miércoles, 23 de octubre de 2013

Y Moreno era un rebelde


“Tanta agua era menester para apagar tanto fuego”. Palabras textuales de Cornelio Saavedra, presidente de la junta y enemigo ideológico reacio a los grandes cambios. Corría el 4 de marzo de 1811 cuando en medio de Alta Mar murió. Y con él se fue uno de los próceres realmente comprometidos con la realidad social.

De contextura robusta, con marcas de viruela en el rostro y dolores reumáticos que lo invadían dejándolo en cama. Mucho pelo negro. Mirada asombrada, de ojos grandes apasionados y llenos de fuego. Genio combativo que suscitaba un fruncimiento incipiente de labios.

Mariano Moreno era escritor. Periodista y doctor en leyes. Su papá no estaba de acuerdo con ello. Se llamaba Manuel Moreno, labrador de Santander y posterior ministro de la Real Hacienda del Virreinato del Río de La Plata. La madre se llamaba Ana María Valle. Era criolla y reputada “limpia de mala raza”. Así la estigmatizaban en las entidades educativas como la Academia Carolina de Chuquisaca. Casualmente allí, Mariano Moreno se recibe de abogado. Su hermano menor se llamaba Manuel como su padre. Era secretario de Mariano y uno de los tripulantes del barco que los transportaba hacia el “exilio disfrazado de misión diplomática”. Así llamaron Eduardo Luis Duhalde y Luis Hipólito Alén al pedido que le hizo Cornelio Saavedra cuando se lo quiso sacar de encima.  Cuando muere Mariano, su hermano dijo: “…vio venir su muerte con la serenidad de Sócrates…”.

Quisieron hacer pasar la muerte de Mariano Moreno por una descompostura. Sin embargo, los escritos de Manuel dicen que fue envenenado con arsénico vertido en un vaso de agua que había pedido. Al día siguiente de su muerte, su amada María Guadalupe Cuenca, recibe un anuncio tétrico a la manera de “no lo esperes nunca más Penélope”. Ese anuncio consistía en una cajita con un abanico negro, un velo del mismo color, un par de guantes que hacían juego y una nota: “pronto tendrás que usarlos”. María Guadalupe Cuenca fue secuestrada de su casa por Mariano Moreno cuando tenía 14 años porque sus padres no la dejaban casarse. Se casaron el 20 de mayo de 1804. Tuvieron un solo hijo: Mariano.

Este mensaje fue el anuncio de la viudez. Pero no sólo eso. También revela la metodología empleada para acallar al oponente de la mejor manera medieval. Exterminar la disidencia a toda costa. Cercenar la innata condición rebelde del ser humano en pos del brindis y los honores de la gesta de mayo que Moreno quiso suprimir en pos de la igualdad, valor que le costó la vida.

Por eso Mariano Moreno. Por eso su rebeldía y su disconformidad con lo establecido. La búsqueda de una verdad enterrada tras una fachada de alta alcurnia. Sin las medias tintas de quienes quieren contar la historia de los ganadores. Con una pluma combativa. Tan combativa que escribía en rojo. Dejaba su sangre en los escritos.

Hoy se duda de sus facultades mentales. Por ejemplo: se duda de su autoría de La Representación de los Hacendados y Labradores de la Banda Oriental y Occidental. “Conocía muy poco las ideas económicas de la época y mucho menos las del librecambio, ya que sólo leyó las ideas de los fisiócratas…”, maldecían de su genio. Y acá hay que discernir entre conocer y no estar de acuerdo. Generalmente, las personas que no están de acuerdo con algo son escamoteadas, vapuleadas, vituperadas. Para no pegarles un tiro en el mate, los defensores de lo opuesto al cambio le endilgan la falta de conocimiento.   En este caso, el autor de esta frase es Felipe Arana.  En un esfuerzo sobrehumano por enseñarles a sus alumnos Historia Económica y Social Argentina. Ed. El Coloquio, Bs. As. 1969. En el prólogo aclara que el objetivo del texto es de “lectura de repaso posterior a la lectura obligatoria para quienes se introduzcan en la materia”. Honestidad intelectual. Sin perjuicio de ello, este historiador quiere confirmar su tesis de la escasez de cultura que poseía Moreno por medio de la mención de un autor como Paul Grousac, que desvincula la Revolución de Mayo de toda influencia doctrinaria y empírica con la Revolución Francesa en su Crítica Literaria, pág. 256, B.A., 1924) advirtiendo que “ha escrito en La Biblioteca (Tomo I, pág. 137), demostrando fehacientemente la poca cultura económica y política de Moreno”.

Una vez más, la historia contada por los ganadores. Los que triunfan. Sobre el apasionado anhelo de querer luchar contra las injusticias sociales de un régimen que se alimenta de las desgracias de un pueblo golpeado y justificado en su rebeldía tan inseparable de la condición humana.

Con el perdón de aquellas subjetividades inexorables del autor, en este intento de testimonio y el debido respeto que se merece todo lector de estas humildes páginas, me veo en la entrañable necesidad  de afirmar que don Mariano era un rebelde apasionado por la justicia, evadiendo, no sin cierta sumisión, los objetivos académicos del trabajo.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

que tul? por si a alguno le quedaba alguna duda, muy lindo Agu, me encantó. Sin enojo, la verdad mansa y desnuda...como debe ser dicha. Ma.-

Anónimo dijo...

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