sábado, 31 de diciembre de 2011

RUMI CANI (PIEDRA SOY)

Cacho se enteró que era una piedra. Para sus enemigos, era una piedra. Quien de afuera lo veía y no le importaba su interior se pensaba que era una piedra.
A lo mejor lo querían mover y no podían. Porque se movía por motus propio. Como la piedra de Tandil. Movediza cuando ella quiere. O porque era una piedra que formaba parte de una montaña ideológica donde cada vez se sumaban más piedras y la montaña atravesaba toda la cordillera de los andes. Era notorio que cada vez eran más.
La cuestión era que cada vez con más frecuencia se querían sacar más de encima esa piedra del zapato. Estos personajes hobbesianos daban de morfar a esta especie de nueva identidad que había descubierto Cacho cual coraza en que se escuda una tortuga. Lenta pero contundente. Ellos lo hicieron de piedra. Alimentaron su propio monstruo haciéndolo cada día más fuerte. Con cada subestimación, con cada insulto por detrás, cada voluntad en su contra, cacho resurgía de sus propias cenizas como ave fénix.
Cacho pensaba que estaba bueno ser roca. Lo pensaba en un dialecto aborigen diciendo Rumi Cani, piedra soy. Nada que ver con el genocida que está pintado en el billete de 100 pesos argentino, sino a la roca que se refiere un tema de La Renga: “la piedra es piedra porque sabe que, cuanto más dura triunfará, pero tu alma echa de cristal, contra esta vida se hará trizas”. Pensaba que era sabias palabras de Gustavo Napoli de La Renga, que más allá de las incumbencias, siguen firmes como banda, constituida de rocas.
Después de todo, pensó Cacho, está buenísimo ser una roca. Es dureza. todos aquellos desafíos que le habían planteado los imbéciles contractualistas (Hobbes, Locke, Rousseau, Kelsen) que lo tildaron de ese modo, lo hicieron cada vez más duro. Lo que se llama el invento de la propia destrucción. Como canta René Pérez, calle 13 , se mete en el sistema y explota desde adentro. Cada paraíso cuesta un infierno. Cada dios crea su propio diablo. Hasta que un buen día el monstruo construido detalladamente cada día se termina comiendo vivo al angelito que lo creó. Ese día, el ángel caído y desplumado agonizando desde el suelo se pregunta: ¿ qué fue lo que pasó? Y no entiende el accionar de Frankestein. La piedra que tanto se empeñó en construir se le vino encima.
Ese día la justicia se quitó la venda de los ojos y aún con la vista un poco nublada ve un paisaje donde la piedra se hizo montaña y la montaña cordillera.  

jueves, 29 de diciembre de 2011

Aprender a no repetir


El flaco vivía en España. Laburaba y mucho. A tontas y a locas, dirían las viejas. Y aprendió. Muchas cosas. Entre esas a escribir, relatar hechos, a que se hablaba sin saber, se escribía mal. Se hablaba mucho. No importaba de qué ni si era empíricamente comprobable. Había que hablar  y decir hasta la estupidez más grande del mundo. Quedar bien a costa de las más míseras miserias. Si había algo miserable era las actitudes que veía en todos y cada uno de la gente que lo rodeaba.  Generalizaba mal, pero con eso se conformaba. Individualizaba el lugar para conformarse. El arte de la vendetta a la orden del día. Mentir para sobrevivir. El dólar celeste se quedaba corto. Quejas sin dolor. Fluorescencias de pelotudez después de hora. Chupamedias por doquier. Esquiroles gallegos. Regocijos de las desgracias ajenas co lágrimas de cocodrilo. La envidia maliciosa de la dicha ajena y la pregunta sobre la propia. Sonrisa cínica ante el sufrimiento ajeno. Sonrisa sin completar, media sonrisa. Abuso de poder se llamaba su jefe. Resistencia fue su nombre.
El flaco aprendió, por sobre todas las cosas. Eso es lo que más valoró. No hay mal que por bien no venga, pensó. Aprender a no repetir. Aprender lo que no hay que ser ni hacer. Saber qué personas tienen vocación y cuáles son meros monigotes. Quien se la juega y quien esconde la cabeza como avestruz ante la más mínima difilcutad. Quien defiende realmente el sistema ante el cual no se está enteramente de acuerdo, aunque su importancia sea crucial cuando hay grupos que se empeñan en desestabilizarlo como antaño. Aprendió y cuando llegó se preguntó: ¿tan lejos queda España?

miércoles, 28 de diciembre de 2011

CATALINA: UNA REVOLUCIÓN

Y si. Ya está acá en casa. Tras siglos de espera que fueron nada más que nueve meses eternos. Fue una eternidad hecha embrión para nosotros, cuya ansiedad desembocó en un sinfín de actitudes incomprendidas o no por quienes nos rodeaban. Miedo. Cagazo, del mayúsculo. Te agarra una especie de infinitos signos de preguntas que azotan tu cabeza y tu corazón, cuyo sístole y diástole no da abasto en el momento crucial del encuentro con esa indefensión ante el mundo al que nunca pidió llegar. Y que algún día sé que me recriminará. Y yo, como un infeliz, sin respuestas.
Una cosita que tengo atrás en este momento con breves respiraciones que cada tanto te obliga a pararte por más cansado que estés , para ver si sigue su curso. Un serhumanito que contradice toda teoría freudiana acerca de la inexistencia de la felicidad. Son momentos sí, sobre todo cuando estoy con ella.
Es el momento en el cual todo te chupa un huevo. Y de verdad. Que odiás a todos menos a tu hijo, siguiendo los preceptos de Charly García. La fuerza sale de donde menos lo pensás . por más que estés recontra herido del maltrato diario, de la saturación de la vida misma un fin de año, de. Resurgís como ave fénix con la fuerza de una topadora, como dice Otra Vez Vos.
Ya está en casa. Durmiendo. Y yo estoy con ella mientras exista. Se que voy a pedir lo imposible. Me gustaría que no sufra nunca, ni siquiera en el momento en que sea necesario. Pero sé que es estéril. Cuando todo está jodido es cuando más hay que poner. Y así llegó ella, como una revolución en medio de un crisis.  Después de semejante esfuerzo, haciéndose rogar por las parteras para salir del vientre materno. Miedo a lo desconocido , quizá. Pero donde pasa despierta amor, una luz en el más oscuro rincón del malestar de cualquier ser humano con un ínfimo de sensibilidad. Donde pasa genera revolución, corridas, desesperación , nervios de que nada le falte. Despertó una tormenta de la puta madre poco antes de nacer. Eso generó en mí. Una tormenta que limpió con toda la mierda que uno tiene adentro y que una criaturita como esta se encarga de limpiar.
Y ahora agarrate. Se está despertando de nuevo. Y no dormís una mierda . Pero no te importa. Porque esa cosita chiquita que depende de vos te hace más fuerte que cualquier cansancio natural que puedas llegar a tener. Si eso no es amor…
Creo que hasta el más fino burgués se animaría a cambiar los pañales llenos de lo que somos. El chico no hace más que demostrártelo y echártelo en cara. Y encima se ríe . Porque nos gozan. Porque no tanta doctrina hay que enseñarles sino cuánto más hay que aprender de ellos , de su inocencia, de sus preguntas que nos descolocan. Porque ni nosotros sabemos la respuesta. E inventamos algo de momento como para dejarnos conformes. Porque somos egoístas. Y esa respuesta queda en la cabecita del pibe y si hacen algo mal les echamos la culpa. y los primeros en equivocarse ante la falencia de un chico es el padre que fácilmente proyecta la culpa en su hijo, cual signo propio de frustración.
Pero esto será más adelante. Ahora, se viene el estallido del llanto, del hambre, tan insatisfecho en algunos chiquitos que ya nacen sin posibilidad de sobrevivir por el contexto económico, político, social en el que surgieron. Vulnerables.
Acá está ella. Revolucionándome la vida. Y si es así que viva la revolución. Agarrate Catalina que te voy a buscar.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

obsesivo como pocos

“Que nuestra relación no sea ficticia, como tantos amores que dicen ser civilizados. No quiero que me mientas. No quiero que me digas la verdad porque me da miedo. De sufrir. Aveces tomarlo como chiste me hace sentir mejor. Pero me lastima profundamente.” Esto pensaba el tipo la noche que no podía dormir. La imaginaba con otro tipo y se quería pegar un tiro en las bolas. Obsesivo como pocos. Ojalá me equivoque, pensaba. Algo le hacía pensar que no estaba actuando bien , que en algo se equivocaba. Ojalá me cierres la boca con hechos. Pensaba lo lindo que fue esa entrega para siempre y no quería ver nublado un día de sol que hoy había desdibujado un arco iris , luego de una discusión que terminó en un cachetazo y consiguiente portazo.
 El despecho femenino es tan jodido como la falta de pechos en ellas que lo llevan inmanentes, desafiantes. Ese fue un día de despecho en ella . sintió culpa, pero a la vez pensaba que él se lo merecía por todo lo que le había hecho sufrir. En el fondo, no le dolió tanto. Un poco sí porque pensaba en sus hijos. Pero eso no la hacía peor madre. Inmediatamente después de salir de esa habitación sintió un latigazo en la espalda cual estigma designado justo para ese momento por el que ella creía su creador. Un castigo de dios. Pensó impune. Pero no tan impune.
El se había levantado a la mañana sin haber podido dormir en toda la noche ante la ausencia de ella.  El orgullo era más fuerte. No se iba a rebajar a rogarle que vuelva, que se moría de amor por ella, y hasta mataría por ella. Obsesivo como pocos. Se guardó todo eso. Pero no lo guardó para siempre. Como todo lo reprimido, emergió a la superficie cual estigma enviado por quien pensaba que era su creador. Pero no lo había enviado el supuesto creador de ambos. Había sido enviado por él mismo en su representación. Porque no se animó él personalmente, así como no se animó a decirle que la amaba, que la necesitaba. Que vuelva.
No, ese también fue un día en que el arco iris se fue desdibujando a medida que la bala ingresaba en la espalda de quien momentos antes había abrochado el bretel de su corpiño, donde le pesaba la culpa de un acto de liberación. En definitiva, le pesó tanto que le costó la vida.
El, obsesivo como pocos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

INSATISFECHA FELICIDAD

No se puede dormir. Es la segunda noche que piensa lo mismo. Por no contar los momentos diarios que hace lo mismo. El tema es el tiempo vacío de ella. No se sabe si fue, si volvió, si acompañó, si fue digna de la soledad. Obsesivo el tipo va hacia la rutina permanente, valga la redundancia. Rutina y permanente tumban su cabeza. Un miedo de mierda que se hace rutina e insomnio. Todo lo conduce a si ella estuvo con otro . Hasta los silencios se hacen asesinos. Desconfianza.  No hay nada que hacer. Es  su responsabilidad piensa por momentos y ahora se lamenta. Se tira sobre sí mismo el invento católico por excelencia y de un tremendo poder dominante: la culpa.


Piensa que ya es tarde para volver a esa inocencia que un día los llevó a pasear por el cielo, entre risas y palideces. Era todo nuevo en ese entonces. Ahora sucede que sus cabezas ya están contaminadas con tanta mierda que ven alrededor y se apagó la pasión.
Ahora no da más. Camina con los hombros bajos de resignación. Quiere saber pero contradictoriamente se pega a sí mismo consumiendo infiernos. Se queda pensando . Todo el tiempo. Paralizado frente a lo que tendría que estar atento. La mirada perdida como hombre mirando al sudeste. Miedo eterno a las pérdidas. Se aferra al tiempo, se hace conservador, aborreciéndolos. Hay una tremenda negación a hablar del asunto. Se sientan . Ni se miran. Almuerzan en silencio y se van a dormir una eterna siesta . En realidad, ellos desean que sea eterna. Vacío. Desde todo punto de vista. Un vacío acompañado. Recíproco.
 Miles de signos de pregunta acerca de si la vida merece ser vivida de esa manera en la cabeza de ella. Esa carga con forma de crucifixión. Se pregunta si ella tuvo la culpa de que Cristo haya muerto en la cruz. “Yo no vivía en esa época. ¿Por qué tengo que pagar esto?”, piensa acostado al lado de él. Sin querer, le da cosquilla en la mejilla y se da cuenta que lanzó una lágrima de espaldas a él que estaba entretenido mirando un partido de fútbol.
Piensa que ojalá un día me vaya bien lejos. Que saque toda la mierda que tengo adentro y se la tire en la cara. Ahí voy a estar bien, piensa. Angustiada ante la incertidumbre del amor. Se pregunta si eso es el verdadero amor. De la culpa que siente, piensa que exagera , que tienen que terminar juntos en la vida. Qué va decir la familia , sus padres lo s mirarán con ojos frustrados.  Piensa que él debe tener otra a esta altura. Ya no la toca, ni siquiera el beso de las buenas noches. No me quiere más , piensa. Lo imagina en brazos de otra mujer y llora más aún .

El infeliz mira el partido y no se da cuenta de nada. Pero lo mira pensando, lo mira sin ver. Porque piensa en separarse de esa mujer que una vez amó y ya no.
Los dos recuerdan en el mismo momento el tema de Jaoquín Sabina. “el agua apaga el fuego y al ardor los  años”. En ese momento ambos se llaman por su nombre a la misma vez y a la misma vez dicen “¿qué?”…silencio de sepulcro…nada, nada, dice él, y le pregunta vos que me querías decir. Y ella dice: “te iba a pedir si no podés bajar el volumen del televisor que no puedo dormir”. “sí, por supuesto”, dice él.

viernes, 16 de diciembre de 2011

PROYECTOS DE VIDA

A menudo se escuchan algunas voces ignorantes decir que los miserables no tienen proyectos de vida. La realidad se encarga de destruir alguna que otra estupidez que se arroja a viva voz sobre el aire gratuito y su libertad de expresión.
No sé qué les pasa. Ella deduce muchas cosas que él mismo no sabe que es y que él mismo tampoco tolera. El no se banca cosas de ella. Saben que son su parte y no las puede cambiar. El tema es que se van a vivir juntos. Será que se quieren ir de las casas paternas. O habrá un verdadero amor que los espera lejos,  solos. Aunque sean intolerantes con algunas cosas. El tiempo dirá. Las casa es linda.

Esta parejita de novios espera con ansiedad ese día de mudanza. Él tiene algunos temas que resolver. Pero ella quiere disfrutar y no quiere hablar de problemas por el momento. El quiere poner los huevos bien puestos y quiere resolver todo para no tener que lidiar más con la mierda. Y que su novia disfrute de su aparente tranquilidad. Sin embargo, brota la histeria de ella cada vez que va a arreglar unos asuntos que tiene con la puta realidad que le tocó  vivir. La máscara de tranquilidad se quiebra como un plato de porcelana que cae al piso. El se pone nervioso , la maltrata, se enoja y pega un portazo que le duele más a él que a la puerta.
Después tarda en pasarla a buscar. Ella en silencio ruega que no le pase nada al amor de su vida. Tarda mucho hace una hora tendría que haber pasado para hacer un trámite para la mudanza. Mil cosas pasan por su cabeza. Debe estar con otra porque se fue muy enojado. La soledad se apoderaba de sus pensamientos. Melancolía, nostalgia y recuerdos de que a pesar de que le molesta un montón cuando le pregunta inquisitivamente cosas que no tiene ganas de contestar, ahora lo extraña y le gustaría que la molestara una vez más.
El está inseguro de su amor. Pero ella lo ama de verdad . El no puede creer que lo quiera con todo lo que vive y vivió. Y con la realidad de mierda de la que emergió entre violencia, pobreza , miseria. Con todo los musculitos que andan caminando por ahí . él se siente menos, pero no pierde el orgullo de ser todo un caballero con su amor. Y estar al pie del cañón ante el más mínimo capricho de ella.  Se acuerda de los silencios que ella genera en la pareja que a él lo hace poner nervioso, porque piensa. Las imágenes que se le vienen a la cabeza son huecos, abismos, vacíos , omisiones de todo cariño de pendejo, dudas , malos pensamientos, conflictos, dobles sentidos.
Ella sigue pensando frente a un portarretratos que tiene en su mesita de luz y mira desde la cama. Se acuerda de lo obsesivo que él es con el cariño, muy afetuoso con ella, con la única que un día lo recibió en su regazo cuando él estaba muy cansado de esos asuntos de mierda que les tocó tratar. Ella no es tan demostrativa, pero él hizo que tenga un trato especial. Es su príncipe y ladrón a la vez. Mendigo y vagabundo por un lado y su conde de montecristo por el otro.

Pasó mucho tiempo. El no regresa. Entre sus recuerdos brota cuando él se enojaba cuando ella quería desplegar las alas heridas por la realidad que le toco vivir a ella también. Pero siempre cedía ante una caricia. Ella, defensora de los derechos de los más débiles, creía que lo tendría que defender a él también. Piensa también que la unión de sus cuerpos es una especie de precioso ritual, en el que la última vez dejó un retoño en el vientre suyo donde lo amparaba cada vez qe volvía de afanar. Ese asunto lo tenía a mal traer a los dos porque él no se bancaba la cara de los chicos, hijos de los dueños de la morada elegida para el afano de esa noche. Laburo de mierda, decía cuando llegaba a su casa. Y siempre se ponía a llorar.
El dinero era una herramienta para sobrevivir. Aborrece esa herramienta. Discutieron mucho, pero nunca terminó el amor, ni siquiera cuando ella se despertó de la cama donde se había quedado dormida y vio que entra su mamá con la policía. La madre lloraba. Los métodos policiales nunca se adaptaron a ninguna realidad. Ella nunca se imaginó que esos asuntos de mierda de los que él despotricaba terminarían por acecharlo con un tiro por la espalda y finiquitar con un proyecto de vida.
Ella nunca sintió tanta soledad como en ese momento. Se le derrumbó el mundo en un segundo. El vacío que jamás pudo llenar hoy la hace sentir culpable de no haber disfrutado de las molestias de sus preguntas.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

OTRA VEZ CHEJOV, EN POSICIÓN ADELANTADA

Esta vez parte de un cuento de Chejov. Recoger un par de frases que tengan algo de cierto es tarea fácil. Por ejemplo,…”antes las gentes eran sencillas, pensaban menos y por eso resolvían los problemas con valentía…”
Lo cierto es que anteriormente a esta cultura de la especulación constante y sonante que nos es determinada desde nuestros medios de vida, nadie se hace cargo de nada. No existen más los valientes que se hacen cargo de los problemas. Hay una constante evasión a los mismos. Como una saturación mental provocada por el bombardeo informativo desde que una persona se levanta del catre hasta que se acuesta con el cerebro arrugado, hecho una pasa de uva. El cerebro no da abasto y elige huir y esquivar los problemas. Nadie se hace cargo de nada. Y si puede se la pasa al otro. Fiel a la división del trabajo y a la especialización idiotizante del trabajo.
Pero continuemos con este autor que, a pesar de ser ruso (mala palabra) , es interesante ver cómo desmenuza la sociedad de no hace tanto. Parafrasea a uno de sus personajes diciendo: “nosotros, por el contrario, pensamos demasiado”. Convengamos que el autor escribió esto en 1887. En la Rusia precomunista, aún bajo la égida del zarismo. Pero el tipo vio que se pensaba mucho y se hacía muy poco. Sistema feudal de producción, en Rusia nunca llegó a desarrollarse en su máximo esplendor la revolución industrial que sí acompañó a varios de los países europeos. Es el pecado más grosero de la intelectualidad, religiosamente hablando y ya que mencionamos al feudalismo. La falta de praxis. Mucha elaboración teórica y poca praxis. ¿De qué sirve? Como lo que se hace.  Peinsa el autor que de nada sirve tampoco hacer todo sin que ni una mínima neurona piense en problematizar aquello que se está llevando a cabo.
“la lógica nos abruma”, dice anton (Chejov). La lógica pudo ser vista como un sistema de pensamiento que más que abrumarnos nos deslumbra para solucionar problemas que están fuera de toda lógica. La cuestión social, la política, la economía de un país está muy lejos de solucionarse solamente con la amiga lógica, piebsa Chejov, que toma a la susodicha como mera herramienta social de cambio y no como una estatua a la que hay que consultar cual santuario, ya que mencionamos al Medioevo (no morales, por supuesto). Es como decir que la tecnología va a solucionar el tema del hambre y la desigualdad. Con toda la tecnología que hay en el mundo. 
La lógica , según Anton, nos abruma. Armas de doble filo.. según uno de sus personajes, el progreso es directamente proporcional a la reflexión y la sutileza. Será que el progreso va acompañado del avance de la ciencia y que por ende, hace que el hombre se vea cada vez más en la necesidad de usar más la cabeza que la fuerza. Esta última queda para la resaca del progreso. Ese precio alto que tienen que pagar las sociedades que más evolucionan hacia una perfecta involución traducido en el ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres.
Podríamos decir que Chejov es un autor que predijo las conductas humanas posmodernas a finales del siglo XIX, durante el modernismo. La especulación como arma del pensamiento, como método de análisis de los problemas y como acentuación acérrima del individualismo. Sólo reflexiones. Equivocadas o no. Reflexiones. Sin miedo, por favor. Se aceptan disensos chejovianos y antichejovianos.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Cuando es que se acaba la joda?

Hernán Casciari | 20 de octubre, 2004
Soy un iluso. Siempre di por hecho que, al nacer la Nina, aquellos que se pasaban la vida diciéndome “disfrutá ahora, porque cuando tengas un hijo se te acaba la joda” iban a desaparecer. Pero no. A la gente que da consejos pesimistas le encanta seguir a tu lado, sobrevolando tu inminente desgracia. Ahora han cambiado levemente el discurso; me dicen: “disfrutála ahora, porque en realidad es cuando crecen que se te acaba la joda”.

Tener un hijo, por el momento, no se parece en nada a todo lo que me han dicho estos pájaros de mal agüero. No ha habido un minuto, ni uno solo, de desconcierto o agobio. Ni los llantos madrugadores, ni el tópico impedimento para ir al cine o al teatro, ni las cuatro mamaderas diarias, ni la mierda (cada vez más consistente y humana) de los pañales, ni las tardes que no puedo escribir, me importan un carajo. Y si se le pregunta a Cris, dirá lo mismo.
Desde hace seis meses —la Nina ha cumplido medio año, ¡oh!— estamos viviendo en una nube de pedo. Los tres. El tiempo se estira y se comprime sin que podamos encontrarle un ritmo: a veces creemos que era ayer cuando volvíamos de la clínica con una criatura en brazos, y otras veces nos da la impresión de que hemos vivido este tiempo con la intensidad de una larguísima década de novedad y descubrimiento.
Hace un par de semanas los abuelos paternos, enviaron a casa un regalo que no me canso de ponerle a mi hija. Es una camiseta de Racing que le queda todavía enorme pero que ya usa con la mayor responsabilidad (a pesar de que a algunos les moleste y utilicen el potoshop para escupir mentiras diabólicas). Cuando llego a casa y la veo con su camiseta albiceleste pienso que todo es como siempre imaginé que sería.
Y es que nunca he estado tan de joda como ahora. No es sólo que la joda no se acaba con la llegada de un hijo, es que, extrañamente, empieza. Los recuerdos anteriores, visto desde la perspectiva de la paternidad, son momentos simpáticos pero vacíos de polenta.
¿Con qué ganas regresaba yo en la antigüedad a mi casa de Mercedes, de Belgrano, de Urquiza, de Barcelona, si no había una hija que me esperaba? ¡Qué vida de mierda, aquélla! ¿Qué hacía por las tardes, si no debía preparar una mamadera con cereales a las seis y media? ¿Por qué razón no me quería morir? Preguntas de este calibre me hago ahora, mientras vuelvo a casa con desesperación, para darle los buenos días a Nina y comenzar a estar de joda una mañana más.
Hace una semana le contaba estos milagros a alguien que me retrucó con esa frase del primer párrafo:
—Disfrutála ahora, porque cuando crecen se te acaba la joda —me dijo, levantando una ceja, con ese gesto experto que ponen los idiotas.
Y no sé por qué, me dieron ganas de meterle la cabeza adentro de un balde con aguarrás. Los pesimistas deberían vivir en zonas rojas trazadas por el Gobierno, como los travestis. Si los querés ver e interactuar con ellos, te tomás un taxi y vas a sus barrios; y sinó, todos en paz.
He tenido siempre, desde chico, un karma que llevo sobre las espaldas con muchísimo sacrificio. Hay una clase de gente que sospecha, al verme, que en cualquier momento se me acaba la joda. Me pasa desde que tengo memoria, pero me ocurría sobre todo en el colegio. No había un solo profesor que no me haya dicho alguna vez: “ya te vas a caer, Casciari, y yo voy a estar ahí para verlo”. No soportaban mi aparente felicidad.
Yo me caía casi diariamente, la verdad sea dicha; yo era igual de infeliz que todo el mundo: pero no me quejaba. Y eso siempre le pone los pelos de punta a los cuervos y a los pesimistas.
Ahora, con la Nina, vuelve a revolotear a mi alrededor esa gentuza con sus predicciones de desbarranco futuro: al principio son dóciles pero después no podés dejar nada en la mesita ratona (te alertan); cuando empiezan el colegio se te va todo el sueldo en lápices, cuadernos y libros; en la adolescencia se te escapan de las manos y los perdés; cuando crecen tienen amigos delincuentes; cuando son mayores te meten en un geriátrico.
Siempre creí que los pesimistas vivirían más tranquilos en un mundo en el que los demás no reflejáramos nuestra serenidad. Me parece —es una teoría rebatible— que la mitad de su amargura es fruto de observar la paja en la risa ajena.
La miro a la Nina, sentadita en el sofá, y me pregunto si ella también tendrá la buena costumbre de vivir de joda. Yo espero que sí, espero que odie a los cuervos como yo los odio, que reniegue de los consejos pesimistas y que pueda andar por el mundo en su nube de pedo.
Me preparo, cada día, para disfrutar de la joda más grande: enseñarle a mi hija a entender que todo lo que ocurre en esta vida es algo que, bien mirado, tiene muchísma gracia.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El TAM A SALA LLENA


por eleskritor
El taller de arte y movimiento que dirigen María Marcori y María Eugenia Fraiese presentó la muestra de fin de año en el teatro argentino. Cerró con el musical de Peter Pan, dirigido por Mauricio Castro y deslumbró a más de 600 personas. El domingo volvió a llenar de gente su taller con la muestra de canto.

El Taller de Arte y Movimiento (TAM) explota de gente. Tanto afuera como por dentro. Hay una gran cantidad de alumnos (alrededor de 150) que asisten a una casita domiciliada en calle 20 entre 41 y 43, se brindan talleres de una gran variedad artística como ballrroom (a cargo de oscar  hip hop (a cargo de Joaquín Romero) y canto (a cargo de Julieta Umezawa y Carolina Pighin), entre otras disciplinas.-
Por otra parte,  el pasado jueves 1° de diciembre dejó boquiabierto a alrededor de 600 personas que se peleaban por ganarse un asiento en la parte de abajo del teatro. Un sinfín de cabezas que se veían desde arriba del escenario asistieron a una muestra anual del taller que culminó con una parte del musical de Peter Pan, dirigida por Mauricio Castro, que ya demostró excelentes direcciones y actuaciones en simultáneo con Cat´s, el musical que se llevó a cabo el año pasado.  
La escuela, a cargo de María Eugenia Fraiese y María Marcori, está generando una ola de originalidad en la ciudad de Mercedes, con partes de musicales que suscitan una serie de comentarios acerca de cuándo se repite, a causa de que mucha gente quedó sin entrada y sin la posibilidad de asistir al espectáculo.
La enorme demanda de fechas para utilizar el teatro dirigidas a la Dirección de Cultura hace que no sea tan fácil repetirlo cuando se de la voluntad del taller, sino que están pendientes de la disponibilidad de agenda que tenga el teatro,  cuyos iluminadores y sonidistas demostraron una excelente predisposición para trabajar en el musical.
Un sinfín de trabajo entre escenografía, ensayos y poco descanso hizo que Peter Pan brille para un montón de chicos que lo admiraban entre contentos y asustados por la figura de James Garfio y sus piratas.
 Una vez más este taller, que duplicó la cantidad de alumnos de un año a otro después de la muestra de Cat´s, demostró que el arte en Mercedes se mantiene vivo a pesar de  los pocos recursos que se destinan al mismo.  
Por otra parte, el domingo 4 se volvió a llenar, pero esta vez en la misma escuelita con una muestra de canto, que juntó a grandes figuras como Camila Castro, Clara Révora, Oscar Oreja Celeri, Wanda Arévalo , entre otras. También a sala llena.

viernes, 2 de diciembre de 2011

57 veces 666

El 57, más que un número cualquiera representa un colectivo de gente que reúne un conjunto de actividades con las que tiene que cumplir, sin ganas de ir y con ganas de volver antes de subir para ir. Un día de sol en esta especie de pseudovehículo se puede transformar al toque en un día nublado , de tormenta y con piedras del tamaño de la insolencia de ese chofer que se está ganando la vida, cuando no la muerte, al momento en que denuncia que no puede salir el coche porque tiene las gomas lisas. Expulsión. Estás nominado, diría Rial. Si no te gusta la forma (de mierda) que tenemos para laburar,ahí tenés la puerta. Tenemos un gran ejército de reserva industrial que no tienen qué darle de comer a sus hijos. Así que , o te callás y laburás o no laburás más. Qué lindo versito.
Un viaje a Buenos Aires tarda tres horas. 100 km=3 horas. Mucha gente de diversa clase toma este vehículo. Gente de traje, gente estudiante, policías, carteros, veterinarios , médicos, gente de mierda, gente de traje, gente común, gente de mierda, gente de traje.
No voy en tren , voy en avión. No se sabe si llega . Aveces se rompe y tarda más. Quién será el dueño de semejante cosa. No sé pero las puteadas de los pasajeros se dirigen al cielo, como si el señor pudiera hacer algo. Ojos del cielo es el slogan. Pero eso debe ser que putean al cielo. El dueño es una especie de Gran Hermano donde está la cámara (los ojos del cielo) y donde el pasajero se puede descargar gratuitamente la bronca. O quizá el dueño sea la mano invisible del mercado de Adam Smith a la cual no se ve y entonces se la putea. Es como una mano que te pega y cuando se da vuelta nunca la ves porque se esconde. O quizá sea un homenaje a la canción de Víctor Heredia : “ojos de cielo, ojos de cielo, no me abandones en pleno vuelo”. Si no es así le pasa cagando.
La cuestión es que toda la gente que sube al vuelo de estos ojos del cielo, se pega un viaje tremendo. Ulises en la Odisea es un poroto al lado de lo que vive el pasajero 57. Incluso, hay un sitio en el facebook que se llama “Odio al 57” y varios suscriptos.  Quizá las acciones donde cotizan traducen una realidad numérica en la cual se esté guardando la calidad del viaje para cuando la persona viaje para siempre al cielo, o al infierno, para dejar la vida terrenal al libre juego entre la oferta y la demanda.
Un verdadero bondi, diría un amigo. Pero en fin, el cansancio, el hambre, el sueño, las ganas de llegar al destino que sea, quitan todo atisbo de lucha por el respeto de los derechos del pasajero que, mientras no haya una ley que los regule , la autonomía de la voluntad que tiene la parte más fuerte en los contratos basados en el artículo 1197 del Código Civil, en permanente tensión con los derechos constitucionales, siempre decidirá prioritariamente sobre el derecho supremo a transitar libremente en condiciones dignas. Si bien hay un órgano de contralor de empresas de transporte, sigue habiendo problemas respecto de la temática de circular libremente. No queremos ser prejuiciosos.
Me quedo pensando. Espacios internos reducidos. ¿Será para que la gente se quiera un poco más cuando viaja?  Mente en blanco. Voluntad empresaria. Duermo. Sin voluntad propia y con la  ajena. “Detrás está la gente”, canta el Nano Serrat en el mp3.
Carlos Hernán Espinosa, amigo fraternal del eskritor

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