viernes, 15 de marzo de 2013

MALVINAS, LA HERIDA QUE NUNCA CIERRA


Viene el 2 de abril. Falta poco. Es el día de las Malvinas, tanto bardo que hay atrás de que son nuestras o son inglesas. “nadie puede ser dueño se algo que está tan lejos”, nos dijo un Freddie Mercury que se inauguró la remera de la selección argentina puesta en la piel del cantante que visitaba Argentina. Un momento en que se entrevistó con el Diego en los camarines y se sacaron fotos juntos. Corría 1981 y Diego se calzaba la inglesa. Pensar que 5 años después le haría un gol con la mano de D10s.

Lo cierto es que este 2 de abril se cumplen 31 años del “si quieren venir que vengan”, le dijo el chihuahua al Bulldog.

Para esto, hay una película que recomiendo se vea. Se llama Iluminados por el fuego. Duro celuloide que relata y retrata una guerra decidida por un borracho, bajo los efectos del alcohol. La famosa Guerra de Malvinas de 1982 que termina en la pérdida de las Islas Gran Malvina y Soledad. Perdón, les conté el final. Creo que lo sabían. ¿Les suena Leopoldo Fortunato Galtieri? Al que Martín Cicioli le aconsejó que desaparezca, cuando presenciaba un acto bien uniformado y perfumado. “Me alegro”, dijo León Gieco cuando le informó un periodista del Canal de la Música que había muerto.

La película manifiesta un cierto desprecio a la guerra manejada por sucias manos. Fue llevada a cabo en las Islas que el gobierno de Margaret Tatcher  un día quiso invadir  y apropiándosela, como históricamente hicieron los ingleses. Políticas colonialistas. No en vano inventaron un sistema económico basado en el colonialismo como expansión del capital y en el imperialismo como gran dimensión.

Gastón Pauls y Virginia Inocenti encarnan dos personajes históricos. Uno en el pasado, en la guerra y el otro hoy, lo que quedó, el despojo humano que deja la guerra. León Gieco le pone música a una situación fulera. A una situación que generó un sistema perverso de aniquilación del enemigo, no los ingleses, sino el mismo argentino compatriota. Una historia tantas veces vista en la Argentina que por momentos sufrió amnesia y decretó indultos y dictó leyes de obediencia debida y punto final.

En el disco de Ciro se les dedica un tema a los Héroes de Malvinas. Asi se llama y dice:

puede mas indiferencia de tu gente
que la bala mas voraz del enemigo
me pregunto que pasaba por la mente
del infame que te estaqueaba en el frío.

Te sacaron de lo hondo de la selva
o de algún potrero ingenuo y olvidado
te sacaron de tu casa y sin abrigo
te largaron en el viento sur helado.

Te entregaron armas que no conocías
que con suerte cada tanto funcionaban
en un hoyo que cavaste repetías
las canciones que creías olvidadas.

No sabias que era sentirte tan lejano
ni que el hambre se comiera tus entrañas
solo estaba la mirada de un hermano
con la misma incertidumbre en la mirada.

La historia de los hombres que no pueden dejar de pensar en el tipo que estaba tirado en el suelo pidiendo auxilio con una pierna o un brazo menos. Ruidos, bombas, explosiones por todas partes, compañeros mutilados, mucha sangre. Intercambio de conceptos como valentía, cobardía, honor, memoria, maricón, enemigo. Todos puestos en cuestión.

Los mismos jefes que auguraban un enemigo puertas afuera declaraban la guerra puertas adentro a sus propios compatriotas por subversivos. Y la voz con aliento a sustancia etílica decidiendo por la voluntad popular.

“El mar se mide por olas, el cielo por aire, nosotros por lágrimas”, canta León. Una historia con la herida abierta. Tan abierta como el plebiscito para ver si los kelpers se sentían argentinos. Un doloroso porcentaje nos dice que el pueblo malvinense ya es británico en un noventa y pico por ciento. Ni siquiera el pueblo nos apoya. Plebiscito tardío, cultura instalada. Malvinas es una herida que nunca cerrará.

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