viernes, 10 de junio de 2011

Nunca

“No vivas con la duda de lo que pudiste haber sido”, dijo Juan a través de uno de sus personajes, y el zaguán se tiñó de un rojo que fermentaba una pasión que embarró todo atisbo de racionalidad vanal con sabor a cálculo económico. Lo único que dejó es un sabor a vida enemistada con la puta soledad. No la prostituta, sino la otra. Volaron por los vientos esas alas que se despliegan como un pájaro que supo tener alas negras pegajosas de todas aquellas cosas de la vida que lo aferraron cruelmente a la tierra. Hoy sí. Se dirige a un cielo sin nubes. No tiene más pegamento en las alas. Hoy se despliegan como nunca y se dirigen a ese cielo sin nubes. Nunca estuvo tan despejado. Como su mente. Nunca se sintió tan bien. Ese sabor a vida que creen los que le encontraron un sentido. Una vida que tenía fecha de vencimiento. Porque ese día en que despejó la duda de lo que pudo haber sido se encontró con una noticia. Se enteró de que tenía una enfermedad terminal. Y pensó: qué estúpido que fui al hacerme problemas por tantas pavadas. Era el momento de bienestar que preceden a las muertes. Y la frase de Juan le resonó en su cabeza. Un día antes de morir. “Nunca vivas con la duda de lo que pudiste haber sido”. Nunca.

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