jueves, 27 de enero de 2011

MATE A KELSEN CON LAGUNAS JURIDICAS QUE CONVERTI EN OCEANOS

-¡Ay  Kelsen, querido! -Esa fue una exclamación al terminar de leer a este teórico del derecho. Y continué:-¡si para vos la felicidad sólo pasa por lo que es la justicia, qué acotada es tu felicidad! El amigo Kelsen dijo: “justicia es felicidad social”, cuando la justicia es creada por gente feliz destinada a infelices que padecen esas injusticias que de las falencias de la “feliz justicia” emanan. Qué trabalenguas la puta madre. Todo por leer a kelsen. Y bueno: el derecho fue creado para que la gente no entienda la ley que se “presume conocida por todos, paradójicamente”.
Vale mencionar que Hans Kelsen es un autor que se da en los cursillos de abogacía cual si fuese la biblia de la filosofía del derecho.
Ahora bien, con el correr de los tiempos atropellados, uno se va preguntando cosas. ¿ por qué el derecho natural o el iusnaturalismo intenta ser universal pero sin abarcar al ateo? ¿ por qué tiene que haber una ley a imagen y semejanza de un ente abstracto que nunca está a la hora de satisfacer las necesidades básicas de un ser humano? ¿ será un engaño más? La ley natural. Nada más contradictorio que decir ley natural. No existe la ley natural cuando hablamos de leyes que gobiernan el accionar del hombre. Igualmente , la supuesta ley natural intenta acabar con las múltiples interpretaciones que se le da a la ley.
Para subsistir se aferra a la naturaleza, ¿creada por dios?; ¿y el ateo? ¿queda afuera de toda legislación?. Corre con ventaja el hijuepu. Ja, me voy a hacer ateo así la ley no me ampara y puedo hacer lo que se me antoja. Mato a alguien y no voy preso. Pero carezco de derechos también. ¿y el ateo?
¿el capitalismo es sostenible? ¿para quién? ¿el corralito no suprimió la propiedad privada?
¿Lo contrario a la naturaleza que es? Supongamos que es la muerte por no poder alimentarse. La naturaleza nos brinda la posibilidad de poder subsistir; el capitalismo nos la quita. Es capitalismo es injusto. Esto no es una pregunta. No me olvide de poner el signo de interrogación.
Tanto los totalitarismos fascistas como las dictaduras militares en Latinoamérica creyeron poder “ordenar” la sociedad con métodos coactivos que ellos creían “naturales, de moral cristiana”.
Querían “regular las relaciones entre los hombres por medio de medidas autoritarias de coacción”, como cree Kelsen que “a nadie se le ocurriría”. Si, mi amigo kelsen, todavía existen los dinosaurios que dicen ser “hombres de la patria”. Tienen apellidos también: Hitler, Mussolini, Franco, Videla, Massera, Agosti, Onganía, Aramburu y muchos más…
“Justicia es legalidad”, dijo Kelsen. También existe la legalidad injusta, mi amigo. Y le sirvo un chopp de birra al amigo kelsen que es austríaco y debe chupar cerveza que da calambre.
Le pregunto en secreto: ¿la objetividad existe? Si son los sujetos los que hablan sobre un tema determinado. Si somos los hombres los que juzgamos desde la más íntima entraña. Si fueron hombres los que inventaron las leyes que se aplican según los intereses coyunturales. Si el derecho es un producto social indiscutiblemente humano, ¿Dónde está la objetividad de un ser humano? ¿por qué el ser humano se tiene que adaptar a un sistema de leyes y no el sistema de leyes al ser humano? Cuando una teoría no encaja con una realidad, no hay nada más absurdo que insistir con la idea de aplicarla. La teoría , ¿no debería ser producto de la praxis misma? Una última pregunta: entonces ¿por qué elegimos adoptar leyes que no tienen nada que ver con nuestra cultura?
Cuando dejé de mirar al cielo lo miro a kelsen. Ya se había dormido. Pensé  : pobre, no lo quise ahogar con tantas lagunas jurídicas. Las lagunas se convirtieron en océanos. Kelsen se ahogó y me di cuenta de que lo había matado. Yo me fui en un cachito de madera que quedó flotando en medio del océano que generaron mis dudas. Fui en busca de otros horizontes por explorar.

miércoles, 26 de enero de 2011

SEAMOS REALISTAS PIDAMOS LO IMPOSIBLE

Terminé el libro de Mariano Grondona. La Corrupción. Se puede decir que en lo poco que coincido con sus puntos de vista es en que termine (no el libro, sino la corrupción; en realidad ahora que lo dudo, no sé). No coincido con los métodos que él propone. Habla de “eliminación”. Usa terminologías tales como “erradicación”. Trata el problema cual si fuera un virus que hay que extirparle al cpu. Como un Alien metido en el cuerpo de un pobre tipo. Tales maneras de solucionar las cosas me recuerdan a los años ´70 cuando el virus pasaba por el pensar. Distinto. Me recuerda a aquellas épocas que no tuve la desgracia de vivirlo como militante, sino como un mero personaje que recién abría los ojos al mundo. Pero tuve la suerte de instruirme y leer sobre aquellas agonías del pensamiento. Épocas en que la masa era “bruta, temerosa, salvaje”. La era que Ortega y Gasset llamó “La Rebelión de las Masas”, cuando se estaba más cerca de Orwell y su Rebelión en la Granja.
En fin, no estoy muy de acuerdo con darle un fin a los problemas. Con ese criterio la humanidad entera se extinguiría. Nos empezaríamos a ver como problemas a nuestra propia existencia y le daríamos la razón al señor Hobbes cuando nos decía que “el hombre es el lobo del hombre”. ¿Por qué?
Ernesto Guevara, el Che, dijo un día al ser consultado varias veces por distintos problemas por los que atravesaba la revolución cubana: “un mundo sin problemas es un mundo muerto”.
Sin perjuicio de la lejanía y cercanía de ese contexto económico-político-social en que atravesaba Cuba, la corrupción es uno de esos problemas que atraviesa al mundo. Sería adecuado (término poco feliz, aunque creo que si un término alcanza la felicidad, sería una preocupación para el ser humano y los estudios de Freud acerca de ese fenómeno inalcanzable) darle el tratamiento que se merece, profundizar sobre el tema, sin maletines por debajo de la mesa, pero nunca nunca buscar soluciones extremas como deja asentado en su libro el dr. Grondona, cuyo análisis no deja de ser válido. Me parece que hay que darle el tiempo que se merece. Tanto a la corrupción como al dr. Grondona.
Se sabe que la justicia es lenta. O por lo menos es una frase trillada que no deja de ser sacada de la realidad. Si es lenta, necesariamente tendrá que ser segura. Si no es así es sumamente ineficaz. El sistema no funciona nunca correctamente en una cultura diferente a los países de donde provino. En este caso, nos referimos al sistema judicial, con tanta legislación adoptada, nunca adaptada a una cultura tan distinta como la nuestra.
Pero en fin, la corrupción es un tema complejo que no se resuelve de la noche a la mañana saliendo a ametrallar a los corruptos por robarse lo que es público. La sanción a los corruptos no tiene que ser balas. Para eso vino la ley. A reemplazar las balas. ¿Y si el hombre de la bolsa tampoco quiere tomar la sopa?, pregunta Les Luthiers. O sea… ¿y si el que hace la ley tiene la misma faceta que el que la corrompe? ¿Y si el policía que te tiene que cuidar es el mismo que te manda a los pungas a afanarte dejando la zona libre para que lo haga? ¿Y si el que lucha para combatir la falopa es el mismo que el que te la vende? ¿Y si el mismo que te juzga por un delito de aborto es el mismo que le pagó un aborto a su hija que quedo embarazada desde muy temprana edad y lo quiso ocultar por vergüenza social? Leyes; ¿quién las hace? ¿Quién las respeta? Son adecuadas a una realidad social como para que no dé pie a actos de corrupción? De todo esto es lo que no habla el dr. Grondona en su libro de título tan abarcativo como La Corrupción.
La denuncia. Otra etapa que intenta dar fin al acto de corrupción pero termina dando fin a su vida. Ejemplos históricos dan cuenta de ello. Los grandes de la historia que llevaban esa idea de cambio en la sangre terminaron como Mariano Moreno, envenenado en alta mar, por alguien de su propio gobierno del que formaba parte en la Primera Junta. Moreno molestaba mucho a Cornelio Saavedra y éste se lo sacó de encima. No sólo que lo mandó a una misión al exterior, sino que lo hizo envenenar por uno de los tripulantes. El cuerpo nunca tuvo la autopsia correspondiente porque, envuelto en una bandera de Gran Bretaña (ironías del destino)  arrojan el cuerpo en altamar. Días antes de su muerte, el amor de su vida, Guadalupe Cuenca, recibe en su casa un cofrecito con atuendos negros representando el futuro luto. Saavedra atinó a decir que hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego.
Y así terminaron tantas denuncias que jodían el engranaje que hace que funque una corrupción sin límites.
Es difícil cuando los denunciantes son muchos. Es más jodido de controlar. Por eso conviene la idiocia masiva con programas de televisión que generen conflictos, con cada maquinita que ayude a la falta de comunicación entre cada uno de nosotros. Porque es peligroso que nos comuniquemos. Que nos juntemos. Cuando esta masa de gente se moviliza no hay armas que la detenga. La cuestión es que las amenazas, los secuestros, las extorsiones que vivió el país y el mundo construyeron obstáculos que las personas deben sortear para participar de la vida política y económica de su país.
En un país donde corrió tanta sangre. Tantas voces acalladas a palazos y a balazos, es difícil volver a confiar. Pero no imposible. Y si así es, “seamos realistas, pidamos lo imposible”. 25/02/2004.- 17 hs.
Esta frase la escuché por primera vez de boca del periodista Juan Castro en su programa Kaos. La decía cuando finalizaba. Mi homenaje para él que falleció el 5 de marzo de 2004; se suicidó tirándose del balcón. Eso creemos.-      

viernes, 14 de enero de 2011

PROBLEMAS

 Leo el diario del domingo para ver como no están las cosas. O cómo te las quieren contar. Se que están mal. O no muy bien. O para el tujes si se quiere, pero hay gente que trata de inventarse un mundo ficticio de bienestar, evadiéndose de las cosas que le pegan en lo más profundo de su sensibilidad.
La cuestión ficticia. La necesidad de lo ficto de la pura realidad es encarar las cosas con energía y vitalidad y suponer que los problemas que se puedan suscitar en la vida son arreglables, solucionables, con una mera invención de bienestar personal. Ficticia.
Ojo que no es una cuestión maniquea de ver si está bien o está mal. Es una manera de sobrevivir a lo mejor. De encarar los quilombos. Para arreglar algo tenés que estar bien por dentro. Riñones, pulmones, intestinos en su lugar. Cabeza, sobre todo cabeza. Cerebro. Que por la tele se fue de vacaciones.
Por lo tanto, uno se la tiene que creer. Que vas a poder. Y para creer es necesario confiar en uno mismo, para que el problema, sea cual fuere, no te termine de derrumbar. Bucay acaba de lanzar un lagrimón cuando leyó esto.
Suena muy idiota. Y no sólo suena sino que ontológicamente lo es. Pero es esta idiotez la que te hace adaptarte, ser darwinianamente más fuerte a la hora de encarar algo que te aqueja.  Y te aferrás al primer dios que se te cruza por la calle. La fe. Ese objeto que también se hizo visor del mercado. Lucro y fe.
En fin, la fe puede basarse en un dios que tiene que ver con uno mismo también. Al fin y al cabo, Narciso murió de eso. Parece que se adelantó al superhombre nietzscheano (¿se escribirá así?) que abunda en los gimnasios de la posmodernidad.
La realidad te presenta un sinfín de obstáculos. “Algunos más otros menos, tenemos agujeros”, canta Flavio Cianciarulo en una canción. Que da en uno y su entorno cómo los sortea.
Por supuesto que hay una marcada diferencia en quien padece hambre, falta de un techo, de una vivienda digna (como garantiza la Constitución Nacional), etc. Aquella gente está con dificultades serias para conllevar este tipo de mentalidad repleta de idiocia social adaptativa. Nadie puede juzgar algo que no vive. Y se juzga. Y se prejuzga, para peor. Porque quienes lo hacen nunca han estado en su situación. Sin embargo, parte de esa gente, increíblemente, todavía ostenta fe. Sin ella, morirían. Tienen fe que un día van a tener otra vida. Más digna. Que todo ser humano se merece tener. Pero otra parte de los mismos, han perdido todo atisbo de esperanza, desdiciendo el “más largo que esperanza de pobre”. Para algunos de ellos, la esperanza duró lo que esa persona tardó en tener las vivencias que tuvo para hoy no tener nada que perder.
Che, qué problemas teníamos nosotros? Problemas? Jaja.-  
AGU 16/2/04

martes, 11 de enero de 2011

DE SUEÑOS QUE SUEÑAN DELITOS Y CEROOCHOS

Soñé algo. Parece una película de acción. Resulta que me encontraba con uno de mis hermanos en la facultad de medicina. En la terraza, más precisamente. Cuando bajamos, nos encontramos un auto. Estaba abierto. En el afán de afanarlo, lo entro a empujar para ponerlo en marcha. Y me voy.
Los sueños son así. De un momento a otro, te encontrás en una escena y después en otra en milésimas de segundo. La cuestión es que me encuentro manejando el auto y freno en un boliche bailable. Me quedo ahí observando la gente. Empiezo a recorrerlo lentamente y cada persona que me miraba ostentaba pupilas cómplices. Como sabiendo de mi delito reciente.
¡Ah!, el auto lo había robado con mi hermano menor. Estaba conmigo porque yo lo estaba por llevar a mi casa. Y, para no esperar más en la puerta de la facultad donde él estudiaba, nos robamos el auto. Inocente pasatiempo el nuestro. Esa fue la causa del móvil criminal. Móvil, por lo de auto y móvil por la construcción del tipo subjetivo para aquellos penalistas que nos quieran acusar. O defender.

Pero volvamos a las miradas cómplices. Esas miradas sabiondas generaban aún más paranoia que la común (cuando una persona hace algo que sabe que está en falta). Moría por saber de quién era el auto pero no había ningún indicio que como todo indicio me indique la propiedad del automotor. Aunque es difícil encontrar un 08 en un sueño. Es jodido encontrarlo en un dueño en tierra firme; digamos que es un sueño encontrar un 08. Bueno, no importa.
De un momento para otro, alguien atraviesa una puerta que da a una escalera y se me viene al humo, o sea, corriendo hacia mí. Yo lo veo y atino a pegarle y empujarlo para así correr. Para esto, mi hermano, que iba adelante mío corriendo, llevaba una cartera.  En ese desagradable trajín, meto la mano en la cartera y extraigo un documento y un arma. No era el 08. Igual todavía no lo había mirado, porque mientras iba corriendo no me podía fijar si era un 08.
 El tema es que volví a meter el documento en la cartera, pero el revólver lo empiezo a usar. Como se usa un revolver? Disparando, no? Sí, se arma un tiroteo adentro del boliche. Veo que el pibe que me seguía me empieza a acorralar con los tiros, debido a mi falta de experiencia armamentística. De pronto, veo que un primo mío se le tira encima y en una lucha desigual, mi primo termina acribillado. Ah, la mierda!! Quien es este chabón? Me entro a preguntar.
Obviamente, y gracias a la vida y a la muerte de mi primo, logro escapar. Me voy con el auto. Todos me disparan. Y yo no me quedo atrás. Respondo a los disparos y voy a gran velocidad en el coche ajeno. No estaba acostumbrado a disparar, a manejar, menos a esa velocidad, y un auto robado!!
Voy matando a quien me quiere eliminar. Llego a mi casa, me bajo, entro a un pasillo y siento detrás de mí una seguidilla de balas antes de llegar a la puerta de mi casa.
Veo que alguien se acerca: mi hermano. Siento que la policía se me viene encima de a poco. Pero el ruido va al revés. De más intenso a más suave. Me hermano me tiende la mano alcanzándome los documentos que yo había metido sin mirar en la cartera. Le digo: - ¿qué querés que haga ahora con esto, boludo? Nos está siguiendo la cana. – Qué se yo- me dice- por lo menos, fijate de quién era.
Yo, como puedo (estábamos escondidos adentro de un placard grande) abro el documento y veo la cara de mi primo. El mismo que me salvó en el boliche. Automáticamente, pensé: “qué locura, robarle el auto a alguien tan cercano y que él mismo te salve de un crimen que cometiste contra él”.-
Desperté. Si digo que sobresaltado, miento. Demasiado le agregué a este sueño ya. Porque desperté en otro sueño. Y esto fue lo paradójico. Despertar de un sueño, estando inserto en otro. Me encontré contando este sueño. Y seguramente, agregándole cosas que no pasaron. Porque las soñé.

miércoles, 5 de enero de 2011

LA NECESARIEDAD DEL ARTISTA.-

A menudo los artistas son aquellas personas que expresan lo que la sociedad en su conjunto de antigrupo no puede expresar o no quiere expresar porque no le conviene. Realizar un juego en el cual se imaginan un mundo ficticio, basado en la realidad. O se imaginan una realidad basada en la ficción.
De todos modos, son necesarios. Si, la necesariedad estriba en las dificultades del decir. Por censuras, miedos y otras tantas cuestiones absurdamente importantes que hace que uno calle; no se, pérdida del empleo, de un interés económico, etc.
Los artistas deben decir. De distintas formas. Deben plasmar una metáfora de la realidad o una realidad metafórica tal, en la que se exprese el silencio de los que callan.
Si hay algo que el artista no calla es una serie de episodios atroces que frecuentemente azotan la tierra en la que todos vivimos y con la cual , quien es visto como un loco, se ve destinado a mostrar.
Quien no cumple con el mandato de artista es el mero operario del engranaje en el que se ve inmerso y esta dispuesto a obedecer, al no ver problema real alguno que implique una transformación desde el arte mismo. Su obra es de una funcionalidad tal que desconoce una realidad y colabora con su obsecuente reproducción.
Son meros señores que se dedican a cantar odas a la alegría y a la felicidad, que pintan un mundo  tan perfecto que asusta.
Sin perjuicio de esta clase de pseudoartistas ( o con perjuicio, porque la bondad que emana de ellos resulta nociva), la conditio sine quanon de la ontología del artista es esa manera de expresar, que sólo asisten a los creadores en su más profunda angustia, desolación, esa daga inundada en el pecho que para sacarla requiere de un esfuerzo catártico desde la inmovilidad aterradora que provocan los sucesos de la realidad que ametrallan como falshes en medio de la alfombra roja de la entrega de los oscares.
Ellos van más allá de la fría y tan irracional razón. Tan lejos de los trámites burocráticos y atisbo de traición  oficinesca, en busca de un ascenso. Van más allá. Mucho más lejos. Superan con creces toda imbecilidad disfrazada de coherencia. Crean, inventan un camino. Eso es lo que hace un artista. Inventar un camino. Mirar las cosas de otra manera. Crear otro tipo de fusión. Reflexionar de lo que no se quiere hablar.
Quien quiere oir que oiga y no hay mas ciego que el que no quiere ver son frases candentes en la mente de un artista. Nos devuelven la vista, como aquel Cristo que curó la vista del ciego de los que pedían ver. El Cristo médico y artista que repartía panes y peces entre los pobres. El Cristo médico, artista y …bueno, pienselo. Como pésimo artista, prefiero callar para no herir susceptibilidades religiosas.
Artistas. Racionalidad. Razón artística. Artista razonable. Nada más lejos que esa estupidez. Nada más lejos para el artista que parecer razonable. Que es un mero instrumento. Como la técnica. Quien espera la racionalidad del artista está más loco que la locura misma del artista.
El artista no es razonable. Transige lo intransigible. Penetra lo impenetrable. Atraviesa, molesta, incomoda lo estático porque mueve, transforma, conmueve. Eso lo hace único y esencialmente artista.-  

LOS CIENTIFICOS

Cada vez que alguien nombra a un científico imaginamos a esos tipos de lentes y meticulosos. Sin embargo, aveces no. Imaginamos gente anormal. Que no sale a la calle ni a comprar un kilo de carne. Por que?
Quizá alguno salga a ver qué ocurre en la realidad caótica que lo circunda. De alguna manera, eso que hacen, investigan,, miden , etc, se aplica a esa realidad. Por ende, que bueno sería tener una visual de la praxis donde se concretan esas teorías, o no.
Digo “o no”, porque con frecuencia esa realidad (amplia superadora de la teoría) no condice con la teoría. Eso es lo que acontece con el mundo que, demás está decirlo, es demasiado dinámico para enfrascarlo en teorías que servirían de momento.
Si hay algo que la realidad ostenta es dinamismo. La esfera da vueltas y vueltas de una manera antes impensada. La gente corre como loca en virtud del time is Money y vivimos como locos agolpándonos los unos a los otros, parafraseando un darwinismo social augurado por quien lleva el nombre de dicha corriente, en una carrera para ver quien es el más fuerte. Violencia, intolerancia, miseria espiritual, competencia nunca sana , como la envidia son algunos de los caracteres más sutiles de lo que siente cada eslabón de esta cadena de la que formamos parte.
Y así vamos odiándonos lentamente. Nos vamos aislando. Y se tira por la borda la historia infantil que supo contar Jean Jacques Rousseau. Esa cuyo protagonista principal es la bondad espontánea del hombre. Y en virtud de esa bondad, la confección de un contrato social que asegure su bienestar.
Aquí entran en juego esta gente loca que ven las cosas de otra manera y que por eso son marginados, vapuleados históricamente por diversas religiones, asesinados con cruces clavadas en los pechos, símbolo del poderío económico que nunca quiere develar verdades contrarias a sus intereses e históricamente se han planteado tapar el sol con las manos.
Está claro que la economía determine la vida de las personas. Les hace llevar a cabo distintas acciones que nunca desearían realizar  y les queman las neuronas idiotizando a los adaptados al sistema de la división del trabajo.
Algunos científicos alertan con temor sobre estas desavenencias del hombre, no ya del destino (como quieren echar culpa sus partidarios, los destinatarios). Los tipos joden. Descubren verdades y rompen las pelotas con difundir la sabiduría a la gente. Esto no le conviene a ninguna clase de poder, porque es peligroso que la gente sepa cual es su posición social y que es lo que reproduce día a día, a que contribuye, que es lo que aporta para que todo mejore. La sabiduría popular es un arma peligrosa. Porque el que sabe quiere participar, como lo fomenta el mismo sostén del capitalismo: la mismísima democracia. Por eso la sabiduría popular es diluida, desviada, distraída con todo tipo de medios de los que se vale el poder para menguar o mermar la participación. Medios de comunicación, todo tipo de fármacos, alcohol, drogas, sexo, todo en forma de ametrallamiento informativo en forma de flashes noticiosos que no de tiempo a pensar, a reflexionar, a sentarse a leer un libro hasta el final.
Estos científicos son los locos. Y los llamo científicos porque ellos se dedican, de alguna manera, a develar una verdad. Algunos financiados por el poder viven en el silencio. Otros desaparecidos, muertos en la hoguera tiempo atrás , encerrados en un loquero, rechazaron esa coima financista que mantiene engañada a la sociedad, de la mano de la tele y otros medios.
Pero hay algo que no se puede frenar. El viento; La Tierra, por más lastimada que esté; el fuego, el agua. Donde hubo fuego , cenizas quedan; y e viento, imparable, huracanado se encargará de diseminar.-

CHEJOV, EL DISTINTO


La reflexión pasa por un personaje de la obra de Anton Chejov. Tío Vania. El tipo es melancólico; guarda cierta melancolía con la vida. Una vida monótona, atada a una rutina circular de una vida fría, rusa. De la Rusia anterior a 1917.
Tio vania trabaja para el profesor Serebriakov. En un momento, lo admiraba,  hasta que a este se le ocurre vender la finca que había heredado  Vania. Este lo quiere matar y fracasa. Pero ese odio estaba disfrazado de un amor que Vania sentía por Helena, la esposa de Serebriakov. Helena, por otra parte, estaba enamorada del médico que visitaba la finca cuando Serebriakov estaba ausente. Oh casualidad!
Historias de rusos. Cínico, irónico. Situaciones que se suscitan tras un velo de tranquilidad símil a un río en un día tranquilo, donde en la superficie no se vislumbra ningún tipo de dinamismo pero quien se tira a nadar se encuentra con el fondo en medio de una revolución y difícilmente puede salir. Generalmente, termina devolviéndolo la misma correntada, pero ya echo cadáver.
Estas son las sutiles historias de Chejov, donde no pasa nada, pasa de todo, fiel al espíritu hegeliano donde las cosas son y no son allmismo tiempo.
Y así fue Rusia en su momento . 1917fue un año crucial en la economía rusa. Estalló una tremanda revolución que se venía gestando en razón de la miseria que vivía su pueblo bajo el régimen zarista y posteriormente, al gobierno cuasi democrático de la estadía porvisional de Kerensky.
Hasta que llegó Lenin, que dio origen a la revolución comunista que impregnó una impronta en la historia del mundo del siglo XX.
Chejov era dramaturgo y cuentista ruso, nacido el 17 de enero de 1860 en Tagarog (Crimea). Era médico de profesión y en casi todos su cuentos y obras teatrales figura un personaje con dicha vocación.
Se publicó Platonov después de su muerte. Era su primera obra.
Stanislavski no lo entendía en un primer momento. Se contactó con él (no existía el mail todavía) y empezó a entender que a Chejov “le gustaba mirar cómo nos maquillábamos. Entraba a los camarines antes del espectáculo, se sentaba callado y se concentraba mirándonos. Y cuando alguna línea modificaba la cara del actor acercándolo al personaje, se alegraba de golpe y rompía a reir a carcajadas con su voz de barítono”.
Supo definir al teatro como una “amante sofisticada, ruidosa, insolente y agotadora” .
Estaba enfermo de tuberculosis y tocaba la enfermedad en diversas obras. Fallece en Alemania en 1904, sin poder vivir una época de explosión en la economía y la política rusa, que él supo conseguir en el plano teatral y cuya profecía esbozaba la quietud de sus obras. Algo estaba por ocurrir. Trece años después la sociedad vio a Chejov en las calles, aunque muerto físicamente, vivo por haberlo contado.

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