lunes, 30 de enero de 2012

LA CONSTITUCIÓN DE PAPEL (HIGIENICO)

Y si, de a poco se va apagando un día agotador. Mientras, se enciende el sueño dormilón del cansancio. Uno se va haciendo quizá un resumen banal del día. De lo que vivió en un mar de síntesis que nunca llega a ser tal. Nunca es poco, siempre es más y más sucesos.
Sin embargo, la gratificación que causa la tarea terminada y el haber cumplido con una jornada que nunca finaliza. Porque mañana empieza otra. Espero que no sea igual, ni circular ni diaria. Aunque lo será. A menos que algo glorioso te arranque de la rutina cruel y pegadiza.
El estudio de esas sociedades que lo único que dan cuenta es que se inventaron para la acumulación del capital en manos del hombre. Y que a sus pies quedan los hombres.  Y es así donde se va forjando esa maldita desigualdad que genera odios, miserias, mentiras, proezas. Que nos hace mirarnos distintos y que nos iguala en esa mirada de desconfianza. Miramos distinto.
Seres humanos que se creen distintos porque simplemente ostentan más bienes que otros. Se genera odio de un lado y del otro. Competencia nunca sana que llega a extirpar los ojos de los que juegan el juego. Se debería tener un gran oftalmólogo para que cure las heridas oculares de quienes se animan a jugar a un juego siniestro que consiste en sacarle los ojos al de al lado para ser más originales.
Es el momento en el cual también se engendra la terrible venganza alimentada por el odio y el rencor de quien tiene nada. Las balas insensibles y una daga lo reflejan día a día  en la tv que nos ve y se ríe de nosotros alimentándonos el odio y haciendo muecas para que nos distraigamos de la charla de quien tenemos al lado, generando más incomunicación y extrañeza hasta en la persona que convive con nosotros. Nos chista a cada rato para que veamos las nuevas piruetas que hace. Nosotros la miramos y quedamos estupefactos imitando cada una de las piruetas pero en nuestra vida real. Así nos va.
En fin, un agotador día de viajes en educación de una constitución forjada por hombres que un día construyeron una Nación en 1853 con la consecuente utilización que se le dio a la misma en décadas posteriores: un buen lugar al lado del inodoro para limpiarse el traste cuando tenía que hacerse valer sobre todo la primera parte de la misma.
La parte que nadie quiere usar de papel higiénico es la de la reelección presidencial. Eso es clarísimo. Y la que confiere al poder tener más poder para dictaminar un estado de sitio.  Esa quedó intacta.
Los bancos de la facultad de derecho son testigos de que esa parte no la enseñan. Son bancos incómodos en los que se dificulta hasta sentarse. Y cuando lográs sentarte parece que va a venir el cura a dar la misa, aunque seas judío, musulmán, buda o de la religión que se te ocurra. Bancos funcionales a la falta de rueda de debate. Nadie se anima a discutir los preceptos que dictan los profesores y su discurso ni su meta discurso ni su bajada de línea. Ni a reaccionar ante cualquier injusticia. Preparándose aún para ser justicieros futuros. El valor justicia. ¿Qué será? Seguro distinto a todos y cada uno. Un valor que tan vehementemente menciona ese papel higiénico llamado Constitución Nacional. Nada más ni nada menos.

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