miércoles, 27 de abril de 2011

BICENTENARIO A OSCURAS


Escribo a oscuras. Sin embargo, me ilumina el hecho del impulso a esbozar algunas palabras y dejar intacto algo que tantas veces dejó de serlo, ya que fue manipulado muchas veces. Dejar algo en esta nada, según Heidegger.
El escritor saca fotos. Pero sin cámara. Son fotod de un momento que queda registrado gracias a la tinta y al papel. Inventos chinos, si los hay. Esa civilización tan odiada en latinoamérica. Que avanzan en el mercado a pasos agigantados. Nada menos que en el mercado de la comida con forma de supermercados más baratos. Que maltratan a sus empleados, a la gente nuestra.
Walter Graciano escribió un libro que se llama Nadie Vio Matrix. En él sostiene la tesis de la hegemonía mundial china. Y la consecuente caída de la dominación yanqui. Galeano, en Espejos, se pregunta “¿qué no inventaron los chinos?”.
Más allá del agradecimiento por inventar la tinta y el papel,  hoy la expresión tecnocrática viene de la mano de una pc, cuando no de una máquina de escribir. ¿habrá manuscritos todavía o caigo en arcaísmos con sólo preguntar?
Con esto no pretendo realizar un Tratado sbre China, sino de ver algo positivo en medio de las críticas desaforadas y encarnizadas contra un pueblo que sufre el cercenamiento de sus libertades en pos de la hegemonía mundial.
Lo digo desde acá. Desde el occidentalismo. Que algunos llaman capitalismo y democracia, enbanderando libertades que pasan a ser fantasmagóricas. Ciertas fantochadas que llevan el nombre de libertad, de la mano de peticiones extremas de medidas de seguridad policial ante un hecho delictivo. También somos los primeros en censurar a quien quiere descubrir qué sucede que las cosas no funcionan como tendrían que funcionar. No por nada el cargo de Fiscal de Investigaciones Administrativas (función que se encarga de llevar a cabo las denuncias contra las irregularidades de la administración pública)  se encuentra vacante hace un año.
Detrás de cada movida humana hay una causa, un interés impulsor, hay valores que defender. Un buen día el hombre lo tradujo en dinero y se hizo homo economicus. En medio de ese intercambio de bienes que pasó a ser un fin en sí mismo, a costa de vidas, de muertes.
Maquiavelo, filósofo político admirado por Carlos Saúl I, cuyo menemato tuvo como libro de cabecera, decía que el hombre llora más la pérdida de una fortuna que la muerte de su propio padre. Es además autor de la frase “el fin justifica los medios” y  “divide y reinarás” pasaron a ser paladines de la mente de los mercenarios cuya condición humana tiene forma de cuenta bancaria.
Hay un cielo y una tierra. Y detrás de todo está la gente, dijo Serrat. Y acá nomás, en un supermercado chino, un oriental no deja sentarse en una silla a la cajera con rasgos aborígenes. Y acá nomás, están los bolivianos cargando y descargando frutas para mandar a sus hijos al colegio, donde son discriminados, por los niños bien.
y en un subsuelo, gente con rasgos aborígenes tejen ropas, trabajando en condiciones infrahumanas, con mucho calor, hambre, muertos de humanidad. Y las marcas se ofrecen en las grandes tiendas: la gente que tiene recursos puede elegir entre  La Dolfina, Allô Martinez, Lacoste, Cardon, Yagmour, Kevingston, Kosiuko, Paula Cahen D'Anvers, Bensimon, Tucci, ...y otras.-
y los dueños de estas franquicias no son chinos. Son bien argentinos. Para venderles a gente con poder económico que tienen la libertad de elegir entre las grandes marcas que se venden en los mejores shoppings construidos a base de lavado de dinero (muchos de sus dueños son políticos), y se ven hermosos en la vidriera de Bennetton a precios siderales.
Pero es feo vivir en Cuba o en Venezuela porque no existe la libertad. No existe la libertad de elegir entre comprar unos pantalones fabricados por unos explotados bolivianos o una camisa elaborada por unos explotados peruanos.
Cuba tiene cercenada la libertad. En China existe el maltrato laboral. Pero en Argentina todavía existe la esclavitud que creímos erradicar con la asamblea del año XIII (1813).-
Aveces me pregunto si no es vano festejar el Bicentenario. 1810. 1813. 1816. 2010. 2011. ¿somos libres e independientes o vamos a culpar otra vez a la juventud de la nación, a su pubertad e inmadurez? ¿hasta cuando?
Espero que 200 años nos sirvan para romper todo tipo de cadenas y que no quede meramente plasmado en la letra de una canción patriótica de una “nueva y gloriosa nación”.  

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