lunes, 23 de julio de 2012

La historia , según Hobsbawm




Toda revolución se da producto de una crisis económica que le antecede, sugirió Hobsbawn historiador egipcio de raigambre marxista. Es judío y subestimado por serlo.

Inglaterra fue cuna del industrialismo que se vivió de diversas formas. Fue el paladín de la Revolución Industrial. Del siglo 17. Legó un Estado-Nación que dejó mucho que desear en cuanto a la falta de trabajo que generó en el hombre que tuvo que abandonar sus artes y oficios y adentrarse en las fábricas de los campos a las ciudades para poder sobrevivir ya que la producción en serie de las máquinas reemplazo a la producción en serio del hombre.

El  industrialismo también generó la expropiación de los medios de producción que desde los artesanos pasaron a los gestores de este modelo de producción incipiente capitalista y generó a posteriori la acumulación de las riquezas ahondando la brecha  de desigualdad social y a teóricos analistas de esta situación como Karl Marx que hablaban de combatir el capital pero que el poderío económico de entonces se encargó de eludir. 

Análisis tan superficiales como el presente merecen las mejores críticas. Sigamos.

Simplemente, o complejamente, los llamados “burgueses” por Marx, no querían perder el dominio de los medios de producción ni querían repartir las ganancias que eran generadas por ese plus de valor con el que se quedaban los burgueses, pero que pertenecía al proletario que, en el afán de seguir conservando el laburo (mantenían sus familias), no consideraban oportuno el reclamo. Tampoco querían repartir la torta los que habían colaborado a erradicar la nobleza y el clero como factores de poder central, durante la revolución francesa de 1789, con sede en Francia. Pero no querían ir más allá de eso tampoco.

Se fue gestando un proceso de transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales en virtud, o en defecto, de esta serie de injusticias sociales que terminaron en revoluciones sangrientas, liberadoras de países sometidos al yugo imperialista o revoluciones frustradas en países que eligieron someterse al yugo del capitalismo mundial y no forjar su propia historia, como identidad genuina de construir desde esa identidad sin adoptar modelos foráneos que tanta confusión importaron. Nos sobran los motivos, dijo Sabina.

En síntesis, Eric Hobsbawn nos cuenta en el texto “en torno a los orígenes de la revolución industrial” que es inherente a cualquier análisis histórico la cuestión económica como leit motiv de todo proceso histórico como hecho trascendente del mundo poscapitalista.

Arroja por la borda todo atisbo de versiones clásicas y neoclásicas tanto tradicionales como oficialistas del asunto, que eluden tratar ciertos aspectos y brindan otra versión como válidamente funcional, o intentan vender la verdad revelada por dios. Del seudónimo del seudo anónimo.

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