jueves, 26 de abril de 2012

Burocraticidio


Plazos que vencen. Cargos que cargan. Vencimientos que pasan. Gente en las cárceles. Cárceles con gente. Y lo peor de todo, no se sabe si es culpable o inocente. Para el sistema son todos culpables. La realidad dice que la verdad es imposible de saber. Intereses que cubren la verdad con el mejor manto traducido en mercancía. La mejor mercancía, la única y fundamental: el dinero.


Ignorancia cooperada por un sinfín de papeles que representan la burocracia. Nació para organizar. Desorganiza. Es el mejor remedio contra la unión humana. Administra muertes con forma de trámites. Muerte humana. Resulta tabú hablar de la huesuda. Ni siquiera se la nombra cuando se habla de ella. El tratamiento que salva la vida de una persona depende de una orden escrita en un papel y de millones de pesos, cuya portación de valor es un papel.  O varios. A su vez el papel representa la tala de árboles para construir celulosa. Construcción que representa la destrucción de bosques  y vidas humanas , relaciones  y genera poder dividiendo unos de otros. ¡Vaya divague este! Contrasistema. No es que estemos contra el sistema, sino que el sistema está en contra nuestro. No nos deja pensar porque el que piensa pierde. Nos quiere ultradinamizar y nos termina paralizando. Porque la rapidez no deja reflexionar, ni analizar, ni pensar. Porque si se piensa el sistema, se revelan todas las contradicciones de las que se alimenta.


Entonces, nos termina comiendo, envenenándonos unos a otros. Odiándonos unos a otros porque se alimenta del conflicto de los hombres. De su progresiva matanza indiscriminada. Y los medios justifican la matanza reproduciendo discursos alentadores de que es parte de las reglas de juego, que es parte de la naturaleza hobbesiana del hombre, lobo del hombre.

Quizá deberíamos repasar el fin último de la existencia. No es fácil seguir en el juego donde las reglas las pone alguien ajeno a quienes todos los días la transitan. La desconfianza mutua sirve para la falta de comunicación entre los seres. Cada vez hay más sordos a los gritos que no escuchan el punto de vista ajeno y dan a conocer el propio como la verdad absoluta.
Empatía, dijo Weber. A lo mejor, saliéndonos de nosotros mismos y hacernos piel de los problemas ajenos como propios. Una posible salida, simplemente. Siempre hay una parte débil en cualquier asunto. Es fácil ponerse del lado del exitoso.

lunes, 23 de abril de 2012

POR ALGO SE EMPIEZA


Trabajar para la justicia o justicia trabajando para uno. En ese caso ¿para quién?. Papeles , papeles y más papeles. Celulosa con cara de caos cuando la burocracia es un mecanismo destinado a ordenar. Desorden. El que quiso evitar un gobierno sin el voto popular. Muertes en pos del orden. Gente que pasó a ser un ente, que no están, que están desaparecidos. O peor, que se escaparon de la casa. Mucha sangre costó el orden. Censura mediática que aman algunos medios a cuya mordaza se adaptaron perfectamente hoy alzan la voz a favor de la libertad de expresión. Al menos, irónico, ¿no? Hipocresía, quizás. La cuestión es que detrás de esos papeles sigue habiendo gente que , a su vez, sigue rodeada de esos mismos papeles que pretenden meter orden a una realidad desordenada, dinámica, desclasificada, desencasillada, tan poco europea y menos aún, yanqui. Que esos papeles cuya pretensión es organizar desorganizan que la gente coma, se eduque y que tenga una cobertura de salud gratuita y realmente eficiente.


Pero no. Pequeños clishés con membretes en soportes de celulosa que contaminan la necesidad en el proceso de fabricación avasallando árboles, pequeños grandes seres vivos que nos brindan nada más ni nada menos que oxígeno, elemento químico fundamental para la vida del hombre.

Pero volviendo al punto de partida. La justicia. Tan lejos de la seguridad. Otro de los cuentos que nos contaron. Los ricos son buenos y los pobres malos. Por ende, los buenos necesitan de leyes que los protejan para que los malos no se les vengan encima y de esta manera que puedan seguir sus vidas. La subjetividad del término. La hermenéutica que se le imprimen a las palabras y las cosas, diría Foucault. La variedad de interpretaciones que generan los hechos y lo que se vende como única verdad, intereses de por medio. La gente que se come la voz de quien se aprovecha de su falta de instrucción y educación.

Entonces, ¿para qué sector de la sociedad se inventaron las leyes? La puja entre el ser y el deber ser quizá conteste la pregunta. El sistema penal como represión selectiva de aquellos que muestran las contradicciones más acérrimas del statu quo vigente en el que no hay lugar para todos ( y todas). Donde los pocos que disputan el poder se van eliminando uno por uno en ejercicio de conspiraciones tan secretas que salen a la luz bajo el influjo mediático en ideas subliminales que revelan cómo deshacerme de quien considero enemigo, del distinto a uno mismo, que seguramente quiere avasallar nuestra libertad. Una libertad ficticia , formal, que se cree real y se defiende a rajatabla.

Consumimos diariamente innumerables formas de neutralizarnos. En un intento hobbesiano (el hombre es el lobo del hombre, ¿se acuerdan?) de salvarnos nuestro propio pellejo a costa de hundir al otro sin más códigos que un hacha en la mano.


Divide y reinarás. Enemistad entre los súbditos. Generad discordia y engendrarás poder. Enloquecer y generar la  necesidad legitimadora de poder. De que alguien organice este caos. Bajo este método perverso, basado en “las reglas del juego” darwiniano, se construye un sistema perverso cuya última preocupación es la necesidad de la gente.

Que esta misma gente, perdida en el medio de este caos, con temor (el miedo manipulador de masas) pida justicia. Una justicia que confunde con seguridad. Una seguridad que confunde con más represión y más policías en las calles. Que lo único que genera es más violencia generadora de conflictos armados, construidos, ideados. Cada conflicto es una semilla que va sembrando la obsesión virtual de la mirada en la pantalla. Y la credibilidad intacta en el discurso televisivo, agencia mediática generadora de conflictos de los que vive. Y ni hablar de la dependencia tecnológica a cualquier tipo de pantalla virtual como la presente que evade todo tipo de construcción a través del diálogo y que genera cada vez más distancia a través de mensajes de palabras cortas que generan un sinfín de sentidos. Y la paranoia social y la histeria colectiva que sufre hoy la sociedad hace que el sentido de esos mensajes tengan un contenido y una denotación violenta y enfrentadora.



La falta de propuestas de reencontrar al hombre que se sienta a buscar los canales de diálogo con la escasez de tiempo en la que se vive genera una crisis comunicacional que es funcional al sistema precedentemente mencionado. Mientras tanto , hay una realidad que necesita del hombre que parece no ser más tal. Una realidad que precisa de su ser, de su esencia y su genuina entraña que es insoslayable. Más aún que cualquier especie de especulación. Porque hay problemas que las máquinas no resuelven. Que necesitan de la genuina inteligencia del hombre y no de la ingenua asimilación cognitiva de su mente a un ordenador de pc. Y no sólo del hombre. Sino de todos los hombres. De todos y todas, ya que está tan en boga decirlo. Y que va más allá de cualquier intento vano de separación de la especie y de hacerle perder fuerza a su unión.

Leyes que no figuran en ningún lado. Códigos que no se compran en ninguna librería jurídica. Esfuerzos que dan más frutos que la separación y la mirada de desconfianza de unos a otros. Cambios de terminología. No desde el yo , sino desde el nosotros. Puntapié inicial para vernos como seres humanos reflejados los unos en los otros con los mismos problemas. Es un proceso que Max Weber denominó empatía. Ni simpatía ni antipatía. Y en lo enmarcó dentro de lo que llamó sociología comprensiva. Por algo se empieza.    


sábado, 7 de abril de 2012

FELIZ DIA ATRASADO MUJERES Y GRACIAS

Su madre le preguntó cómo estaba. Para eso lo esperó. El le dijo que cansado del día de hoy, pero que estaba bien. Le mintió para que no se haga la cabeza con que todas las relaciones son iguales. Y que el amor es ese juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Otra vez mal, él le dijo a su madre que estaba bien. Su relación no va ni para atrás. Tiene una daga en el pecho. Cada vez le hace más mierda. Pero insiste en una relación tanto como en hacerle una sonrisa forzada a la cara de su vieja que lo esperó con la comida.

Más aún tienen planes de ir a vivir juntos. Por momentos, va todo viento en popa pero después se pudre todo y se va todo por la borda. Y a su vieja le miente porque no la quiere preocupar más de lo que la tiene preocupada. A su viejo no lo vio más desde que tenía tres años. Por lo tanto , no tiene nada que disimularle. Igual quisiera disimularle algo, aunque sea para que esté ahí y fundirse en un abrazo incomprensible. De la nada.

 Aunque quizá sea mejor hablarlo. Con su madre, digo. El tema es que no quiere aburrir ni que le tome bronca a ella. No es una mina jodida, pero tiene cada salida, cada arranque y cada momento de indiferencia y desidia, que a veces a él le da ganas de sacudirla y despertarla; y a veces ella va y lo sacude a él  y le molesta y la manda a la mierda. Pero se arrepiente porque en el fondo es una buena mina.

Las cosas que necesita que haga no las hace y hace cosas menos trascendentales que quizá nadie espera. Es una mina que a los ojos racionales resulta rara. Por eso desconcierta. Es preciosa y sensual. El queda hipnotizado cuando la mira a los ojos. Se pierde. Como cuando la luna hipnotiza a quien está a punto de chocar con su auto en medio de la autopista.

Sincera y honesta por lo que demuestra. Excelente en lo que se propone.  De sensibilidad indemostrable para no ser vulnerable.

El tiene sentimientos encontrados para con ella, lo cual lo desconcierta, lo angustia y por momentos duda de su amor hacia ella. Y del amor de ella hacia él. A veces siente que lo odia. Eso lo lastima más duro que la mejor trompada pegada sobre la quijada de la historia.

 Desesperación ante la falta de comunicación, que se canaliza en atención a las nuevas tecnologías.

El tiempo se transforma en el verdugo de la relación. Y el maltrato asoma tras una idea con forma de puño que termina en la cara de ella que conoce lo que es un ojo morado y la violencia de género sin saber que se llama así. Se miran sin poder creerlo. El llora. Ella se va.

El pecado sale a relucir su nombre. Dios cuando ve al hombre que tiene esta acción deleznable y grita sin que nadie lo oiga: “Dios mío, ¿qué he hecho?”, refiriéndose a la hermosa creatura que inventó a su imagen y semejanza.


 Todo terminó o todo empezó. La decisión la tiene ella.  Ella se pone a pensar que siempre se puede terminar algo, transformar una situación que nos duele, para empezar. Terminar para empezar. Finalizar y empezar a la vez.  Pensó en su superación personal. Pensó en ella por primera vez. Y descubrió lo linda que era la vida, aun ante las críticas que provenían de la moral y las buenas costumbres.
Hace un mes fue el día internacional de la mujer y no les escribi nada. nunca es tarde cuando la dicha es buena. Les agradezco desde mi masculinidad a todas aquellas que nos enseñan algo nuevo cada día y que tener huevos no significa ser hombre necesariamente. Nos sobran los ejemplos femeninos y los agradecimientos por darnos la vida. Gracias mujeres.








11152 visitas al 20 de marzo de 2017