lunes, 9 de julio de 2012

Desembarco de El Campo en la Ciudad de Mercedes


Una familia: padre, madre e hija. Un cambio. Vamos a vivir al campo. La ciudad aturde, deprime, aliena. La decisión la tomó él. La casa era un desastre. Vieja, con promesas de arreglos (varios). El empeñado en hacer feliz a una mujer que vivía una angustia existencial elevando todo posible problema en un problema real. Solución masculina: ir a vivir al campo. Por momentos es cómica la nunca adaptación de esta pareja a la vida silvestre. Por momentos, catastrófica. Desatándose en inútiles discusiones acerca de la misma nada, de cuestiones cotidianas. El miedo se apodera de la adaptación del personaje que muy bien encarna Dolores Fonzi (Elisa)  al campo. Diferentes costumbres. La desconfianza generalizada en un clima donde prima la confianza acérrima, lo confianzudo.

La cuestión es que la crisis de la pareja se intenta suprimir con un cambio de vida. Santiago (Leo Sbaraglia) , para ello, le pone empeño a una situación de remarala contra la corriente, sobre todo en una escena en que se queda a mitad de camino en medio del río y remándola literalmente.


Es la primera ficción del director Hernán Belón que ya mostró sus dotes en otras como El tango de mi vida (2008), Sofía cumple 100 años (2009) y esta del 2011, que fue rodada parte en Suipacha, en la ciudad de Mercedes y en Saladillo, con extras de cada una de las ciudades que se pudieron apreciar en una de las escenas del film.

Una drama que vale la pena digerir desde una mirada del género basado en aquellas parejas a las que cuesta remar contra la tan frecuente soledad que genera la angustia existencial. Algunas van a vivir al campo, algunas van a misa, algunas se hacen miembros de una secta, algunas se dedican al deporte, otras al arte; como decía el Nano, “cada loco con su tema”. 


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