miércoles, 5 de enero de 2011

CHEJOV, EL DISTINTO


La reflexión pasa por un personaje de la obra de Anton Chejov. Tío Vania. El tipo es melancólico; guarda cierta melancolía con la vida. Una vida monótona, atada a una rutina circular de una vida fría, rusa. De la Rusia anterior a 1917.
Tio vania trabaja para el profesor Serebriakov. En un momento, lo admiraba,  hasta que a este se le ocurre vender la finca que había heredado  Vania. Este lo quiere matar y fracasa. Pero ese odio estaba disfrazado de un amor que Vania sentía por Helena, la esposa de Serebriakov. Helena, por otra parte, estaba enamorada del médico que visitaba la finca cuando Serebriakov estaba ausente. Oh casualidad!
Historias de rusos. Cínico, irónico. Situaciones que se suscitan tras un velo de tranquilidad símil a un río en un día tranquilo, donde en la superficie no se vislumbra ningún tipo de dinamismo pero quien se tira a nadar se encuentra con el fondo en medio de una revolución y difícilmente puede salir. Generalmente, termina devolviéndolo la misma correntada, pero ya echo cadáver.
Estas son las sutiles historias de Chejov, donde no pasa nada, pasa de todo, fiel al espíritu hegeliano donde las cosas son y no son allmismo tiempo.
Y así fue Rusia en su momento . 1917fue un año crucial en la economía rusa. Estalló una tremanda revolución que se venía gestando en razón de la miseria que vivía su pueblo bajo el régimen zarista y posteriormente, al gobierno cuasi democrático de la estadía porvisional de Kerensky.
Hasta que llegó Lenin, que dio origen a la revolución comunista que impregnó una impronta en la historia del mundo del siglo XX.
Chejov era dramaturgo y cuentista ruso, nacido el 17 de enero de 1860 en Tagarog (Crimea). Era médico de profesión y en casi todos su cuentos y obras teatrales figura un personaje con dicha vocación.
Se publicó Platonov después de su muerte. Era su primera obra.
Stanislavski no lo entendía en un primer momento. Se contactó con él (no existía el mail todavía) y empezó a entender que a Chejov “le gustaba mirar cómo nos maquillábamos. Entraba a los camarines antes del espectáculo, se sentaba callado y se concentraba mirándonos. Y cuando alguna línea modificaba la cara del actor acercándolo al personaje, se alegraba de golpe y rompía a reir a carcajadas con su voz de barítono”.
Supo definir al teatro como una “amante sofisticada, ruidosa, insolente y agotadora” .
Estaba enfermo de tuberculosis y tocaba la enfermedad en diversas obras. Fallece en Alemania en 1904, sin poder vivir una época de explosión en la economía y la política rusa, que él supo conseguir en el plano teatral y cuya profecía esbozaba la quietud de sus obras. Algo estaba por ocurrir. Trece años después la sociedad vio a Chejov en las calles, aunque muerto físicamente, vivo por haberlo contado.

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