martes, 21 de febrero de 2012

Ceguera voluntaria

“Si puedes mirar, ve. Si puedes ver, repara” (José Saramago)
Hay gente que queda ciega. Pero no súbitamente sino porque hay una voluntad interna que hace que los ojos se vayan para adentro y vean lo que la boca no se anima a contar, aún teniendo a mano las palabras para hacerlo. No queremos ver para afuera y cerramos los ojos que pegan media vuelta dándole lugar a que la córnea visualice aquello que los labios no se animan a contar y que afloran en sueños, fallidos y demás formas en que se manifiesta el inconsciente.

No queremos ver pobreza. No queremos ver las miserias ajenas ni queremos ver a la muerte. Incluso la negamos. Negamos lo que arbitrariamente denominamos bajo el rótulo (equivocado, como todo rótulo) de negativo. Negamos lo negativo en un esfuerzo sobrehumano de alcanzar algo que un día nos vendieron como felicidad. Ojos que no escuchan, oídos que no ven , manos que no sienten, corazones intocables. Insensibilidad social.
Esta cuestión privada entre la persona y sus ojos con los que nació se torna pública en el momento en el cual brotan necesidades de alrededor . Cosas que no vemos, cosas que por ciegos no vemos. Cosas de valor. Que cuando las tenemos no las valoramos. Y cuando las perdemos tienen un valor inconmensurable.
Entonces al no ver nos alejamos cada vez más de lo que nos rodea. Ensimismados en nuestras imágenes que no queremos ver porque nos resulta duro conocernos y saber quiénes somos en nuestro fuero íntimo.         Entonces nos ponemos distractores que enloquecen nuestro ver. Como la tele, el fútbol, internet , los jueguitos electrónicos, el facebook, los mails, los sms, los wasap, los tuiters, bien acorde a la imposibilidad de darse un abrazo porque ya lo mandamos por mensajito.y esa ceguera se parece mucho a la muerte. Esa conversación con delay, esperando que el interlocutor pierda la atención que atrae absorbentemente a una pantalla para contestar lo que se le pregunta. Y la respuesta rápida y evadiza para continuar boquiabierto y estúpidamente atendiendo a una máquina que le devuelve señales 01010101 mientras quien le habla pierde su emoción comunicativa y ahí aparece la muerte comunicacional, principio de todo conflicto que resulta funcional al statu quo vigente que se alimenta del conflicto permanente entre seres humanos. Mientras los naturalistas echan culpas sobre el hombre presentándolo como la peor mierda. La verdad es que podría ser más inteligente, sí. Pero de ahí a presentarlo como lo peor, hay una considerable distancia.
Aveces tumbados sobre sus camas, los ciegos voluntarios que son hombres también, inclinan su atención en el cansancio precoz después de semejante carcomida de cerebro por las señales tecno eléctricas que agotan cualquier elaboración intelectual de un cerebro tranquilo. Y creo que un poco es su fin. La existencia social pierde sentido paradójicamente en una atrapadora red social que sustituye todo tipo de acercamiento a no ser que para eliminar lo que me rodea o con interés nefasto maquillado de ayuda mutua.
Esto no significa la desaparición rotunda de los sentimientos genuinos de amor ni el fin de las relaciones interpersonales , pero hay que estar alertas .
Esta es un poco la ceguera voluntaria. Creer que vemos cuando miramos. Y, en realidad, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Mientras  tanto, nos tejen telarañas de redes sociales para fomentar la comunicación incomunicándonos cada vez más. Paradojas del poder.
                              
                                                                                             

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