miércoles, 7 de septiembre de 2011


LA VENDETTA

Me decido a continuar leyendo la extensísima obra de Dumas, El Conde de Montecristo. Es un desafío terminarlo. Un capítulo por día no está nada mal. Voy a intentar.
Es una novela extensísima que data sobre la venganza, la pasión y la muerte con la que se refleja la agudeza de ingenio que habita en algunos hombres para acabar con otros hombres de los que la envidia los lleva hasta la muerte misma.
La envidia de la dicha en el otro y el resentimiento de la desdicha de unos se enfrentarán en una lucha por volver a ser. Por no morir y resistir ante los embates de la desposesión de un amor correspondido manejado por el tesoro de la pasión.
La falta de destino propio va a tirar por la borda ese amor que va a pasar a ser no correspondido y forzado, en connivencia con el egoísmo y la inautenticidad que muchas veces brinda la comodidad de un statu quo.
Vamos a ver cómo termina esta obra colosal que nos da una enseñanza de que no hay que darse por vencido aún vencido y que fue el mensaje que, en otras palabras, significaron una época de luchas en décadas pasadas.
Esta especie de héroe que labura desde las sombras merece el homenaje en la película v for vendetta que Guy Fawkes personifica el 5 de noviembre famoso en Inglaterra , donde un sujeto hace volar por los aires el Parlamento, al ver que su política inexistente  no coincide con una realidad que no daba el brazo a torcer. La clásica realidad que transforma toda teoría a la luz  del dinamismo de esa realidad, tremendamente cambiante y dinámica. Y esa teoría estática que pretende enseñarnos lo que escribe la realidad. Esa realidad que se ve imbuida a menudo de gente que la transita en la calle.
En este caso, capta el mensaje de este personaje siniestro para el establishment, vestido de  un negro noche, con una máscara que hace una cínica sonrisa y una tremenda habilidad con los cuchillos y una mente llena de libros en su haber que se la pasa citando párrafos de diversos autores en cada situación a la que se enfrenta.
Este personaje era quien miraba al Conde de Montecristo a quien homenajeaba desde la mismísima venganza, ese sentimiento que no reconoce ningún tipo de legalidad ni de contrato social. En un alivio. En un respiro del pecho al que le acabamos de sacar la daga que lo entumecía. Como llegar de unas vacaciones y sacarse la mochila. Como el placer de un deber terminado.
No se pone en tela de juicio la bondad o la maldad de una venganza. Ni una cosa ni la otra. O las dos al mismo tiempo. Sí se puede preguntar, hasta dónde debemos practicar las verdades.   

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