martes, 11 de enero de 2011

DE SUEÑOS QUE SUEÑAN DELITOS Y CEROOCHOS

Soñé algo. Parece una película de acción. Resulta que me encontraba con uno de mis hermanos en la facultad de medicina. En la terraza, más precisamente. Cuando bajamos, nos encontramos un auto. Estaba abierto. En el afán de afanarlo, lo entro a empujar para ponerlo en marcha. Y me voy.
Los sueños son así. De un momento a otro, te encontrás en una escena y después en otra en milésimas de segundo. La cuestión es que me encuentro manejando el auto y freno en un boliche bailable. Me quedo ahí observando la gente. Empiezo a recorrerlo lentamente y cada persona que me miraba ostentaba pupilas cómplices. Como sabiendo de mi delito reciente.
¡Ah!, el auto lo había robado con mi hermano menor. Estaba conmigo porque yo lo estaba por llevar a mi casa. Y, para no esperar más en la puerta de la facultad donde él estudiaba, nos robamos el auto. Inocente pasatiempo el nuestro. Esa fue la causa del móvil criminal. Móvil, por lo de auto y móvil por la construcción del tipo subjetivo para aquellos penalistas que nos quieran acusar. O defender.

Pero volvamos a las miradas cómplices. Esas miradas sabiondas generaban aún más paranoia que la común (cuando una persona hace algo que sabe que está en falta). Moría por saber de quién era el auto pero no había ningún indicio que como todo indicio me indique la propiedad del automotor. Aunque es difícil encontrar un 08 en un sueño. Es jodido encontrarlo en un dueño en tierra firme; digamos que es un sueño encontrar un 08. Bueno, no importa.
De un momento para otro, alguien atraviesa una puerta que da a una escalera y se me viene al humo, o sea, corriendo hacia mí. Yo lo veo y atino a pegarle y empujarlo para así correr. Para esto, mi hermano, que iba adelante mío corriendo, llevaba una cartera.  En ese desagradable trajín, meto la mano en la cartera y extraigo un documento y un arma. No era el 08. Igual todavía no lo había mirado, porque mientras iba corriendo no me podía fijar si era un 08.
 El tema es que volví a meter el documento en la cartera, pero el revólver lo empiezo a usar. Como se usa un revolver? Disparando, no? Sí, se arma un tiroteo adentro del boliche. Veo que el pibe que me seguía me empieza a acorralar con los tiros, debido a mi falta de experiencia armamentística. De pronto, veo que un primo mío se le tira encima y en una lucha desigual, mi primo termina acribillado. Ah, la mierda!! Quien es este chabón? Me entro a preguntar.
Obviamente, y gracias a la vida y a la muerte de mi primo, logro escapar. Me voy con el auto. Todos me disparan. Y yo no me quedo atrás. Respondo a los disparos y voy a gran velocidad en el coche ajeno. No estaba acostumbrado a disparar, a manejar, menos a esa velocidad, y un auto robado!!
Voy matando a quien me quiere eliminar. Llego a mi casa, me bajo, entro a un pasillo y siento detrás de mí una seguidilla de balas antes de llegar a la puerta de mi casa.
Veo que alguien se acerca: mi hermano. Siento que la policía se me viene encima de a poco. Pero el ruido va al revés. De más intenso a más suave. Me hermano me tiende la mano alcanzándome los documentos que yo había metido sin mirar en la cartera. Le digo: - ¿qué querés que haga ahora con esto, boludo? Nos está siguiendo la cana. – Qué se yo- me dice- por lo menos, fijate de quién era.
Yo, como puedo (estábamos escondidos adentro de un placard grande) abro el documento y veo la cara de mi primo. El mismo que me salvó en el boliche. Automáticamente, pensé: “qué locura, robarle el auto a alguien tan cercano y que él mismo te salve de un crimen que cometiste contra él”.-
Desperté. Si digo que sobresaltado, miento. Demasiado le agregué a este sueño ya. Porque desperté en otro sueño. Y esto fue lo paradójico. Despertar de un sueño, estando inserto en otro. Me encontré contando este sueño. Y seguramente, agregándole cosas que no pasaron. Porque las soñé.

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