miércoles, 21 de septiembre de 2011

JUAN PODIA

Lo absurdo que resulta ponerse a escribir en medio de esta incomodidad. Lo absurdo de una rutina. Escribir. No sé qué. Hay mucho por contar y nada al ser tanto. Prescindir de las musas es un compromiso de evitar caer en lo ya dicho. Cosa que es imposible.
Pero la realidad se encarga de cagarte a cachetadas para que te des cuenta que lo programado se desprograma.
 En un tren se ve la gente que pasa. Que viaja. La cruda necesidad a flor de piel en las vías. No se sabe por qué pero todos viajan. Cada cual a su destino. Distinto seguramente del de al lado. Pero todos en la misma.Todos viajan igualmente.
La incomodidad de un tren eléctrico que va acorde las históricas rupturas de tecnología innovadora que cada cambio intentó cambiar.
El tren. El transporte de los excluídos. De los que zafan de pagar el boleto. Otros no. Quedan atrapados en la telaraña de la “seguridad” de los molinetes. Otros saltan y huyen despavoridos celebrando el no haber sido atrapados.


El cronista lo hizo. Juan ha saltado molinetes al vislumbrar que no tenía boleto en razón de que nadie había pasado a cobrárselo. Nadie se lo había exigido arriba del tren. No lo sacó antes de salir . pero tampoco nadie lo frenó cuando saltó el molinete. La gente que frenen en los molinetes son personas con portación de rostro. A Juan no lo habían parado porque tenía ojos claros e iba “bien vestido”.  Pero a los que frenaban era gente que no podía pagar el boleto. Juan podía.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Y MENOS CHICOS EN LA CALLE

Parece ser un hecho. Subir al tren concesionado a manos privadas y que te envuelva el halo de pedidos de compra ambulante. Hay venta de todo. Moreno. Agujas para coser.
La gente se la rebusca como puede partiendo desde Moreno  a Once. El tren es el medio de transporte de la pobreza. Por lo menos en la Argentina. Suele verse en TBA, sigla que significa Trenes de Buenos Aires, paradójicamente concesionadas a manos privadas desde el menemato, cuyo contrato de concesión está supuestamente controlado  por la CNRT (Comisión Nacional de Regulación del Transporte).
La CNRT, más que un órgano de contralor, es un ente recaudador que está intervenido por el Ministerio de Planificación Federal creado por el kirchnerismo. El principal exponente de este Ministerio es Ricardo Jaime y Julio De Vido, ambos cuestionados por irregularidades en la administración pública.
Lo cierto es que los trenes han tenido una leve mejoría a partir del kirchnerismo pero, como toda cuestión atinente al período 2003 en adelante le falta una vuelta de tuerca. Es la causa por la cual el kirchnerismo pretende otro período gubernamental en pos de la profundización de este modelo de “inclusión social y achicamiento de la brecha entre ricos y pobres”.
Una de las falencias de este servicio de trenes es la constante interrupción del servicio dejando a pasajeros que van a estudiar y trabajar, bajo la égida de la empresa Atlántida, cuyas acciones pertenecen a la arquidiócesis Mercedes-Luján, “también controlada” por la CNRT.
Lo cierto es que en dicha empresa ha habido despidos de trabajadores, específicamente choferes, que han denunciado coches en pésimo estado, con gomas lisas, que les obligan a llevar gente parada desde la misma empresa, y cuyas comodidades las dejan para cuando el pasajero visite a Dios en el cielo cuando no sobreviva a la verdadera odisea que significa el viaje.
En virtud de esta seguridad de lucro que tiene la empresa a costillas del impávido pasajero, el mismo obviamente siente miedo de viajar a Buenos Aires o a Luján , en virtud de las inseguridades que brinda una empresa que literalmente se caga en las necesidades de la gente, disculpando lo escatológico de la expresión y descripción pero solamente se está describiendo una situación sin intervenciones quirúrgicas  de ningún tipo de eventual filtro que incida en el prisma de la realidad.
La cuestión es que la gente está preocupada por sus cosas, su futuro incierto. Con malestar latente que se esboza en cada rostro. Los sonrientes van drogados en otro vagón evadiendo una realidad y saetando el aire de un aroma dulce. Una chica va gritando en forma de pregunta: “¿nosotros no somos nada?”, acostumbrada a una realidad que la ningunea y en medio de un hedor similar al de un sahumerio. Porque se empeñan en sentir lo dulce de la vida. O en querer encontrarlo.
Todo esto con el enorme potencial de cada ser humano. Con una escala muy distinta de posibilidades. Directamente proporcional al contexto donde nacen y la cantidad que ostentan..
En fin, acá finaliza este relato de políticos y su correlato real de lo que se vive abajo.
“Van a llevar dos chicles adan, do pesoooooo” , dice un muchacho y su voz se va alejando hasta que desaparece. Todo pasa, dijo Ciro. La necesidad tiene cara de hereje, dijo. Pero es lo que queda. La necesidad. La que no dicen los libros ni ninguna teoría política. La necesidad real y cruel de todos los días.
El tren es crudo, real. Sobre vías va la descripción de este paisaje en vías de desarrollo. En vías de no sé qué. Pensar que un día nos quisieron hacer creer que estábamos en el Primer Mundo. Jamás mientras haya vendedores ambulantes, y menos chicos en la calle.



miércoles, 7 de septiembre de 2011


LA VENDETTA

Me decido a continuar leyendo la extensísima obra de Dumas, El Conde de Montecristo. Es un desafío terminarlo. Un capítulo por día no está nada mal. Voy a intentar.
Es una novela extensísima que data sobre la venganza, la pasión y la muerte con la que se refleja la agudeza de ingenio que habita en algunos hombres para acabar con otros hombres de los que la envidia los lleva hasta la muerte misma.
La envidia de la dicha en el otro y el resentimiento de la desdicha de unos se enfrentarán en una lucha por volver a ser. Por no morir y resistir ante los embates de la desposesión de un amor correspondido manejado por el tesoro de la pasión.
La falta de destino propio va a tirar por la borda ese amor que va a pasar a ser no correspondido y forzado, en connivencia con el egoísmo y la inautenticidad que muchas veces brinda la comodidad de un statu quo.
Vamos a ver cómo termina esta obra colosal que nos da una enseñanza de que no hay que darse por vencido aún vencido y que fue el mensaje que, en otras palabras, significaron una época de luchas en décadas pasadas.
Esta especie de héroe que labura desde las sombras merece el homenaje en la película v for vendetta que Guy Fawkes personifica el 5 de noviembre famoso en Inglaterra , donde un sujeto hace volar por los aires el Parlamento, al ver que su política inexistente  no coincide con una realidad que no daba el brazo a torcer. La clásica realidad que transforma toda teoría a la luz  del dinamismo de esa realidad, tremendamente cambiante y dinámica. Y esa teoría estática que pretende enseñarnos lo que escribe la realidad. Esa realidad que se ve imbuida a menudo de gente que la transita en la calle.
En este caso, capta el mensaje de este personaje siniestro para el establishment, vestido de  un negro noche, con una máscara que hace una cínica sonrisa y una tremenda habilidad con los cuchillos y una mente llena de libros en su haber que se la pasa citando párrafos de diversos autores en cada situación a la que se enfrenta.
Este personaje era quien miraba al Conde de Montecristo a quien homenajeaba desde la mismísima venganza, ese sentimiento que no reconoce ningún tipo de legalidad ni de contrato social. En un alivio. En un respiro del pecho al que le acabamos de sacar la daga que lo entumecía. Como llegar de unas vacaciones y sacarse la mochila. Como el placer de un deber terminado.
No se pone en tela de juicio la bondad o la maldad de una venganza. Ni una cosa ni la otra. O las dos al mismo tiempo. Sí se puede preguntar, hasta dónde debemos practicar las verdades.   

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