martes, 15 de marzo de 2011

DIALECTICA DEL SI-NO

Lo bueno de la negación. Una vuelta hice un escrito que se llamaba Las virtudes de la negación. Todo lo que gana uno negando. Todo lo que pierde, también. Un escrito muy hegeliano, sin querer tirarme rosas que adornen un imaginable pedestal. Sin perjuicio de mi ignorancia acerca del autor.
La bondad de decir simplemente “no”. Uno se siente más aliviado. El sí es inmediatamente bonito, pero a largo plazo termina resultando pesado. Una cruz, dirían los filorreligiosos católicos. Por ende (todo es culpa de ende) no es feo, sacrificado. Quizá requiera de un esfuerzo extra, es antipático, malhumorado. Pero genera satisfacciones a largo plazo. El sí es simpático, generalmente acompañado de una sonrisa, hasta en la fisonomía de su pronunciamiento. Ahora todos los uilis que leen esto están practicando si decir sí conlleva una sonrisa. Sí, compruébenlon n n. Aveces esa sonrisa es falsa, conveniente, de salvación inmediata para el problema que se nos presentaría después.
La negación de la afirmación genera un conflicto. Hay dos cuestiones en pugna. Según Hegel, esta cuestión se supera en una síntesis conciliadora de las contradicciones; y bueno, Hegel, inentendible y todo (escribía con la pata el desgraciado) dio lugar a diversas corrientes filosóficas que generaron un antes y un después a lo largo de la historia.
La historia de las negaciones. Llevado al plano económico-político, cuando un pueblo le dice no a un gobierno. Desde la revolución francesa de 1789 hasta el día de hoy , toda la serie de revoluciones que se fueron gestando lentamente, las catástrofes, las muertes; los no generan todo tipo de conflictos contra un orden dado, un statu quo vigente. El orden del si. Ese aval de lo existente como natural, normal. Es natural y normal que haya gente que se muere de hambre. Aún habiendo recursos para que cada ser humano del mundo se alimente.
El no, por su parte, genera alteración, conflicto, duda, pone en cuestión y molesta al si. Porque le patea el tablero al si. Le provoca tensión a lo que el si con un esfuerzo sobrehumano pudo armar a duras penas y ante una situación y un marco teórico que lo construyó. Pero el no se interpone y le dice que eso ya es viejo, caduco, que ya no cuaja. Que hay que transformarlo. El no inspira transformación. El si conformismo.
La afirmación constante va dejando muchos no en el camino que un buen día quieren ser sí. El no transforma al sí, lo deconstruye y lo constituye en otra cosa. Esta cosa encuentra su otro no en instancias posteriores y ahí se construye y deconstruye la historia.
La reforma protestante le dijo que no a la Iglesia Católica y así reinó otro orden de cosas que no era ni la Iglesia ni la Reforma, o ambos dieron origen al inicio del gobierno del positivismo.
La revolución francesa del pueblo burgués dijo no a la monarquía absolutista del poder real y hubo otro orden de cosas. El proletariado que generó el sistema capitalista gestado en la revolución industrial le dijo no a los triunfadores de la revolución industrial y francesa, generando otro orden de cosas.
La negación generó violencia. Según Marx, la violencia es la partera de la historia. Las visrtudes de la negación no se ve en forma inmediata. Es inmediatamente incómoda. Se la ve en el trayecto de la historia. Es un mal trago.
Por último, muchas veces el sonriente sí viene con cara de payaso de Mc Donald’ s y esconde un sinfín de muertos en una cajita feliz.
p.d.: perdón a los filósofos, hegelianos sobre todo, y a los historiadores por este superficial análisis. Ellos lo van a explicar mucho mejor que yo. Es mi humilde análisis.

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