miércoles, 5 de enero de 2011

LOS CIENTIFICOS

Cada vez que alguien nombra a un científico imaginamos a esos tipos de lentes y meticulosos. Sin embargo, aveces no. Imaginamos gente anormal. Que no sale a la calle ni a comprar un kilo de carne. Por que?
Quizá alguno salga a ver qué ocurre en la realidad caótica que lo circunda. De alguna manera, eso que hacen, investigan,, miden , etc, se aplica a esa realidad. Por ende, que bueno sería tener una visual de la praxis donde se concretan esas teorías, o no.
Digo “o no”, porque con frecuencia esa realidad (amplia superadora de la teoría) no condice con la teoría. Eso es lo que acontece con el mundo que, demás está decirlo, es demasiado dinámico para enfrascarlo en teorías que servirían de momento.
Si hay algo que la realidad ostenta es dinamismo. La esfera da vueltas y vueltas de una manera antes impensada. La gente corre como loca en virtud del time is Money y vivimos como locos agolpándonos los unos a los otros, parafraseando un darwinismo social augurado por quien lleva el nombre de dicha corriente, en una carrera para ver quien es el más fuerte. Violencia, intolerancia, miseria espiritual, competencia nunca sana , como la envidia son algunos de los caracteres más sutiles de lo que siente cada eslabón de esta cadena de la que formamos parte.
Y así vamos odiándonos lentamente. Nos vamos aislando. Y se tira por la borda la historia infantil que supo contar Jean Jacques Rousseau. Esa cuyo protagonista principal es la bondad espontánea del hombre. Y en virtud de esa bondad, la confección de un contrato social que asegure su bienestar.
Aquí entran en juego esta gente loca que ven las cosas de otra manera y que por eso son marginados, vapuleados históricamente por diversas religiones, asesinados con cruces clavadas en los pechos, símbolo del poderío económico que nunca quiere develar verdades contrarias a sus intereses e históricamente se han planteado tapar el sol con las manos.
Está claro que la economía determine la vida de las personas. Les hace llevar a cabo distintas acciones que nunca desearían realizar  y les queman las neuronas idiotizando a los adaptados al sistema de la división del trabajo.
Algunos científicos alertan con temor sobre estas desavenencias del hombre, no ya del destino (como quieren echar culpa sus partidarios, los destinatarios). Los tipos joden. Descubren verdades y rompen las pelotas con difundir la sabiduría a la gente. Esto no le conviene a ninguna clase de poder, porque es peligroso que la gente sepa cual es su posición social y que es lo que reproduce día a día, a que contribuye, que es lo que aporta para que todo mejore. La sabiduría popular es un arma peligrosa. Porque el que sabe quiere participar, como lo fomenta el mismo sostén del capitalismo: la mismísima democracia. Por eso la sabiduría popular es diluida, desviada, distraída con todo tipo de medios de los que se vale el poder para menguar o mermar la participación. Medios de comunicación, todo tipo de fármacos, alcohol, drogas, sexo, todo en forma de ametrallamiento informativo en forma de flashes noticiosos que no de tiempo a pensar, a reflexionar, a sentarse a leer un libro hasta el final.
Estos científicos son los locos. Y los llamo científicos porque ellos se dedican, de alguna manera, a develar una verdad. Algunos financiados por el poder viven en el silencio. Otros desaparecidos, muertos en la hoguera tiempo atrás , encerrados en un loquero, rechazaron esa coima financista que mantiene engañada a la sociedad, de la mano de la tele y otros medios.
Pero hay algo que no se puede frenar. El viento; La Tierra, por más lastimada que esté; el fuego, el agua. Donde hubo fuego , cenizas quedan; y e viento, imparable, huracanado se encargará de diseminar.-

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