jueves, 7 de julio de 2011

OTRO ALEGATO A FAVOR DE LA MUJER

El tipo que la había secuestrado le dijo: “no te depilaste “. 1970. Década violenta. La sociedad dividida en el empuje por cambiar el mundo y quienes querían conservarlo así, porque mal no la pasaban.
 El Che había sido asesinado en la higuera sin sentencia condenatoria con la impunidad de un mundo occidental que asesina a sus enemigos. Al que le toca en turno ser el enemigo. Los que lo tildaron de salvaje terminaron siendo más salvaje aún cuando la ejecutaron y lo mostraron como animal embalsamado en una escuelita de La Higuera; horrorizando lo que más quería el finado, que el pueblo se eduque para que no lo engañen los detentadores de los medios de producción que veían en la clase trabajadora una gesta de esclavos al servicio de la dependencia latinoamericana del poderío europeo y yanqui.
Aún se pueden ver sus fotos. La mirada cansada , de hastío, de toda esa gente a la que no se comprendió estaba en esa mirada. Que todavía despierta rebelión en un sinfín de países donde habita la injusticia social están las banderas con su cara. Genera un sentimiento de duda al ver si está muerto o no. O vive en la idea de rebelión de cada pueblo que ve conculcados sus derechos.
“Las ideas son a prueba de balas”, dijo Guy Fawkes, bajo una máscara luego de que le disparen un sinfín de veces sin matarlo, tomando por el cuello a un agente de la policía. “V” for Vendetta era la película, altamente recomendada, donde la ficción nuevamente toma forma de realidad y viceversa.
Volviendo a la cuestión de esta mujer que no tenía tiempo para depilarse, fue uno de los ejemplos de lucha. No le gustaba que le digan guerrillera. Tenía hijos porque pensaba que era lo que la ataba a la realidad. Ellos eran su cable a tierra. Fueron tantas y lo son todavía. Subsisten aún. Persisten a los embates del tiempo. Locas son para quienes no toleran su independencia. Porque les temen. Porque no tienen límites. Porque son viscerales. Porque matan por amor, como el hombre. Porque su dolor no es pasajero. Porque su amor es inmenso.
Quisieron cambiar el mundo. Algunas murieron en el intento, bajo el crimen organizado. Bajo un estado asesino que no merece ponerlo en mayúscula, manejado por multinacionales financiadoras de esas masacres. No sólo acá. Allá también. Al lado. En Chile, sí Chile. Ese hermano tan odiado. Ese odio generado por quienes combatieron a estas mujeres. En todo latinoamerica, se encargaron de remarcar con fuerza las líneas de la frontera para tenernos bien divididos, para dominarnos. Porque juntos somos un peligro para su hegemonía.
Giros en dólares para entrenamiento militar. Prácticas abusivas de gente que alegaba una guerra. Guerra le llamaron. Ni en una guerra se humilla tanto. Ni tan desigual el enfrentamiento. La clásica teoría de los dos demonios que se vislumbra con tan sólo apretando el botón rojo del control remoto del papá televisor. Al que acudimos ante la más absurda angustia. Como seres infradotados, pensamos en dialogar con ese aparato que se enchufa y genera un monólogo. Ni siquiera con nosotros mismos. Teoría de intelectuoides financiadas por las mismas empresas montadas por la dictadura misma. Ahora premian una película como El secreto de tus ojos. Los mismos seres que avalaron con ideología cultural los desastres que generó un modelo económico a implementar por la fuerza.
Las luchadoras quisieron evitar estas anomalías que hoy vive el ser humano. Parecía ser algo pecaminoso. Porque fueron masacradas sin tener tiempo en pensar en la depilación porque estaban a la merced de las necesidades sociales.
Quizá Margaret Tacher estaba bien depilada cuando mandaba matar a los pendejos de la Guerra de Malvinas que podrían haber sido sus nietos. Quizá muy bien afeitado estaba Galtieri con abundante olor a alcohol para mandar a estos pibes a Malvinas, que podrían ser sus nietos.


Sin más pelos en la lengua, estos testimonios nos han quedado para recordar a estas mujeres, tan luchadoras como las que se quedan en su casa, vieja, es cierto, luchándola con sus hijos bancando las estupideces de los prejuicios contra quienes despotrican invocando su condición de género. Perdónenlos, no saben lo que dicen. No saben o no quieren saber que quien los albergó durante su gestación fue un útero, divino, sagrado, materno. Que los hombres carecemos. Perdónennos , nos sabemos lo que decimos; perdónennos, no sabemos lo que hacemos.

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