lunes, 9 de diciembre de 2013

Moreno en los apuntes de la secundaria: La disciplina de Billiken


La bibliografía escolar sobre un mero secretario de una Junta es escasa. Salvo algunas excepciones, en las que la mayoría de las entidades educativas forman una idea muy lejana de la realidad, como es su costumbre. O peor, evitan sus ideas revolucionarias  que hicieron tambalear un statu quo reinante.

Por ejemplo: las ideas acerca de la doctrina de la revolución son variadas. Muchos autores hablan de eso. Destaquemos tres: Felipe Arana, Juan Bustinza y Hugo Wast. Afirman que la Revolución de Mayo se nutre de doctrinas liberales francesas. Como las de Rousseau y su Contrato Social.  José Luis Romero apodó este hecho histórico como “convulsión social”. Por otro lado, se recuerda la censura que imperaba en la época. Se puede leer en las mismísimas palabras del mismo Moreno: “…raros tiempos de felicidad éstos, en los que se puede pensar lo que se quiere y decir lo que sse piensa…”. Estas palabras se publicaban en su creación periodística: La Gazeta. Como prueba empírica, se puede mencionar los 200 ejemplares del Contrato Social, traducidos al español por Moreno, que fueron quemados públicamente. Este hecho fue posterior a la revolución.

La censura que imperaba en un Virreinato que fomentaba la ignorancia de las masas, sumado a la escasa circulación de obras “herejes” para este sistema opresor, fue insuficiente para la tan mentada “convulsión social”. La duda que aqueja no es la de la tesis de Romero igualmente. Sino la de Hugo Wast, apodo con que se autobautizó Gustavo Martínez Zuviría. Este personaje sostenía que Moreno era un agente británico, paranoico, empachado de teorías europeas. Esto fue dicho en 1960, en el libro Año X, un libro filofascista que deja mucho que desear a la historia del análisis histórico y queda como los dioses con el reduccionismo. 

Un poquito más sutil, con un tanto menos de arrogancia y un tanto más de respetuosa inteligencia, lo enseña Felipe Arana en un análisis groussaquiano. Afirma que “desconocía totalmente las ideas económicas que en esos momentos estaban en vigencia”. Como fiosiócrata quesnaysiano decía que “introducir mercaderías inglesas no era un mal negocio como se decía sino que era un bien pues los criollos podrían imitar la buena producción británica…”. Podría haber escrito para Clarín tranquilamente este Arana. Una solución europea para los problemas argentinos en el afán de imitar modelos foráneos. Nunca un cerebro con sangre nativa para construir un paraíso latinoamericano. Nunca una identidad. Nunca un pensamiento original y libre. Lo más triste es que así se lo transmitieron a los pibes en las aulas. Con silencios. Con ocultamientos de quienes murieron por un mundo menos peor. Con mentiras, con intereses que no revelaban. Con Billiken “disciplinando” la pendejada. Feliz día de la democracia.

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