sábado, 12 de febrero de 2011

PARECE MENTIRA. ESCRIBIR LIBERA

Parece mentira. Pero escribir larga penas, angustias, miedos que vamos acumulando en el día. Angustia de existir o existencia angustiante. Angustia existencial, quizá. No sé. La catarsis química que provoca ver esos pensamientos volcados en una hoja de papel que se transforma en reliquia, en tesoro, en registro de una realidad circundante que nos rodea y nos enrieda(no se si se escribe asi y me da fiaca fijarme, me entienden no?). La cuestión es que esta realidad nos abraza, nos caga a trompadas aveces y nos deja ahí, tirados, nublados, embotados, estúpidos hasta que logramos hilar pensamiento con pensamiento y darle una forma. Lo que se llama la “lectura” que hacemos de esa realidad. Distinta, casi siempre de la lectura de otros. Darle forma también a lo que sentimos y pensamos y vivimos y arrastramos de siglos y siglos de conquista absurda, desde que somos indios o aborígenes o nativos. Lo importante es sacar el diablo afuera, dijo la bersuit y acá estamos para eso.
Henos aquí haciendo fuego, tierra, aire, luz y vida. Lo que pensamos, gracias a ese arte que es la escritura que, desde tiempos inmemoriales escribíamos en las paredes. Así nos comunicábamos; con una piedra, tallábamos árboles y rocas.
Pero escribir es también un acto de reflexión donde el tiempo pasa y las cosas quedan. Todo lo que llevamos dentro queda plasmado y nos sentimos más livianos, más libres, más aun para despegar y volar un rato, que de vez en cuando no viene mal ver todo de arriba para dimensionar cuáles son los verdaderos problemas y no estrellarnos con el primer cascarudo que se nos cruce.
Por lo cual la escritura nos ayuda a despegar, a plasmar en un día descocado a otra persona leer lo que nosotros fuimos y que a esa persona también le pasa. Por lo tanto, escribir es compartir. Parece mentira, pero escribir libera angustias y pesos presos en nuestro interior.

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