viernes, 2 de marzo de 2012

todos somos peronistas


Bajo el riesgo que corro a las puteadas de algunos historiadores, voy a intentar señalar un esbozo de las instituciones argentinas. Intentar. Pero me atrevo a afirmar de que más allá de la sangre que corrió en suelo argentino, Argentina nunca se animó. A jugarse a tener una postura frente al mundo. O al menos en lo concerniente a lo que demuestra la historia oficial, que históricamente sostuvo un discurso parcialmente vencedor sobre lo que resultó ser lo que pasó realmente. Verbigracia, “Moreno murió en altamar”, donde en una simple oración se estaba soslayando los intereses que había detrás de la muerte de este abogado y periodista que transformaron dicha muerte en un asesinato perpetrado por los detentadores del poder. Léase Saavedra y sus secuaces. Para ser más claros.

Jueguito para la tribuna. Mucho ruido y pocas nueces. En los despachos del gobierno se habla de otra cosa menos de lo que se prometió en el discurso antedicho ante miles de personas que emocionados acudían a encender un mínimo de esperanza.

Esto no sucede hoy. Quiero creer que no. El último discurso de la presidenta da cuenta de que lo que sucede hoy no es lo bizarro de décadas anteriores. O por lo menos quiero creer que no. Quiero creer que cuando se terminan los discursos tan encendidamente políticos y jugosamente económicos (parciales porque no se habló de inflación; hubiera sido más jugoso aún) vienen las órdenes inmediatas que acceden a que esas palabras tomen un realismo sociológico tal que se imprime en la sociedad un dejo de placer y tranquilidad que hace que la gente se sienta protegida por un gobierno que los acuna. Que los toma como bebés donde viene un papá estado a satisfacer los llantos de la criatura sociedad intelectualmente vapuleada. No, prefiero no creer en eso.


Si desaparece ese estado, desaparece el padre. Y la sociedad crece con miedos. Entonces hay que creer en las instituciones que tienen un descrédito cada vez mayor. y se genera un caos que se traduce en violencia. Si hay algo que es cierto es que no hay peor peligro para la construcción de un país que un pequeño burgués asustado. No hay nada que orille más que con el fascismo.


El hombre que se traduce en miseria, que se traduce en dependencia de todo tipo, de banderas de estrellas triunfantes menos una, y camisa a rayas blancas y rojas como Capitán América que se compensa con la tristeza que genera la desolación de un países como por ejemplo Irak.

Dije que iba a hablar de instituciones. Los engañé. Pero retomo. Las instituciones argentinas son un fiel reflejo de la búsqueda de soluciones europeasunidenses a problemas argentinos y latinoamericanos.

La regionalización y la estatalización económica latinoamericana da cueenta de un nuevo panorama continental sudaca. En Argentina, el sector conservador retiene la producción campesina a causa de lo mismo: otra retención por parte del estado. Ya no. No fue.

El golpismo campesino regocijándose de la toma del poder con la que tanto despotricó como prácticas zurdas de unión latinoamericana de países del mismo continente. Que asco el vecino. País hermano que otrora fuera a inexistencia de frontera a buscar alimentos. Nativos que vivían de la caza y de la pesca, de esos frutos de la naturaleza que destruyen grandes empresas, que se administraban con un mínima economía de subsistencia y a falta de grandes fórmulas de Harvard, nadie moría de hambre. Tierras, ganado, cultivo para todos. Como el fútbol de hoy. Para todos.


Los habitantes de lo que posteriormente se apoderaron los vecinos del norte cuando se creyeron dueños de ella, bien digno a su estilo colonialista e imperialista que tanto detestaba el Che Guevara en sus viajes libertadores del yugo imperialista. Y ahora la corona británica sale a decir que nosotros somos los colonialistas porque el gobierno le reclama algo que es nuestro. Paradojas y contradicciones del colonialismo.

La cuestión es que la Argentina nunca se animó a jugársela. Siempre sistemas mixtos de péndulos decisorios de grises que nunca se definen. Federales o unitarios, sustitución de importaciones o fomento de la industria, conservadorismo o peronismo, peronismo o comunismo, eeuu o Cuba, capitalismo o socialismo y así podemos seguir nadando en un mar de grises entre tantas idas y vueltas como si estuviésemos viendo la imagen de un diamante en bruto con mil caras, tantas como formas de peronismo. Siempre terminamos en él. Un amigo decía que no se puede no ser peronista. Todos somos peronistas. Hasta los antiperonistas al ser anti, le da más vida todavía.     

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