viernes, 17 de junio de 2011

mujeres

Supe leer un libro que hablaba acerca de las mujeres guerrilleras. Así se llama. Más que guerrilleras fueron militantes. Asi les gusta que las llamen. Porque incluían todo tipo de actividades. Hasta dormir con un compañero de militancia sin tocarse un pelo en un albergue transitorio. Ja. En estas épocas de hedonismo posmoderno. Es como encontrarlo a Mahatma Gandi ahorcando a mamá Cora en medio de una misa en la que se conmemora el día internacional de la abuela.
Sin embargo, estas mujeres lo hicieron cosas imposibles hasta ese día. Sufrieron pérdidas. La pérdida de una vida como la que soñaba la Susanita de Mafalda. La vida tenía otros compromisos. La cuestión social estaba latente por todas partes. Las partes no gobernaban el todo.
La solidaridad como arma máxima contra cualquier atisbo de individualismo. Eso generaba la idea de que la unión hace la fuerza y la voluntad está vestida con armadura de fierro.
Mujeres que lucharon en un mundo que necesitaba de ellas. Y de ellos también: sus respectivos novios, maridos, hombres que acompañaban ese andar rebelde, y discutían con ellas porque en el enfrentamiento reinaba el amor. Tantas veces frágil en el consentimiento constante.
Una vida poco común. Descomunal para quienes les aseguraron un refugio en la cocina y nada más.
Bajo una multiplicidad de roles, ellas optaron por salir de sus casas, ir a reuniones. Jugársela. Palabra tan vapuleada en tiempos donde verse en la mirada del otro se torna cada vez más difícil. Donde el ser humano está tan ensimismado y donde el juego que más hace juego con la realidad es el solitario. En pc, por supuesto. Ya ni las cartas juegan, o se hicieron virtuales.
Las cartas era un juego que invitaba al diálogo, a la charla. No importa si había ganador o perdedor. Lo importante era la catarsis. Analizar los problemas. No míos , los de todos , los que tienen un denominador común, el sufrimiento humano. El hambre, la miseria material de los que tienen menos y espiritual de los que tienen más.
Hasta las cartas con sobre van perdiendo realidad. Hoy gana el e- mail o correo electrónico, para quienes disgustamos de la colonia literaria de términos que pueden decirse en castellano sin morir, un idioma tan vasto y bello, antes que el sintético inglés y frío. pelearon al lado de sus caciques para que no los saquen de sus tierras, Tania y otras tantas .
Para ellas va este homenaje de la mano de un tema de Silvio Rodríguez: “Mujeres”.

viernes, 10 de junio de 2011

Nunca

“No vivas con la duda de lo que pudiste haber sido”, dijo Juan a través de uno de sus personajes, y el zaguán se tiñó de un rojo que fermentaba una pasión que embarró todo atisbo de racionalidad vanal con sabor a cálculo económico. Lo único que dejó es un sabor a vida enemistada con la puta soledad. No la prostituta, sino la otra. Volaron por los vientos esas alas que se despliegan como un pájaro que supo tener alas negras pegajosas de todas aquellas cosas de la vida que lo aferraron cruelmente a la tierra. Hoy sí. Se dirige a un cielo sin nubes. No tiene más pegamento en las alas. Hoy se despliegan como nunca y se dirigen a ese cielo sin nubes. Nunca estuvo tan despejado. Como su mente. Nunca se sintió tan bien. Ese sabor a vida que creen los que le encontraron un sentido. Una vida que tenía fecha de vencimiento. Porque ese día en que despejó la duda de lo que pudo haber sido se encontró con una noticia. Se enteró de que tenía una enfermedad terminal. Y pensó: qué estúpido que fui al hacerme problemas por tantas pavadas. Era el momento de bienestar que preceden a las muertes. Y la frase de Juan le resonó en su cabeza. Un día antes de morir. “Nunca vivas con la duda de lo que pudiste haber sido”. Nunca.

11152 visitas al 20 de marzo de 2017