miércoles, 21 de septiembre de 2011

JUAN PODIA

Lo absurdo que resulta ponerse a escribir en medio de esta incomodidad. Lo absurdo de una rutina. Escribir. No sé qué. Hay mucho por contar y nada al ser tanto. Prescindir de las musas es un compromiso de evitar caer en lo ya dicho. Cosa que es imposible.
Pero la realidad se encarga de cagarte a cachetadas para que te des cuenta que lo programado se desprograma.
 En un tren se ve la gente que pasa. Que viaja. La cruda necesidad a flor de piel en las vías. No se sabe por qué pero todos viajan. Cada cual a su destino. Distinto seguramente del de al lado. Pero todos en la misma.Todos viajan igualmente.
La incomodidad de un tren eléctrico que va acorde las históricas rupturas de tecnología innovadora que cada cambio intentó cambiar.
El tren. El transporte de los excluídos. De los que zafan de pagar el boleto. Otros no. Quedan atrapados en la telaraña de la “seguridad” de los molinetes. Otros saltan y huyen despavoridos celebrando el no haber sido atrapados.


El cronista lo hizo. Juan ha saltado molinetes al vislumbrar que no tenía boleto en razón de que nadie había pasado a cobrárselo. Nadie se lo había exigido arriba del tren. No lo sacó antes de salir . pero tampoco nadie lo frenó cuando saltó el molinete. La gente que frenen en los molinetes son personas con portación de rostro. A Juan no lo habían parado porque tenía ojos claros e iba “bien vestido”.  Pero a los que frenaban era gente que no podía pagar el boleto. Juan podía.

11.639 visitas al 30 de setiembre de 2017