jueves, 14 de julio de 2011

MERCEDES DANZÓ





Leyendo un par de crónicas que escribí en tanto iba a ver espectáculos en Mercedes, encontré esta que asesina prejuicios en torno en que en Mercedes no hay cultura. Decía así:
“Una infinita muestra de energía se apoderó de unos cincuenta espíritus contemplativos de un inmenso show esbozado sobre las tablas del Teatro Argentino. De la mano de Carla Sordini, profesora a quien mucho no le gustó lo ocurrido sobre el escenario (como todo gran artista que desprecia su gran obra), el ballet municipal desplegó en forma de afro una serie de rituales conmemorativos de la riqueza que acompaña a toda diversidad cultural.

Un público disperso acompañaba arengando los movimientos de estas chicas y de Jonatan (no se dónde poner la h), el único varón del ballet que, con una valentía inusitada e impresionante, afrontó la compañía de Marcela , generando una muestra de una pareja de candombe rioplatense, bajo la audición de Jaime Ross y Falta y Resto interpretando “siga el baile”.
Para despedirse, el grupo de danza , acompañado por la percusión municipal que dirige Federico Lifsich (no sé si se escribe así), cerró con una rumba deslumbrante con la que finalizó una muestra diferente, mejor, que suma al proyecto cultural de la Municipalidad.
Fue así que “Mercedes Danza” una vez más apareció sobre escena para despertar el gen de nuestra cultura que llevamos dentro.
En lo que respecta al vestuario, el negro era el color que representaba el baile con una serie de polleras de distintos colores acompañados con vinchas al tono y un peinado estilo salvaje.
Una profesora de Buenos Aires, Cecilia, fue invitada para la confección de la coreografía del afro.
En fin , un espectáculo que poco se ve en Mercedes y que tanto apuesta al amplio espectro de shows de danzas que suelen verse en la ciudad con bastante monotonía.-   
Que cosa estúpida son los prejuicios.-

lunes, 11 de julio de 2011

DUMAS Y LA REALIDAD ACTUAL

Edmundo Dantés. El protagonista de El Conde de Montecristo. Lejos de Pablo Echarri, la novela de Alejandro Dumas deja muestras de valor. No de valor en dólares ni en euros, sino de ese valor en épocas en que el mismo vale interés individual, a largo plazo, para infravivir.
El poder lo mete preso sin pruebas. Es decir, con una prueba inventada en su contra por un problema de polleras y por una ambición de poderío de su contrincante, Fernando. ¿No suena real Dumas? Se hace carne acá, allá , en todas partes donde exista competencia carnal de quita de ojos y charco de sangre burocrático en pos de un puesto oficinesco.
Ella, Mercedes, una vez más congraciándose con género femenino metiendo sus preciosa nariz en medio del bolonqui. Si no, traicionaría su condición. Ellos, engañando su condición, metiendo narices en pos de la homosexualidad reprimida quizás? No sé. La intención jamás es la misoginia ni la homofobia. No creo que Dumas se rebaje a semejante condición infrahumana.
Hay un mito. La mujer, donde habita, genera quilombos. El hombre, donde habita, ¿no genera quilombos también? Desmitifiquemos el mito que se deja ver desde El Conde de Montecristo del visionario Dumas. Haber: la madre Teresa de Calcuta. Era mujer y de sus acciones emanaba la paz mundial. Generó paz mundial. También generó conflictos en la mentalidad de los poderosos que viven del conflicto mismo y de la peleas entre los hombres. El nombre: Juan Sistema. Por otra parte, Juan Román Riquelme. Género: masculino. Genera conflictos. En fin, es el único que enfrenta a la mentalidad establishment de Macri, masculino, que genera conflictos pro. Con un 45 % que elige esa sarcástica sonrisa tras lo cual se esconde la muerte en sus millones de forma. Digno hijo de quien enriqueció sus arcas mientras se gestaba lo sucedido en el 2001 de la mano de Roberto Conflicto. Juan y Roberto, íntimos amigos de Mauricio.


jueves, 7 de julio de 2011

OTRO ALEGATO A FAVOR DE LA MUJER

El tipo que la había secuestrado le dijo: “no te depilaste “. 1970. Década violenta. La sociedad dividida en el empuje por cambiar el mundo y quienes querían conservarlo así, porque mal no la pasaban.
 El Che había sido asesinado en la higuera sin sentencia condenatoria con la impunidad de un mundo occidental que asesina a sus enemigos. Al que le toca en turno ser el enemigo. Los que lo tildaron de salvaje terminaron siendo más salvaje aún cuando la ejecutaron y lo mostraron como animal embalsamado en una escuelita de La Higuera; horrorizando lo que más quería el finado, que el pueblo se eduque para que no lo engañen los detentadores de los medios de producción que veían en la clase trabajadora una gesta de esclavos al servicio de la dependencia latinoamericana del poderío europeo y yanqui.
Aún se pueden ver sus fotos. La mirada cansada , de hastío, de toda esa gente a la que no se comprendió estaba en esa mirada. Que todavía despierta rebelión en un sinfín de países donde habita la injusticia social están las banderas con su cara. Genera un sentimiento de duda al ver si está muerto o no. O vive en la idea de rebelión de cada pueblo que ve conculcados sus derechos.
“Las ideas son a prueba de balas”, dijo Guy Fawkes, bajo una máscara luego de que le disparen un sinfín de veces sin matarlo, tomando por el cuello a un agente de la policía. “V” for Vendetta era la película, altamente recomendada, donde la ficción nuevamente toma forma de realidad y viceversa.
Volviendo a la cuestión de esta mujer que no tenía tiempo para depilarse, fue uno de los ejemplos de lucha. No le gustaba que le digan guerrillera. Tenía hijos porque pensaba que era lo que la ataba a la realidad. Ellos eran su cable a tierra. Fueron tantas y lo son todavía. Subsisten aún. Persisten a los embates del tiempo. Locas son para quienes no toleran su independencia. Porque les temen. Porque no tienen límites. Porque son viscerales. Porque matan por amor, como el hombre. Porque su dolor no es pasajero. Porque su amor es inmenso.
Quisieron cambiar el mundo. Algunas murieron en el intento, bajo el crimen organizado. Bajo un estado asesino que no merece ponerlo en mayúscula, manejado por multinacionales financiadoras de esas masacres. No sólo acá. Allá también. Al lado. En Chile, sí Chile. Ese hermano tan odiado. Ese odio generado por quienes combatieron a estas mujeres. En todo latinoamerica, se encargaron de remarcar con fuerza las líneas de la frontera para tenernos bien divididos, para dominarnos. Porque juntos somos un peligro para su hegemonía.
Giros en dólares para entrenamiento militar. Prácticas abusivas de gente que alegaba una guerra. Guerra le llamaron. Ni en una guerra se humilla tanto. Ni tan desigual el enfrentamiento. La clásica teoría de los dos demonios que se vislumbra con tan sólo apretando el botón rojo del control remoto del papá televisor. Al que acudimos ante la más absurda angustia. Como seres infradotados, pensamos en dialogar con ese aparato que se enchufa y genera un monólogo. Ni siquiera con nosotros mismos. Teoría de intelectuoides financiadas por las mismas empresas montadas por la dictadura misma. Ahora premian una película como El secreto de tus ojos. Los mismos seres que avalaron con ideología cultural los desastres que generó un modelo económico a implementar por la fuerza.
Las luchadoras quisieron evitar estas anomalías que hoy vive el ser humano. Parecía ser algo pecaminoso. Porque fueron masacradas sin tener tiempo en pensar en la depilación porque estaban a la merced de las necesidades sociales.
Quizá Margaret Tacher estaba bien depilada cuando mandaba matar a los pendejos de la Guerra de Malvinas que podrían haber sido sus nietos. Quizá muy bien afeitado estaba Galtieri con abundante olor a alcohol para mandar a estos pibes a Malvinas, que podrían ser sus nietos.


Sin más pelos en la lengua, estos testimonios nos han quedado para recordar a estas mujeres, tan luchadoras como las que se quedan en su casa, vieja, es cierto, luchándola con sus hijos bancando las estupideces de los prejuicios contra quienes despotrican invocando su condición de género. Perdónenlos, no saben lo que dicen. No saben o no quieren saber que quien los albergó durante su gestación fue un útero, divino, sagrado, materno. Que los hombres carecemos. Perdónennos , nos sabemos lo que decimos; perdónennos, no sabemos lo que hacemos.

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