martes, 8 de marzo de 2011

ESCRITO IMPRUDENTE CAMINO A LUJAN


Nos estamos por ir a Luján con Ye. Una ciudad donde reina la religión. Hay una de las iglesias más amplias de todo el catolicismo. Una ciudad donde culturalmente está en vigencia Luciano Pereyra. Una ciudad muy católica donde la virgen de Luxan poco ( o en nada) coincide con la adolescencia acelerada de un sinfín de jóvenes sin un rumbo fijo. “Gente macanuda la de Luján”, dicen muchas personas que suelen ir. Sin embargo, el índice de delitos es bastante elevado.
Qué barbaro: siempre está presente un poder abusivo. No me refiero sólo a la Iglesia, sino a cualquier especie coactiva sobre el ser humano. Se genera todo lo contrario de lo que se dice que se quiere generar. ¿Complicado no? Sí, a propósito. Como la interpretación de las leyes o de un resumen de la cuenta del banco. Difícil, para que la gente común no la entienda y así poder manipularla mejor. ¿Ahora se dan cuenta del poder de la educación? ¿de la sabiduría de un pueblo? Es difícil, casi imposible, engañar a un pueblo culto. Pero a ellos no les conviene que pensemos como pueblo, sino como individuos aislados que sientan que el de al lado me quiere cagar. Esa sensación de inseguridad exacerbada por los medios de comunicación funcionales a esta idea de disgregación social. Ni que hablar de los entretenimientos de la industria cultural, que vislumbraron Horkheimer, Adorno, Marcuse, en la Escuela de Frankfurt.
Con este humilde manifiesto que nació de un viaje a Luján no quiero decir que Luján es un lugar vomitivo. Tanto a las ciudades como a cada situación geográfica , la construye su gente y lo que ésta permita que el poder que los representa, haga de esa ciudad lo que haga.  Estoy muy lejos de generar ese prejuicio típico de cada poder abusador, verbigracia de que “todo pecador debe sufrir” y habría que arrojarlos al mar con una piedra atada en el pie, como declaró un representante de esta entidad religiosa. Estoy muy lejos de ese cinismo fundamentalista que lo único que construye es más violencia bajo la éjida de un Cristo que lo que menos quería generar era violencia.
En fin , voy para allá. Desde una ciudad gestadora de un dictador, como lo fue Videla, a otra ciudad que da lugar a micros como la línea 57 (Atlántida, para los amigos, que significa “continente hipotético que los antiguos suponen que existió en el Atlántico y desapareció a causa de un cataclismo), cuyo accionista número uno es la iglesia y la arquidiócesis Luján-Mercedes.
Sí, esto sabrá explicar el pésimo servicio de esta línea de colectivo, a lo mejor  porque creerán que nos toca sufrir en los viajes terrestres para ganarnos el cielo. ¿Pondrán aviones para ganarnos el cielo más rápido? ¿Helicópteros quizás?
Me voy a Luján y pienso todo esto. ¿Qué idiota no? Me voy por un acuestión familiar insoslayable. La gente de allá siempre nos recibe bien. Son macanudos. Com miserias, como todos. Como yo. Como vos. Como aquél.
Espero disfrutar de una velada amena. Baile, chupi, morfi. Pero bueno, espero que no caigamos en conversaciones absurdas que no ponen de acuerdo a nadie. Engaños evasivos de angustias humanas volcadas en la fe, como en la tv, el fútbol, y toda especie de distracción de una realidad que por momentos pretende ser muy heavy. Tener que insertarse en un sistema infrahumano para sobrevivir. Escapar a la gente que te quiere morfar para ganarse un centímetro más en su ahorro codicioso de amor. Una locura. Un sueño que se le ocurrió a alguien y que hoy nos abandonó. Los niestzcheanos dirán que fue dios. Y vuelvo a mencionar a Saramago cuando dice que el hombre es un ser inteligente, sin duda, pero no tanto como sería deseable. Y yo agrego que la cuota que le falta es para romper las cadenas y liberarse de las miseria más mísera. Ejemplos en la historia hay de sobra, historias de revoluciones que hicieron furor, de hombres que lucharon para que otros hombres de su misma especie encuentren ese grito tan sano que se llama “Libertad”, pero la real, la que toma forma de libertinaje, según la Bersuit. Seamos conscientes de nuestra igualdad como hombres dignos y recién ahí vamos a ser realmente libres e iguales.

Me voy a Luján. Pero no en el 57. Gracias a dios.

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