domingo, 18 de agosto de 2013

Descripciones aburridas de Poe


También Poe desempeña la prosa en pos de una amada perdida, con distintos nombres. Sabemos del amorío temprano que desató que a los trece años Virginia Eliza Clemm se escapara con él y se casaran. En realidad, ella era su prima. Él tenía 27.

Eso también se esboza en la escritura de este escritor embelezado con la belleza núbil. Tanto amaba a Virginia que le cambió la vida cuando muere víctima de una enfermedad mortal que en esa época hacía estragos: la tuberculosis. Terminó con su vida a los 24 años. Él tenía 38 pirulos y le cambió la vida para siempre. Se puede ver en Berenice, en Morella, en Eleonora, en Ligeia. En estos cuentos se repite la escisión que se produjo en su vida partida en dos, desde la muerte de su amada.

Un dolor enorme se apodera de su pluma al tratar de recordar una aproximación a su mujer. La recuerda desde la misma muerte, no viendo en esta un final sino la continuación de la vida. Una mutación que él llama metamorfosis. Es dejar la vestimenta que es el cuerpo mismo. Como la mariposa y la crisálida. Como si fuera que cambiamos de piel. Como las arañas. Ahora sí, una vez que dejamos lo corpóreo, lo material. Penetramos en una suerte de atmósfera mucho más liviana, ligera y fantasmal, si se quiere. Sin tanto ruido, con mucha más paz y tranquilidad de los seres que descargaron todo en vida. Por lo menos así lo veía Poe.

Y la obsesión por los crímenes. Esa obsesión que lo tenía atado a una especie de locura muy común en los escritores como lo que escribe esto. La locura es la fisura más dura. Y eso lo tenía Poe. Eso lo tengo yo. Eso lo tienen todos aquellos que se consideran humanos. Esa humanidad tan lejana a la recta razón. A la correcta razón que tanto alababa el iluminismo que más que iluminar oscurecía. Una oscuridad tal que se pensaba que por intermedio de la razón se iban a solucionar todos los problemas. Aquellos problemas humanos que iban tan lejos de una razón que le daba lugar a razonamientos lógicos. Los jueces le dicen sentido común. No hay nada menos común que los sentidos. Pero bueno, Poe se empeñaba obsesivamente en develar crímenes. No hablamos de los de lesa humanidad. si no se iba a volver más loco de lo que estaba. Hablamos de sos crímenes del siglo 19 en los que abundaban los callejones sin salida y la oscuridad en las calles y en la vida misma. Atormentada. De gente reprimida . por imposiciones sociales. De una época en la que tuvo lugar experimentos como los del Dr. Jekyll. Donde la bondad y la maldad no se diferenciaba en una especie de maniqueísmo maquiavélico sino que se hallaban en la misma persona , en la misma entidad. Era un adelanto hegeliano quizás que se contraponía a las locuras de la razón pura de Comte. Filosofías baratas y zapatos descalzos.

En definitiva, dentro de los cuentos hay más cuentos. Las mil y dos noches de sherezade, la cuestión musulmán contada por Poe que era de Boston. Casi una locura. Como era Poe. Pero profundiza mucho en detalles abundantes, tanto que hasta molesta saber que la hojita de tal flor sale de tal otra que es una planta que crece en el lomo de un animal. Mis críticas desacertadas con respecto a Poe. La profundidad exacerbada de su pluma que hace perder a un ignorante como yo. Me pierdo en la inmensa marea de los detalles que en definitiva no te aportan un joraca. Pero bueno, los escritores yanquis. Algunos con falta de síntesis y golpe para decir las cosas, se pierden adentro de un árbol que se halla en un inmenso bosque. Me pasó con el gran Hemingway. Lo que no significa negar sus grandezas y proezas, obviamente, después de muertos y en vida , despreciados.

Empachado de descripción de paisajes, caía en feroces descripciones de mujeres. Se nota que fueron su debilidad. ¿De quién no después de todo? Los tallos de esas rosas siempren van a lastimar, dios las hizo tan hermosas. Con un arte infernal. Dice el chizzo en un tema. La cuestión es que Poe era fanático de las bellas musas inspiradoras. Tal es así que en un cuento en el que se pasa de descripción de un paisaje, de manera que se hace sumamente aburrido, remata en un : “…seguramente he encontrado la perfección de la gracia natural en contradicción con la artificial…nunca había penetrado hasta el fondo de mi corazón una expresión de romanticismo tan intenso…tan espiritual como la que brillaba  en sus ojos profundos…no sé cómo, pero esta peculiar expresión de la mirada, que a veces se graba en los labios, es el hechizo más poderoso , si no el único , que despierta mi interés por una mujer…romántico y femenino son para mí términos equivalentes…lo que el hombre ama de veras en una mujer es simplemente su feminidad…”

Es evidente la artística debilidad grandiosa que Allan tenía por las mujeres. El vivía cada cosa, cada miseria que emanaba de sus personajes. Por ahí se inundaba el texto de descripciones de contextos geográficos que hasta las mediciones en pies aparecían. Y te salía con esto de la perfecta descripción de lo que provoca la mirada de una señorita en el ser de su existencia. Por eso, más de una vez el lector piensa abandonarlo, aún habiendo leído tres cuartos del cuento. Pero si seguimos con perseverancia, encontraremos este tipo de sorpresas.

Y siguen las descripciones tediosas de un tipo que exagera en el uso de ellas. Un recurso descriptivo en la escritura puede obligar al lector a dejar las páginas  porque ya no le pega. Se forma esa nube de duda horrible en la continuación de una lectura celosa. Que exige todos los extremos de la atención sin que te puedas perder en los laberintos de la descripción de los paisajes de Poe.

Ahora viene lo grotesco. Esto debe ser más divertido.

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