viernes, 25 de enero de 2013

La residencia materna en hospitales públicos.


Luego de reconocer la importancia de la compañía materna para un enfermo en un hospital, Unicef consideró importante que en los hospitales públicos se inauguren lugares que oficien de residencia para madres.

Resulta increíble lo que una madre puede llegar a sentir por un hijo. Parece que todo lo que transita ese hijo le está pasando a ella. Y eso es un poco la idea que planteaba Hegel acerca del amor. En el amor hay dos personas que sienten lo mismo por ellos, recíprocamente. Una suerte de sentimiento empático que nace de las entrañas y se proyecta hasta lo más sublime del ser. Tu dolor es mi dolor.

Esto se da más aún cuando hay una situación límite de por medio. Por ejemplo, una terrible enfermedad que puede terminar con la vida de ese ser parido por esa mujer. Ojo que no está solamente dirigido a la mujer, sino el padre también lo padece tanto como la madre. Pero vamos a apuntar a lo que padece la mujer. Ese es el momento que cambia de un segundo para otro la vida de la mujer que transita por ese nefasto momento.

Lo único que la salva es la fuerza enérgica de esa tribu que tiene como afectos que le dan el apoyo y la fe necesarios para transitar por este delicado momento.


 

Es un mundo nuevo el hospital. Uno entra en un universo en el cual lo programado se desprograma en la agenda. Donde los médicos sudan el ambo para sacar adelante a sus pacientes. Peleando en la trinchera  y lo peor: dándole la noticia a los familiares. Sobre todo cuando no son buenas. Ah, y zafando de no caer en manos de los caranchos que rodean el hospital en busca de sus presas.

El nosocomio es esa institución de la salud donde nunca hubo un presupuesto ajustado a sus necesidades. Siempre escaso. Parece ser que un pueblo sano no conviene al poder. Sin perjuicio de eso, se puede vislumbrar a genios que bajan de sus autos destrozados y vienen de un Congreso de medicina de alta calidad. Sabiduría de sobra en los hospitales públicos que se caen a pedazos en cuanto a su infraestructura.

Los gobiernos, cómodos de su situación de sillón lujoso, siguen haciendo caso omiso a una situación urgente. Como es, fue y será siempre la cuestión de la salud, que un país tan vapuleado en la opinión como Cuba tiene como cuestión social prioritaria. Nos falta siglos para llegar a ese nivel de dignidad. Acá la gente sigue pidiendo presupuestos en seguridad, más policías en las calles, cuando no el ejército. No es que se niegue la inseguridad. Pero las soluciones reales a los conflictos sociales nunca pudieron ser resueltas por medio del Código Penal. Nos sobran los ejemplos como un país que vio correr sangre de la mano de la Solución Final, perdón, del Proceso de Reorganización Nazional.

Al margen de ello, la escritura suele ser una compañía indeclinable a la hora de hacer catarsis sobre estas situaciones adversas que requieren de una descarga mental y sensorial más aún cuando hay una fusión de esferas públicas y privadas y hacemos propio un asunto público y hacemos público un asunto propio.

Otra de las compañías indeclinables es la música que alimenta el espíritu de una forma conmovedora. Por ahí alegra , por ahí entristece y hace descargar y aliviar el alma. Pero nunca está demás esa música que cada ser humano lleva en su ser, aunque no ejecute ningún instrumento. El hombre es música. Y dios también, dijo el pelado Cordera.

Por eso, cuando una persona está enferma, en un coma, o en alguna situación donde corra peligro su vida es insoslayable el poder de la música para esa persona y para los familiares y amigos que los acompaña. Lo cual también resulta importantísimo para el inconsciente de la persona que no reacciona en una cama de hospital. Incluso hay una carrera universitaria que se llama musicoterapia.

Pero al margen de ello, en situaciones como esas ponemos a full nuestros sentidos y nos sentimos ciento por ciento más sensibles que de costumbre ante cada detalle de la vida. valoramos cada instante como si fuera el último. Cada segundo mucho más de lo que lo hacíamos. Pero para eso tenemos que pasar por aquello. A la gente le ocurre que si no le pasan las cosas no siente, apreció León Gieco en uno de sus temas.

 

 

 

  

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