lunes, 5 de marzo de 2012

DEMOCRACIA Y LIBERTAD


El cuaderno que tanto vomito cuando escribo quedó al lado de la cama y en este momento es víctima de otra lanzada. Momentos de vómito espiritual en los que la angustia-inspiración que algunos llaman musas dulcemente, me impulsan a escribir después de varios juegos de cintura para acostarme a vaciar el infierno y empezar de vuelta.

Creo que definí la escritura. Pero no soy muy amigo de las definiciones. Me parecen siempre incompletas, vacuas, inútiles. Para dejar la conciencia tranquila de que algo es así y no de otra manera. Cuando algo definido, en el momento en que se termina de definir, ya es otra cosa.

“La democracia es el gobierno del pueblo”, demos , pueblo, cratos gobierno, o algo así desaprendíamos en el colegio. Lo que no nos enseñaban es lo que escondía esa definición. Que la democracia significaba mucho más que esa hermosa mentira tan dulce al oído. También era demagogia, autoritarismo, sostén de un modelo económico, peldaño para arribar a sangrientas dictaduras, retornos de dictaduras para bajar a una más sutil pero no menos violenta: la dictadura económico-financiera del posmodernismo.


Para Alfonsín por ejemplo, significó comida, educación y salud. ¿será por eso que no logró completar su mandato? Con la democracia se tendría que comer, se tendría que educar, se tendría que curar si los grandes poderes económicos la dejaran de manipular.

Que lindo cuento. Después está la cruda realidad. Con la democracia se mueren de hambre miles de chicos, no hay insumos en los hospitales, los médicos sufren la presión de los martillos judiciales en la nuca, presión que no los deja trabajar en paz, y el tongo de los caranchos en la puerta de los nosocomios que basan su búsqueda de casos como aves de presa impulsados por la información que les brinda los sistemas de (in) seguridad. Con la democracia, el poprcentaje de deserción escolar en los jóvenes es cada vez mayor y el analfabetismo es directamente proporcional a la cantidad de horas que un chico pasa frente al televisor o cualquier clase de pantalla fomentando en cada familia la cultura de la pantalla.


Basta. Dijeron un día. Y los militares tomaron el poder. No hubo más democracia. No hubo más gente. Los magos de las armas hicieron desaparecer a cualquiera. Militen o no en partidos políticos. La juventud era un peligro. Era la culpable de todos los males de la democracia. Tan nacionalistas que le pidieron ayuda a los yanquis que, chochos, financiaron los golpes de estado en toda Latinoamérica. Con sus grandes multinacionales que hoy consumimos contentos de vivir en una democracia que se puede elegir si comer en un Mc Donals o en un barguer, si comprarme adidas o naik,  si consumir faso o merca.

Con la democracia podemos elegir sin que un milico te apunte a la cabeza y decirte lo que tenes que hacer. Mañana me voy al Congo y me instalo en una choza rodeado de vida silvestre. ¿y qué hago con mi vida de ciruja? Eso no sale de la boca de alguien que no cubre sus necesidades básicas.

Ah, me olvidaba . si querés elegir en democracia tenés que tener un cierto volumen de guita en los colchones o en los bancos. Para empezar a hablar. De libertad. Digo, si querés ser libre. Evidentemente, la libertad, la igualdad y la fraternidad se quedó a vivir en Francia. ¿Quién es más libre? ¿ El que más tiene o el que menos necesita?  ¿se puede medir la libertad? ¿ o como dice la Bersuit: “la libertad es sólo un mandato lícito, y encuentra en el libertinaje su liberación”? ¿o como dice Silvio Rodríguez: “la libertad nació sin dueño y yo quién soy para colmarle cada sueño”?  ¡Uy!, perdón que mencioné un cubano. Cierto que en Cuba no había libertad. Perdón otra vez.

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