuro de oasis que se imaginaron. En eso tendrían que ocupar sus cabezas. Que se sientan arquitectos de sus propios sueños.
Humilde opinión diría una gran persona.




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