viernes, 31 de agosto de 2012

Menos que existen los que no tienen nada que perder


Me encontré con una persona que no tenía nada que perder. Y me hizo acordar a un tema de Silvio Rodríguez que dice “ …menos mal que existen los que no tienen nada que perder…” Lentamente, me fue contando que uno va recuperando las ganas de vivir que le había quitado la misma vida cuando se da cuenta de que vive. Y que estuvo a punto de perderla. Y cuando estuviste a punto de perder la vida la empezás a valorar cada día más sin dejarte influenciar por cosas sin sentido.
 

El me contó que tenía una vida tenue,aburrida, apagada. Que la gente alrededor camina lento, despacio, con cuidado, con excesivo juicio. La gente está asustada. Y el tipo se preguntaba por qué. ¿por qué vivimos así, en una paranoia permanente, con tanta violencia? ¿y por qué si vivimos tan mal, todo el mundo la banca la mala situación pero nadie la quiere cambiar? ¿tan masocas somos?, me preguntaba el hombre.

Y continuaba. Si uno quiere cambiar las cosas, lo miran a uno como si fuera el bicho raro que amaneció en el catre de Kafka en su metamorfosis. ¿por qué complacemos tanto el sufrimiento humano? Saramago decía que el ser humano desperdicia una enorme cantidad de su inteligencia en banalidades.
 

Silvio Rodríguez tiene en una de sus canciones otra frase que dice que lo terrible se aprende en seguida y lo hermoso nos cuesta la vida, que la vida es tan alta tan alta que para tocarla casi hay que morir para luego vivir. Muy hegeliano. Toda esta cosa entre libros y música se me pasaba por la sabiola cuando me hablaba este buenhombre que casi había perdido la vida en un accidente. Hoy decía que no tenía nada que perder. Hago lo que siento y sanseacabó decía el tipo. Uno nunca sabe. Cuando estemos en el cajón, va a ser tarde. Y en chiste decía que una vez que te tiran la tierra encima anda a levantarte.

Pero por otra parte ¿qué es la muerte sino volver a nacer? En la vida hay muerte y en la muerte hay vida.

La cuestión es que el viejo me hizo un sinfín de preguntas que me dejó pensando. No le respondí ni una por supuesto.
 
 

 

jueves, 30 de agosto de 2012

SAN AGUSTIN Y EL PERRO


Bueno, muchas de las cosas que decía el perro que hoy recomendé se dieron en la realidad. Por ejemplo: que nadie puede decir que la Corte Suprema de Justicia, durante el menemato, siguió los designios del Ejecutivo. Muchas veces los interpretó por adelantado.

Los jueces siempre tienen ideología. Radicales, liberales, conservadores que, llegado el caso , se ponen al servicio de gobiernos militares que reprimen al pueblo y al peronismo. Esto lo escribe el Perro. Así le dicen. Debe ser porque cada letra es un mordisco en la nalga de quienes se creen intocables.

La justicia obstaculiza la justicia en al medida en que este autobstáculo se traduce en intereses espurios que ostentan negociados privados. En cuestión de no conveniencia, pone argumentos procesales que imposibilitarían una resolución “justa” de fondo. La forma como obstáculo del fondo. Como su límite antagónico oficiando como alcohol que quiere apagar un incendio.

La connivencia como disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones groseras que cometen los súbditos. Si los poderes políticos, continúa el Perro que muerde y ladra poco, censuraran o controlaran a la prensa, debido a su natural vocación por extralimitarse, el Poder Judicial garantizaría a los derechos de los habitantes contra esos excesos.
 

Los propios órganos instituídos para garantizar esos derechos son los mismos que los atropellan.

Hace poco, unos días atrás, el 28 de agosto para ser más precisos, fue San Agustín. El canonizado dijo un día: “…el misterio de la fe, como el mar, no cabe en los cubos de la lógica humana…” feliz día a todos los agustines, incluso al Perro, que de tanto morder lo quieren sacrificar.

viernes, 17 de agosto de 2012

SAN MARTIN, LA ESPADA Y LA BALANZA


Hagan la Corte, dijo Carlos Saúl I y la Corte se hizo (mierda). La construcción de un poder absoluto sin justicia ni control, según el perro Verbitsky que editó justamente acerca de este tema en editorial Planeta.

El criterio del gobierno nacional sobre los organismos de control en una traducción muy simple: quien molesta lo sacamos de su cargo.

La justicia penal como última ratio. Cuando le toca intervenir para investigar un delito es porque antes fallaron los mecanismos de control de gestión que deberían haberlo impedido. La concentración de un enorme poder superior al de los jueces aunque carezcan de facultades para privar a alguien de su libertad.

La falta de rectitud en los controles, menos aún sociales; las víctimas reclutadas donde siempre: en la subordinación padeciente que nunca se pudo erradicar. El conjunto de normas penales recayentes cual martillo azotador de las clases más vulnerables.

La contracara de la vertiginosa concentración de poder y la riqueza de los noventa cual emporio del empobrecimiento generalizado. Una aguda sensación del desempleo y la inseguridad del empleo que se traduce en leyes flexibles en contra del que suda el lomo. Abusivos contratos de trabajo con laburo a destajo. Viejas Locas lo cantaba en Homero.

Los medios masivos de comunicación diciendo que llovía cuando nos meaban como bien decía el indio. Transmitían en vivo la muerte misma de la petición de leyes más duras contra los delincuentes que atentaban contra las instituciones propiedad privada y contra la vida. Nada decían de quienes atentaban contra la propiedad pública y contra la vida, indirectamente. El hambre también atenta contra la vida y está políticamente programado.

El ilusionismo penal de pensar que es la solución a los conflictos sociales aún sigue vigente. Las campañas de la ley y el orden y la propuesta de nuevas leyes  creando nuevos tipos delictivos y aumentando las penas de forma indiscriminada le ponen un sesgo de solución urgente de la noche a la mañana a las peticiones medievales de pena de muerte a los delincuentes.

Las clases dominantes ofrecen paradigmas de comportamiento anestesiantes de la angustia desplazada de su verdadera motivación.

A todo esto , el gestor Carlos Saúl I declaraba en su época: “…la democracia es una actitud ética ante la vida…”

Entretanto, la aspiración de justicia siempre perfecta e inalcanzable es una de las utopías más fuertes de la humanidad. Seamos realistas, hagamos lo imposible.

Por eso, la Corte de ese entonces, por una decisión consciente y deliberada, extinguió la elemental diferencia entre la fuerza de la ley y la ley de la fuerza.

La espada y la balanza son símbolos de la justicia. La espada del Libertador San Martín ajustició junto a Bolívar. San Martín fallecía un día como el de hoy. Esta transición de la espada de la justicia anterior por la de hoy, con todo lo que significó ese cambio es el mejor homenaje a la espada del Libertador.

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